Carlos Chaccour: "La investigación del futuro va a ser más democrática"

  • El joven médico venezolano es uno de los impulsores de 'Malaria Mission', una innovadora investigación contra la malaria que está teniendo lugar en la Clínica Universidad de Navarra.
  • Su equipo está desarrollando un cilindro para acabar con los mosquitos transmisores del virus. Ante la falta de financiación, ha lanzado una campaña de 'crowfunding' para costear el proyecto.
Carlos Chaccour en su etapa laboral en la selva tropical

Tres años en la selva amazónica venezolana hacen de Carlos Chaccour un profesional que ha conocido la malaria muy de cerca. Se podría decir que la pasión y la vida de este médico venezolano caminan de la mano, ya que conoció a su mujer en uno de los primeros estudios clínicos con un interesante fármaco. Ahora, con apenas 34 años, tanto él como su esposa, Julie, trabajan para que ese medicamento, la ivermectina, se convierta en el arma letal que acabe con los mosquitos transmisores de la enfermedad.

El germen de 'Malaria Mission', el proyecto en el que participan con entusiasmo en la Clínica Universidad de Navarra, surgió en Londres, cuando Chaccour, un apasionado de las enfermedades tropicales, quiso comprobar si este fármaco -muy efectivo contra la sarna y otras enfermedades tropicales- acababa con la vida de los mosquitos.

El doctor consiguió confirmar esta hipótesis y conseguir alargar su duración en sangre. Ahora se enfrenta a otro reto: lograr financiar su investigación a través de 'crowfunding' y aportar un grano de arena a la ciencia que podría ser capital para la cura de la enfermedad.

La malaria sigue siendo una de las enfermedades más extendidas en todo el planeta. Cuando estuvo en Venezuela pudo comprobar cómo es el contagio de esta enfermedad. ¿De qué manera se produce?

Los afectados suelen tener fiebre muy alta con escalofríos y, dependiendo de la especie de mosquito, puede ser diaria o no. Se sufren dolores de cabeza, musculares... Si tienes la mala suerte de que te toque la malaria cerebral, te puede dejar en coma.

¿Cómo deteriora la salud este virus?

Primero se pasan unos 8 ó 9 días sin síntomas. Después aparece la fiebre: el parásito rompe los glóbulos rojos, y de cada uno de ellos pueden salir hasta 30 más. La tasa de multiplicación de la enfermedad es muy rápida, y como va rompiendo los glóbulos rojos, produce mucha anemia. Además, no pueden circular bien: se vuelven pegajosos, adhesivos y se adhieren a las paredes de las venas, dificultando la circulación.

¿En qué estadio se encuentra en estos momentos la búsqueda de curas contra la malaria?

A día de hoy, la droga de elección [la más generalizada] es la artemisina y sus derivados. Tenemos un problema, porque es difícil que salgan drogas nuevas, y siempre que se saca una nueva, el parásito desarrolla una forma de resistencia. Esto es particularmente cierto en Camboya, donde los parásitos son especialistas en hacerse resistentes a los medicamentos.

En esa zona perdimos la cloroquina en los años 60, la mefloquina después y ahora la artemisina, que ha encontrado resistencia justo en el mismo lugar. Es fácil que los parásitos resistentes de Camboya se extiendan en otros lugares del mundo donde la artemisina sigue funcionando, y que se pierda la droga.

En este contexto, ¿qué hace revolucionario su tratamiento respecto a otros que se habían ideado anteriormente?

Lo primero que hay que saber es que esta no es una droga para tratar la enfermedad, sino para prevenirla. Hemos utilizado una derivación de duración prolongada de una droga que ya mataba a mosquitos. Si, por ejemplo, 15 personas la tienen puesta en un vuelo, los mosquitos que les piquen van a morir y se va a disminuir la incidencia, creando una especie de 'inmunidad de rebaños'.

El cilindro que están desarrollando busca, literalmente, matar mosquitos con la sangre de las personas. ¿En qué consiste este innovador mecanismo?

El cilindro tiene dentro una droga que mata a los mosquitos cuando se coloca bajo la piel. La inserción se realiza con una aguja de gran calibre. La idea es que dure puesto meses, pero como estamos en fase de investigación todavía no lo sabemos.

Además, tiene otras ventajas: los mosquitos que transmiten la malaria se pueden matar de forma efectiva si pican dentro de las casas -con una mosquitera impregnada de insecticida o en la pared-, pero no hay ninguna intervención dedicada al nicho de exteriores. Queremos atacar a este grupo, que es capaz de mantener la transmisión aunque utilices todas las medidas posibles, porque viven más al 'cargarse' selectivamente a los que pican dentro.

¿La idea sería implantar el cilindro en grupos de riesgo?

