Miércoles, 22.11.2017 - 16:14 h

La historia del cura que pone contra las cuerdas a los poderosos en su lucha contra los abusos de la industria azucarera (2/2)

(Página 2 de 2).

Los trabajadores y habitantes de los cañaverales de azúcar tienen que tomar el mismo agua que los bueyes

<< ANTERIOR 1 | 2

El cañaveral es como un campo de concentración del que los explotados trabajadores –haitianos sin documentación- no pueden salir. ¿A dónde irían sin papeles? Además, antes de que llegara el Padre Christopher, solo cobraban en vales "de Monopoly" que servían para conseguir algo de comida en la tienda de los propios dueños de la plantación. Ahora al menos reciben dinero de verdad durante la época de la cosecha. Fuera de ella, siguen teniendo que apañarse con ese dinero de juguete, cuenta a este periódico Joana Socías, que visitó los bateyes dominicanos en 2012.

Cuenta el Padre Christopher que los habitantes de los bateyes se fueron movilizando poco a poco con su ayuda y la de la abogada Noemí Méndez, que sigue al pie del cañón trabajando en la distancia con el sacerdote. Ella desde los bateyes, él desde Gode, en Etiopía.

"Yo fui ayudándoles en la medida en la que vencí mi propio miedo. No era el Batman que llegó al batey; tuve que hacer el mismo proceso que ellos", dice Christopher Hartley Sartorius con sincera modestia. Asegura que ahora han conseguido que entiendan el concepto de justicia: "No se quejaban porque no tenían conciencia de sus derechos... y yo tampoco, porque a mí nunca me habían violado un derecho".

El niño rico convertido en sacerdote de los pobres también cuenta orgulloso que en los últimos años han logrado erradicar casi por completo el trabajo infantil, ya no hay tráfico de personas para trabajar en el batey y en vez de barracones han construido viviendas nuevas algo más dignas.

"Yo no soy el único, ni el primero ni el mejor", aclara, antes de enumerar una lista de periodistas, sacerdotes y activistas que también han luchado por los derechos de estos esclavos del siglo XXI.

El Padre Christopher bebe el café sin azúcar. "Sabe mejor así", asegura, y aconseja leer el libro Azúcar Amargo, de Maurice Lemoine. Ahora está entregado a su gente en Etiopía, pero su corazón continúa en la República Dominicana. "Yo vivo en Etiopía porque no puedo vivir en la República Dominicana, me siento un exiliado. [Esas personas] no han sido "beneficiarios" como dicen las ONG, yo he trabajado con personas cuyas penas he escuchado y que son mis amigos", confiesa.

Recientemente envió un informe a la Unión Europea para tratar de evitar que cierren acuerdos azucareros inapropiados con el país caribeño. De momento, explica, los Veintisiete prácticamente no importan azúcar de allí, pues existen subvenciones a los productores europeos.

Esclavitud del siglo XXI

A pesar de las mejoras en los bateyes, el futuro sigue siendo incierto y las condiciones laborales pésimas (110 pesos –poco más de 2 euros- por tonelada de caña cortada y registrada). Sus padres siguen estando sometidos a condiciones que tanto Socías como Hartley Sartorius coinciden en calificar de esclavitud.

"Sí, esclavitud. Pero con la matización de que la gente no tenga en la cabeza al negrito con taparrabos. Es gente que nace, vive y muere aterrorizada, sin acceso al estado de derecho. Eso le puede pasar a un inmigrante aquí en España, pero no es tan clamoroso como para un documental", apunta el cura.

"No pueden moverse libremente. Ni siquiera está unificado lo que se paga. Es muy arbitrario, funciona a discreción. [Y] dentro de los bateyes hay dos o tres escuelitas hasta 6º de primaria, pero no es una alternativa real", añade la periodista. "A pesar de que se hayan construido viviendas nuevas, siempre de forma residual, la situación de las viviendas de los trabajadores sigue siendo de infravivienda".

Después de conocer la miseria en su esencia más absoluta y seguir experimentándola día a día en las dificultades de sus feligreses y vecinos etíopes, el Padre Christopher sigue creyendo en Dios con la "confianza inquebrantable de un niño". ¿Y en el ser humano? "Yo en el ser humano nunca he tenido demasiada confianza, porque me conozco y sé de lo que soy capaz. El ser humano es capaz de las mayores grandezas y las mayores atrocidades".<< ANTERIOR 1 | 2

Ahora en portada

Comentarios