Domingo, 24.03.2019 - 17:43 h

Las 65 mujeres que ya no podrán ser reinas de Suazilandia

  • Las muchachas fallecieron en un accidente de tráfico cuando viajaban en un camión hacia la capital, donde iban a participar en la ceremonia anual en la que el reyMswati III elige nueva esposa.
  • El último monarca absolutista que queda en el mundo, su fortuna está estimada en unos 200 millones de dólares, mientras su pueblo hace frente a la tasa de sida más alta del mundo.
'La danza del junco' o 'Umhlanga' es el baile tradicional de Suazilandia, en el cual el monarca elige esposa

'La danza del junco' o 'Umhlanga' es el baile tradicional suazi que miles de mujeres realizan al menos una vez en su vida ante el sátrapa Mswati III, monarca del pequeño reino de Suazilandia, y último rey absolutista del mundo. En ella, las jóvenes, ataviadas bajo concupiscentes atuendos, muestran al tirano del país donde el sida, la pobreza y la tuberculosis campan a sus anchas, su 'disponibilidad'.

La edición de este año viene ensombrecida por la muerte de al menos 65 muchachas en un accidente de tráfico cuando se dirigían en un camión hacia Mbabane, la capital, donde va a tener lugar el ritual, pues no se espera que se suspenda la tan esperada ceremonia pese al luctuso acontecimiento.

La ONG Red de Solidaridad de Suazilandia ha denunciado la indiferencia de la Casa Real con respecto al accidente, que además ha sido silenciado en un país en el que no existe la libertad de prensa, además de otras violaciones de los derechos más fundamentales.El último Rey Sol

Mswati III, criado y educado en Inglaterra y en el trono desde 1986, podrá elegir a su decimoquinta mujer entre las miles que todos los años se le presentan. En 2005, se habló de que hasta 50.000 muchachas, todas ellas vírgenes, danzaron frente a él en una ceremonia que a su vez se ha convertido, no solo en un símbolo de la triste sumisión de la mujer suazi, sino también en una colorida y entusiasta atracción turística.

Suazilandia, donde ya ha quedado claro que la poligamia es legal, es el cortijo particular de Mswati III, quien gobierna por decreto y ajeno al sufrimiento de sus subditos, como demuestra su ostentoso y opulento estilo de vida, se estima su fortuna en unos 200 millones de dólares, pese a que el país que reina cuenta con el dudoso honor de ser el territorio con mayor índice de personas afectadas por el virus del VIH de todo el mundo.

Mientras, los viajes de sus numerosas mujeres a Europa para acudir a las más exclusivas tiendas de moda contrastan con el 70% de la población de esta antigua colonia británica que sobrevive con menos de un dólar al día.

Pero el extravagante déspota africano cuenta con otras maneras de ampliar su harén. En 2002 una sufrida madre denunció la desaparición de su joven hija de 18 años, Zena Mahlangu, quienhabía caído en las manos del ávido monarca. Huelga decir, que los tribunales le rieron la gracia aMswati III, quien en los últimos años ha llevado a cabo una operación de maquillaje democrático de las instituciones.

Un afeite de brocha gorda como demuestra esa suerte de Carta Magna que en 2005 aprobó y que él mismo incumple, imponiéndose en ocasiones una vaca como único pago a sus fechorías. Las mismas o muy parecidas a las que cometía su padre, el también polígamoSobhuza II, quien logró la independencia del Imperio Británico en 1968 y liquidó cinco años después cualquier atisbo de democratizar el regimen al abolir la Constitución y disolver el Parlamento.

Desde entonces, son ya casi 50 años de monarquía absoluta, en la que se persigue y castiga cualquier tipo de disidencia.Un sistema medieval que ahoga a la paupérrima y rural población suazi, dependiente de su vecina Sudáfrica, a quien exporta el 60% de su producción, azúcar y madera principalmente, y recibe casi el 90% de las importaciones.El reino del VIH

Suazilandia cuenta con la mayor tasa de población afectada por el sida. Alrededor del 30% de las mujeres entre 15 y 49 años padece la enfermedad, frente al 20% de los hombres. Las violaciones y el intercambio de productos de primera necesidad por favores sexuales, no hacen más que extender el virus.

Este rito de iniciación, que simboliza el paso de la infancia a la madurez, no es ajeno y durante la ceremonia se cometen numerosas violaciones, pues después del contoneo con los juncos, las muchachas, llegadas de todas partes del reino, se dispersan por la capital para continuar la festividad.

El monarca incluso llegó a decretar la prohibición de mantener relaciones sexuales durante cinco años a los menores de edad en un fútil intento por frenar las infecciones del VIH entre la población más joven. El despropósito legislativo fue violado por el propioMswati al contraer matrimonio con una doncella de 18 años, con la que evidentemente no estaba dispuesto a privarse.

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