Opinión: Las fuerzas de EEUU en Afganistán recuerdan a los invasores de la URSS que las precedieron

  • Tras las manifestaciones que han seguido a la quema del Corán en Afganistán, se esconde algo más que el rechazo a la falta de respeto hacia su libro sagrado. El mayor malestar es que el país, famoso por resistirse a los conquistadores, se está haciendo cada vez más hostil a los extranjeros.
EE.UU. continuará su estrategia en Afganistán pese a violencia por quema Corán
EE.UU. continuará su estrategia en Afganistán pese a violencia por quema Corán
HDS Greenway, Boston (EEUU) | GlobalPost

Cuando estallaron manifestaciones en Afganistán tras la quema del Corán, una reacción que se escuchó con frecuencia fue la siguiente: Después de 10 años, ¿cómo puede ser posible que haya estadounidenses en Afganistán que no sepan que la falta de respeto hacia el libro sagrado musulmán es un error?

Sin embargo, el asunto clave es la ocupación extranjera más que la quema del Corán. La falta de respeto cultural que implica la quema de lo que los musulmanes consideran la palabra de Dios no era más que la mecha.

El mayor malestar es que Afganistán, un país famoso por resistirse a los conquistadores, se está haciendo cada vez más hostil a los extranjeros.

La confianza entre los estadounidenses y sus clientes afganos está en caída libre.

Parece que cada vez que coges un periódico hay un relato de las fuerzas de seguridad afganas apuntando con sus armas al personal de la OTAN.

La violencia inspirada en la quema del Corán no se ha limitado a las zonas donde los talibanes pastunes son fuertes.

Otros grupos étnicos han participado también, lo que sugiere que la hostilidad por parte de las minorías afganas hacia los talibanes pastunes no necesariamente se traduce en tolerancia hacia la ocupación extranjera.

En un momento dado se puso de moda decir que los pesimistas "cementerios de imperios" lo habían hecho todo mal. Esta ocupación no estaba siguiendo el camino de los ingleses en el siglo XIX o de los rusos en el XX.

Esta vez, el excepcionalismo estadounidense iba a imponerse. Pero a medida que la guerra se prolonga, las fuerzas encabezadas por Estados Unidos parecen menos y menos excepcionales, y más similares a los rusos que los precedieron.

La brutalidad y la destrucción a gran escala no se han replicado, pero sí lo ha hecho la creciente hostilidad de la población en general.

Los rusos tenían la lealtad de los afganos asegurada y muchos de ellos lucharon mucho y bien después de que los ejércitos rusos se hubieran marchado. Pero con el tiempo, su posición se derrumbó al igual que sucedió con la Unión Soviétiva.

Cuando los estadounidenses llegaron por primera vez hace una década el país estaba tan postrado tras décadas de guerra, seguido por el régimen talibán, que se mostró receptivo a cualquier persona que viniese a hacer las cosas mejor.

EEUU tuvo la oportunidad de marcar realmente una diferencia permanente que la desperdició cuando la atención se giró hacia Irak y la ocupación se prolongó.

En 2003, en el Afganistán de después de la guerra, la gente afgana no se sentía bajo una ocupación.

Pero ese no es el caso hoy día.

Han sido bombardeadas demasiadas celebraciones de boda y demasiadas casas han sido allanadas por hombres que parecen soldados extranjeros, y demasiados extranjeros dicen a los afganos lo que tienen que hacer.

"MONEDA", la doctrina de la contrainsurgencia que se suponía iba a convencer a la población, realmente nunca despegó en Afganistán.

El general David Petraeus, recién llegado de sus éxitos en Irak, siempre afirmó que sabía que Afganistán era diferente. Pero alrededor de su cuartel general siempre podías escuchar que esto fue lo que funcionó en Irak y que funcionaría ahora aquí. Pero no fue así.

La gran esperanza de que de alguna manera el Ejército afgano pudiera ser preparado a tiempo para la retirada de las tropas de combate estadounidenses en 2013 siempre fue un mero sueño, así como las esperanzas de una sociedad civil libre de corrupción con los conceptos occidentales de derechos de las mujeres e instituciones democráticas.

En Irak, los estadounidenses tenían una idea muy diferente de la época post-Sadam que la que tenían los iraquíes. Éstos reconocieron la situación como lo que era: una lucha entre grupos étnicos, religiosos y tribales rivales que tenían poco que ver con el sueño neoconservador de Irak como una democracia pro-occidental de libre mercado y una luz para otras democracias.

Se puede aplicar lo mismo para Afganistán.

Esto no quiere decir que los talibanes volverán a gobernar como lo hicieron.

Afganistán ha cambiado, y ese tipo de gobierno ya no puede ser impuesto como antes. Pero sí quiere decir que serán los afganos los que tendrán que averiguar cómo serán gobernados, ni la OTAN, ni los estadounidenses ni los extranjeros.

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