Los "Niños Perdidos" de Sudán vuelven a casa

  • Más de 27.000 menores fueron separados de sus padres durante la segunda guerra civil de Sudán, ocurrida entre 1983 y 2005. Algunos lucharon como niños soldado, muchos de ellos escaparon de la guerra y del hambre y vivieron en campos de refugiados en Kenia durante 10 años. Otros acabaron en Estados Unidos y otros países gracias a la ayuda internacional. Ahora los llamados "Niños Perdidos" están empezando a volver al sur de su país para ayudar a su desarrollo.
Maureen Sieh | GlobalPost

(Duk Payuel, Sudán del Sur). Cuando Alang Majok se puso de parto, consiguió que alguien la llevara en coche durante dos horas a través de la selva africana hasta la Clínica Duk de los Niños Perdidos. Samuel Juma Malual, empleado de la clínica, oyó un golpe en la puerta de su casa de adobe a la una de la mañana y se levantó. Majok, de 16 años, pasó ocho horas en la clínica hasta dar a luz a una niña de 6 libras en diciembre pasado.

“La gente sabe dónde duermo y me despiertan cada vez”, afirma Malual, de 39 años, un ex niño soldado de Sudán que regresó a su pueblo en 2007.La clínica de salud es una de las iniciativas de un grupo de antiguos Niños Perdidos que regresaron al sur de Sudán para construir escuelas, pozos y ofrecer asistencia médica.

Unos cuatro mil de estos niños fueron “reubicados” en comunidades en Estados Unidos. Ahora, algunos de esos niños han regresado para ayudar a reconstruir el país con ayuda de los norteamericanos, impulsados por su propia historia de supervivencia y perseverancia. Para recaudar dinero, vendieron camisetas en escuelas estadounidenses; las congregaciones religiosas organizaron cenas italianas y varios doctores y profesores aportaron tiempo y dinero.

En esta zona de Sudán, es más probable que una mujer muera mientras da a luz a que aprenda a leer y escribir. El personal sanitario especializado sólo participa en el 10 por ciento de los partos.

Esto fue lo que llevó a John Bul Dau a abrir la Clínica Duk: ofrecer un lugar seguro donde las mujeres pudieran dar a luz.Dau, de 36 años, es uno de los tres “Niños Perdidos” de la película “God Grew Tired of Us” (“Dios se ha cansado de nosotros”). Construyó la clínica en 2007 gracias a la ayuda de la Iglesia Presbiteriana Skaneateles, una congregación del estado de Nueva York que le había reubicado a él y a otros cuatro niños en 2001. El filme y la autobiografía de Dau ayudaron a recaudar cerca de 2 millones de dólares (1, 5 millones de euros) para el centro médico.

Gracias a la tecnología, la clínica funciona en una zona remota, desértica, sin teléfono ni electricidad. Los paneles solares aportan la energía para la nevera donde están las vacunas y una antena parabólica ofrece internet de alta velocidad para que la clínica pueda comunicarse con dos doctores de Siracusa (EEUU) a través de Skype cuando hay casos difíciles.

La guerra acabó en 2005, pero el desarrollo ha sido escaso en esta región de más de 10 millones de habitantes. Los conflictos entre las diferentes etnias complican el trabajo de las 130 ONG presentes, que no pueden llegar a la zona donde se ha iniciado la reconstrucción. La zona es rica en petróleo, pero también es una de las menos desarrolladas del mundo.

Los ex Niños Perdidos se muestran motivados debido a las injusticias que vieron cuando eran niños.Aprendieron a leer y escribir en improvisadas escuelas en los campamentos de refugiados y fueron testigos de la muerte de sus amigos por enfermedades que nadie trató.

“Estuvieron en Etiopía, Kenia y EEUU y se les abrían los ojos al ver que las cosas estaban mal en el sur de Sudán”, explica Franco Majok, de 47 años y refugiado sudanés que construyó una escuela en Wunlang, su pueblo natal. “Cuando se firmó la paz, regresaron y se dieron cuenta de que el Gobierno no actuaba con rapidez para desarrollar la zona”.

Majok, que ayudó a reubicar a niños sudaneses en el área de Boston, creó la Village Help for South Sudan (Villa Esperanza para el Sur de Sudán) para mejorar las cosas en Wunlang. También levantó una clínica y abrió un orfanato. Fue él quien convenció a Angelo Kiir, un ex Niño Perdido que vivía en Siracusa, para que trabajaran juntos. El año pasado, Kiir dejó su trabajo de auxiliar de enfermería en el Hospital Saint Joseph de Siracusa y regresó.

Kiir perdió a dos de sus hermanos debido a la falta de atención médica. Su hermano de 19 años murió de diarrea después de beber agua contaminada y su hermana de 18 años murió mientras daba a luz.“La gente muere y sufre”, afirma Kiir, de 28 años y director de Villa Esperanza. “Por eso estoy aquí’.

Ahora Kiir fabrica ladrillos para una futura clínica de salud. Hace dos años, el proyecto de Villa Esperanza construyó salas de clase en una escuela de Wunlang: 600 alumnos han dejado de dar clase bajo los árboles.

Dau sabía que la guerra acabaría algún día y por eso quería estar preparado. Comenzó a trabajar en la clínica en el 2004.Desde su inauguración, ha atendido a más de 28.000 pacientes. Ha traído al mundo más de 250 bebés, ha vacunado más de 3.000 niños y ha ofrecido cuidado prenatal a más de 450 embarazadas. En enero, la clínica Duk realizó su primera transfusión de sangre.

En abril, Sudán celebrará sus primeras elecciones democráticas en 24 años, pero la mayoría de la población del sur del país está más preocupada por la votación de enero de 2011 para obtener la independencia.

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