La muerte es espectáculo social e ideológico, pero es hueco, dice historiador

  • La muerte en cualquier sociedad antigua o actual es un espectáculo social e ideológico para esconder un interés y una esperanza que no llevan a ningún lado porque se trata de un acto social hueco, afirmó hoy a Efe el historiador Vicente Llull, profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB).

Lima, 29 oct.- La muerte en cualquier sociedad antigua o actual es un espectáculo social e ideológico para esconder un interés y una esperanza que no llevan a ningún lado porque se trata de un acto social hueco, afirmó hoy a Efe el historiador Vicente Llull, profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB).

Llull participó hoy en Lima en la inauguración de las jornadas de "Perú Mágico III: cosmovisión y arqueología de la muerte", que organiza el Centro Cultural de España con la presencia de algunos de los principales arqueólogos de las antiguas sociedades del Perú, como el director del Museo Tumbas Reales de Sipán, Walter Alva.

También participarán la conservadora de las Colecciones Extraeuropeas y Artísticas del Castello Sforzesco, Carolina Orsini, y el director del proyecto Nasca del Centro italiano Studi e Ricerche Archeologiche Precolombiane, Giuseppe Orefici, entre otros.

Según Llull, en todas las sociedades la muerte actúa como "una cortina de humo" tras la que no hay nada más allá de una posición trascendente del que conduce el acto funerario, que gracias a "un vínculo religioso generalmente, pretende ir más allá de la vida misma y ofrecer otra vida futura".

"Los oficiantes, ya sea un sanador o un curandero, transmiten el paso a la otra vida y las personas que asisten al espectáculo lo admiran como algo trascendente. Esta persona se convierte en quien dirige la vida, pero no la del muerto, sino la del vivo", añadió.

A juicio del profesor catalán, la religión se aprovecha de lo desconocido de la muerte porque "tiene el monopolio de la metafísica trascendental y pretende hablar de lo indecible, impredecible y nunca demostrable, por lo que la muerte se presta muy bien a ello".

Además, las ceremonias funerarias son para el profesor Llull "una prueba del comportamiento reaccionario de la gente que oficia la vida", ya que mantienen el statu quo anterior a la muerte y "atan las cosas como eran antes".

Y ese control existe por parte de los órganos dirigentes de la sociedad aunque los comportamientos individuales pudieran hacer creer lo contrario.

"En una sociedad de la edad del bronce antiguo que estudio de manera directa en la península ibérica se enterraba a los ancestros en el espacio del hogar. Así parecía que la muerte se limitaba a una cuestión privada, pero todos seguían unas pautas impuestas por un elemento supradoméstico", explicó.

Respecto a las reacciones que suscita la muerte, Vicente Llull recordó que "abarca una amplia horquilla, desde el dolor hasta la alegría máxima, pero a lo que el espectáculo de la muerte le interesa es unificar todo ese rango de emociones en un mismo sentimiento", que se reduce a compartir el pésame.

Así Llull aseguró que los sacrificios no son más que "demostraciones de la impotencia por nuestra ignorancia del mundo y por salvarnos de la muerte, ya que el objetivo de la humanidad es no morir, y la ciencia se encamina a ello todo el rato".

"Hay tres aspectos fundamentales en cualquier sociedad: el tratamiento social del sexo y el de la muerte, y la violencia, que está entre uno y otro, porque las relaciones sociales no son más que el reflejo social de las relaciones sexuales, y si se coartan se cae en la violencia, y de ahí todo lleva a la muerte", aseguró.

Vicente Llull afirmó que nuestra sociedad actual es "patológicamente enferma por ser intolerante al comportamiento libre del sexo al generar una moral estúpida que finalmente lleva a una violencia que desemboca ineludiblemente en la muerte".

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