Miércoles, 13.12.2017 - 17:57 h

La falta de normas para los cereales infantiles amenaza la nutrición infantil en los países de bajos ingresos

La falta de normas para los cereales infantiles amenaza la nutrición infantil en los países de bajos ingresos

El estudio, cuyos resultados se publicaron en 'Maternal & Child Nutrition', destaca cómo se necesitan servicios básicos que aseguren su calidad para mejorar la confianza en estos productos y ayudar a reducir la incidencia de la malnutrición infantil en los países de bajos ingresos.

Para los padres de todo el mundo, los cereales infantiles premezclados, también conocidos como alimentos complementarios, pueden ser una fuente vital de alimento sólido necesario para el crecimiento saludable del niño después de los seis meses de edad, cuando los niños superan los nutrientes proporcionados por la leche materna sola.

"En los países donde hemos hecho el estudio, algunos productos pueden satisfacer las necesidades de los niños, pero otros están muy por debajo de los requerimientos de macro y micronutrientes", afirma el autor del estudio William Masters, economista de alimentos y profesor de la Escuela Friedman.

"Nuestros resultados son un llamamiento a la acción para establecer y hacer cumplir estándares de calidad nutricional, lo cual ayudaría a asegurar el acceso a productos de menor costo y de mayor calidad y permitiría a los padres satisfacer las necesidades de sus bebés más fácilmente", agrega.

La malnutrición infantil es la principal causa del crecimiento atrofiado, un trastorno grave e irreversible que pone a las personas afectadas en mayor riesgo de enfermedad y muerte a lo largo de sus vidas. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los niños con crecimiento atrofiado pueden haber sufrido retraso en el desarrollo mental y tener un rendimiento escolar deficiente, lo que a su vez afecta a la productividad económica a nivel nacional.

Casi la mitad de todas las muertes en niños menores de cinco años están relacionadas con la desnutrición, que está particularmente extendida en África y Asia, según UNICEF. Con la ayuda de colaboradores de todo el mundo, Masters y sus colegas compraron y analizaron muestras de alimentos complementarios producidos localmente durante un período de seis meses en 2014, de 21 países africanos y asiáticos y de Haití, todos ellos países de ingresos bajos y medianos, según la calificación del Banco Mundial.

Cada producto fue sometido a prueba ciega sobre su contenido nutricional dentro de un mes de la compra por un laboratorio comercial independiente con sede en Estados Unidos. En promedio, los productos cumplían con los valores básicos de referencia de calorías y proteínas para alimentos complementarios publicados por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés) y la OMS.

CARENCIAS DE HIERRO, ZINC Y GRASA

Sin embargo, sólo el 15 por ciento reunió los valores de referencia en cuanto al contenido de grasa y menos del 25 por ciento cumplió con los estándares de hierro y zinc; dos nutrientes esenciales que no están presentes en niveles suficientes en la leche materna para el crecimiento saludable de los niños después de los seis meses de edad, el momento crítico para introducir alimentos sólidos.

Los investigadores estiman que un niño sano que consume leche materna junto con una media de los alimentos complementarios muestreados experimentaría deficiencia de zinc y hierro entre los seis y los nueve meses, y deficiencia de grasa en la dieta a los 12 meses.

Al comparar el contenido nutricional con las informaciones en las etiquetas de envasado, un poco menos de la mitad de los productos cumplieron con su contenido calórico. Un poco más de la mitad informaron mal sobre las cantidades proteicas y dos terceras partes reportaron mal el contenido de grasa. Para el zinc y el hierro, los productos excedieron los valores etiquetados con la misma frecuencia con la que se quedaron cortos.

Los autores destacan que pruebas y verificaciones independientes del contenido nutricional podrían aumentar la confianza en los productos locales, lo cual sería mucho menos costoso que las marcas multinacionales. Estos expertos citan el trabajo del premio Nobel George Akerlof, que fue el primero en demostrar que se necesita certificación independiente para mantener mercados competitivos de productos de alta calidad.

"Ésta es una categoría de alimentos que puede salvar la vida, pero el mercado de los alimentos locales con los mismos nutrientes que las marcas multinacionales es casi inexistente. ¿Por qué las tiendas no están llenas de cereales infantiles competitivos y de bajo costo fabricados con estándares uniformes de ingredientes locales? Su potencial no puede alcanzarse hasta que los padres confíen en que tienen los contenidos nutricionales que reclaman", afirma Masters, también del Departamento de Economía de la Escuela de Artes y Ciencias de Tufts.

"Introducir servicios básicos e independientes de certificación de la calidad es una forma probada de establecer mercados para productos de alta calidad. Los programas de certificación de terceros pueden surgir de los sectores público, privado o filantrópico y con coordinación y esfuerzo se podría lograr para los alimentos complementarios", concluye Masters.

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