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Innovacion 

Innovación, sostenibilidad y transformación cultural: tres pilares que harán crecer su empresa

Adaptarse al mundo del presente y del futuro es imprescindible para que las empresas se mantengan y prosperen; analizamos tres de los pilares que mantienen ese avance.

¿Su empresa seguiría bien posicionada en 2025? ¿Su estrategia y modelo de negocio son únicos y relevantes? ¿Cuenta con una buena adaptación al cambio?

Estas preguntas, entre muchas otras, pueden hacer ver si una compañía cuenta con buenas posibilidades de mantenerse activa y rentable a medio y largo plazo. El mundo cambia con los años, y nunca está de más preguntarse si, en contextos nuevos, una empresa puede seguir siendo un agente competitivo en el mercado.

Pero ¿en qué pilares se sustenta esta posibilidad de adaptabilidad empresarial? Estos son tres de los pilares principales que, desde Ibercaja Empresas, animan a analizar y promover.   

Innovación para mover el cambio

Que la empresa cambie alineada con la evolución del mundo, manteniendo la esencia de la compañía, pero adaptándola y haciendo, incluso, que se adelante a ese cambio. Así se define la innovación, una de las claves que aseguran la supervivencia a empresas independientemente de su volumen.

Innovar, como apuntan desde Ibercaja, es utilizar el conocimiento y el talento para mejorar el mundo, para hacer avanzar la sociedad, los negocios y el planeta. Dicha innovación se puede activar y acelerar mediante dos combustibles: el conocimiento compartido, ayudando a la democratización de la información; y la colaboración, esencial para valorar aspectos más diversos y avanzar hacia un destino común de forma precisa.

Trabajar de forma transparente, ágil y colaborativa es algo que enriquece mucho las organizaciones y pone en valor el talento que hay en ellas”, explica Teresa Oliver, fundadora de Skok, durante un itinerario de microlearning sobre las metodologías ágiles Kanban y Scrum dentro del Ecosistema Más Empresa.

Estas metodologías Agile son, bien aplicadas, un buen motor de cambio, aunque con algunos matices. “No todos los proyectos son ágiles, y hay trabajos que no permiten aplicar estas metodologías. No sirve disfrazar de ágil una mentalidad que realmente actúa como una clásica”, señala Oliver, que apunta que “los enfoques ágiles no son metodologías de trabajo, sino un cambio de mentalidad”.

De las metodologías a los ecosistemas, lo cierto es que la competitividad también surge en torno a las comunidades empresariales. “Los ecosistemas son una herramienta competitiva de las organizaciones”, tal y como apuntó Luz López, directora del Ecosistema Más Empresa de Ibercaja, durante la quinta edición del congreso Go Global.

Una comunidad dinámica, en la que diversos actores puedan crear y capturar valor por la colaboración y la competencia, es lo que permite, en última instancia, activar la innovación y la experimentación mediante un uso compartido del conocimiento y los recursos. Transversales, abiertos, conectados, éticos y con valores, esos ecosistemas hacen surgir las herramientas que hacen avanzar a las compañías hacia el futuro. 

Sostenibilidad: obligación y beneficio

Es común asumir la sostenibilidad como un aspecto íntimamente ligado al medio ambiente, pero lo cierto es que el concepto es mucho más amplio. Un proyecto empresarial ha de ser sostenible para asegurar su supervivencia, siendo esta sostenibilidad una capacidad de perdurar en el tiempo.

La sostenibilidad ha de ser, además de medioambiental, económica, ética y social. Los recursos de las compañías, como los del mundo, no son inagotables, y la actividad individual genera un impacto en dichos recursos. Por ello, es importante saber optimizar su uso para minimizar la huella y garantizar, al mismo tiempo, nuestra supervivencia y la del entorno.

Esta sostenibilidad empresarial puede ir un paso más allá: asumir la responsabilidad individual y la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) y alinearlas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 puede llevar a una empresa a no solo ser eficiente con sus recursos; sino activa en la carrera por minimizar la huella que deja, regenerando y contribuyendo a mejorar el entorno de desarrollo de la actividad económica.

¿En qué beneficia esta sostenibilidad a las empresas? Entre otras vías, en las oportunidades derivadas de la Inversión Socialmente Responsable, cada vez más común y en la que se toman decisiones de inversión teniendo en cuenta análisis ASG: Ambientales, Sociales y de Gobierno Corporativo de las empresas en las que se va a invertir. 

Transformación cultural: una adaptación necesaria

La cultura de empresa es un ente con vida, cambiante, líquido, permeable y capaz de adaptarse a las circunstancias. La primera de ellas: que el concepto de “empresa” ya no es una tipología de organización única, sino que engloba desde proyectos unipersonales a grandes empresas, pasando por emprendedores, startups, scaleups y pymes, cada una con sus características, pero con un objetivo común: llegar a su público objetivo.

Sea cual sea el tamaño y la forma jurídica de cada empresa, todas comparten un reto: encontrar su propia cultura empresarial que las haga atractivas, diferenciales, alineadas con su propósito y con su audiencia, y abrazar a la vez nuevas formas de trabajo siendo tanto abiertas como coherentes con sus valores.

El contexto actual ha hecho que los procesos de transformación se hayan acelerado, obligando al rediseño de las organizaciones. La cultura organizacional es uno de los cimientos de este cambio, ya que permite comprender el ser (comportamiento de las personas) y el hacer (cómo se ejecutan hábitos y procesos) de una organización hacia su propósito.

En una perspectiva de innovación necesaria, es vital reinventarse de forma exitosa. Para ello, existen ciertas medidas útiles, como asegurar unos sistemas de información completos y rápidos, asegurar la sencillez en estrategias y procesos; contar con personas competentes y comprometidas; y adherirse a la cultura de la transformación.

En ese sentido, es útil medir la transformación cultural mediante el modelo Denison que trabaja en torno a cuatro dimensiones (misión, coherencia, participación y adaptabilidad) para medir las posibilidades de éxito de las compañías y las posibles líneas de mejora.

A pesar del entorno cambiante y acelerado, hay algunos puntos que se mantienen: por ejemplo, que las personas deben ser necesariamente el centro de las organizaciones, ya que son las que generan valor y significado en cada acción. Así, las empresas que den a su personal la voz necesaria para plantear estrategias innovadoras serán las que más posibilidades tengan de conquistar el mercado.

Si quieres analizar estas y otras cuestiones para descubrir cuál es la situación actual de tu empresa, puedes acceder a la herramienta de diagnóstico de empresas de Ibercaja a través de este enlace.

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