Cómo usar un equipo de robots para entender a las hormigas

  • Científicos de Francia y EEUU utilizan robots para estudiar el comportamiento de los hormigueros.
  • Los prototipos siguen una señal y, como las hormigas, eligen el camino más corto de forma colectiva.

Durante años, la manera en que las hormigas trazan sus caminos hasta la comida ha intrigado a los científicos. Algunas especies, como la Formica aquilonia, de apenas 6 mm, pueden trazar caminos de hasta 200 metros desde la boca del hormiguero hasta la fuente de alimentación y siguen numerosas bifurcaciones sin apartarse del camino más corto. La cuestión es: si no tienen sentido de la orientación ni nociones de geometría, ¿cómo saben las hormigas cuál es el trazado correcto y por qué lo siguen sistemáticamente?

Para responder a esta pregunta, científicos del Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia (CNRS) y del Instituto de Tecnología de Nueva Jersey han diseñado un experimento con unos pequeños robots del modelo Alice. Estos prototipos, con forma de cubo y programables, fueron creados hace unos años en la Escuela Politécnica Federal de Lausana (Suiza) para estudiar las posibilidades de la robótica en enjambres. O lo que es lo mismo, la capacidad de que grupos de robots se autoorganicen como lo hacen algunos 'superorganismos' naturales como las colmenas o los hormigueros.

Para este experimento concreto, publicado hace unos días en la revista Plos Computational Biology, los investigadores utilizaron un grupo de diez robots Alice sin programas de orientación, y con dos únicas capacidades: sortear obstáculos y trazar un camino de señales luminosas similar al que las hormigas dejan con sus feromonas. Al igual que las hormigas, estos individuos tienen memoria y capacidad de procesamiento limitados, pero pueden seguir el rastro de otros y comunicarse. Y lo que descubrieron es que, al igual que las hormigas, los robots siguen el trazado geométrico óptimo hasta su objetivo:

Para seguir su camino, cada robot está siguiendo el trazo de luz que ha dejado el anterior robot y, ante una bifurcación, sigue aquellas pistas que ofrecen mayor luminosidad. De la misma manera, las hormigas siguen el rastro de feromonas y se ayudan a orientarse gracias a la experiencia de la mayoría. Si hay dos caminos posibles de A a B, explican los científicos, al principio los robots empiezan a usar ambos. Pero como aquellos que toman el camino más corto tardan menos en regresar, la luz que queda en esa zona crece más rápido y más robots lo usan más.

Las hormigas, concluyen los investigadores, no tienen a alguien al mando que dice dónde tienen que ir, sino que siguen un mecanismo 'ciego' que les permite orientarse espacialmente de la manera más directa y mejor para el grupo.

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