Nos gustaría que lo usase el mayor número de gente posible, pero si hubiera problemas o hubiera que limitarlo, una solución es administrarlo a grupos de riesgo. Si, por ejemplo, hay una familia en la que el padre trabaja en una mina en la selva, se le puede poner a él, que sería la persona que importa la enfermedad a la familia.

¿Por qué se llama a la ivermectina, el 'veneno' que quieren utilizar contra la malaria, la 'droga maravillosa'?

Es una droga muy efectiva contra diversísimos parásitos: actúa contra varios tipos de parásitos intestinales y contra casi cualquier 'bicho' o artrópodo que chupe la sangre -como los que provocan la sarna, los piojos...). Tiene muy pocos efectos secundarios, es muy segura y en los últimos 30 años se han distribuido unos 2.000 millones de dosis. Además, es bastante barata.

¿En qué fase se encuentra su investigación en este momento?

Ahora mismo estamos en fase preclínica. Primero estamos realizando los ensayos de bioseguridad y de efectividad. El siguiente paso tras el estudio será realizar algunos ensayos clínicos para comprobar la seguridad del producto antes de poder utilizarlo en humanos. Como hemos cambiado la forma de administración y la dosis del producto que administramos, además de la indicación, hay que hacer todos los ensayos para que la droga se apruebe. Es como empezar de cero.

Sois un grupo de investigación y captación muy reducido, de apenas una decena de personas. ¿Cómo os pusisteis en contacto y decidisteis involucraros en esta aventura?

Trabajamos todos aquí. José Luis del Pozo [el investigador principal] tiene muchísima experiencia y ha trabajado en la Clínica Mayo. También nos está ayudando la gente de Toxicología de la universidad. La verdad es que este es el entorno perfecto para desarrollar el proyecto, porque hay muchos perfiles que se complementan.


Es llamativo que, a excepción de un par de perfiles, seáis un equipo muy joven. ¿Cómo habéis encontrado recursos para poner en marcha este proyecto?

La investigación de las enfermedades tropicales siempre es difícil: no suelen recibir mucha financiación porque no es lucrativo investigarlas. Yo mismo puse algo de dinero al principio. Después hablé con mis amigos, colegas y familiares para intentar que todos aportaran algo, aunque fuera una cantidad pequeña. Así recaudamos unos 30.000 euros y pusimos en marcha el proyecto. Después hicimos la prueba de concepto para ver si la droga tenía una duración de semanas. Ahora, con el objetivo de terminar el estudio, hemos puesto en marcha una campaña de 'crowfunding' en Indiegogo para tratar de recaudar 35.000 dólares.

¿Cómo está funcionando esta campaña? ¿Qué clase de personas se involucran en estos proyectos, pudiendo resultarles tan lejanos?

Para la campaña pusimos al frente a un equipo joven que nos ayudara con la parte de comunicación. La idea era montarla en una plataforma conocida al estilo de Kickstarter. Indiegogo permite recaudar en cualquier parte del mundo. Queríamos hacer vídeos informativos para que la gente se involucrase y donase. En el primer fin de semana hemos recaudado 1.500 dólares. Vamos un poco lentos, pero aún tenemos 42 días.

La campaña está muy dirigida a ser viral en las redes sociales. ¿Creéis que esta va a ser la tendencia para la financiación de proyectos científicos en el futuro?

La investigación del futuro va a ser, sin lugar a duda, un poco más democrática. Ahora mismo hay mucha competencia entre grupos: las ideas no se fundan en ellas mismas, sino que se examina la experiencia de cada equipo, por lo que a grupos jóvenes como el nuestro les cuesta arrancar. Pero si a la gente le gusta, tendrá exito. Al final, es una alternativa ante la crisis y los recortes.

¿Creéis que el mecanismo que proponéis se podría exportar a países en vías de desarrollo de ser exitoso? ¿Tenéis una estimación de los costes que supondría la implantación de estos cilindros?

Todavía no, pero ya hay cilindros para tratamiento hormonal que cuestan 8 dólares. Esperamos que el nuestro sea incluso más barato. Nuestra idea es que dentro de unos años se pueda hacer esa distribución.

¿Llevará este proyecto a la cura definitiva de la malaria?

En este campo es muy frecuente buscar la bala de plata que acabe con el hombre lobo. Pero lo cierto es que la malaria es una enfermedad muy compleja, que para ser suprimida necesita la colaboración de mucha gente.

Nosotros no creemos haber encontrado esa bala, pero sí que hemos aportado una cosa nueva que nadie había probado, y que podría convertirse en una alternativa complementaria a las estrategias que hay hoy en día.

¿Desaparecerá algún día la enfermedad?

Yo espero verla desaparecer en algún momento de mi vida. Si todos colaboramos y trabajamos juntos, haciendo un esfuerzo común, creo que puede conseguirse.

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