De cómo fuimos a la Luna con un sextante

La tecnología que desarrolló el programa Apolo fue en buena parte analógica y mecánica. 

El 20 de julio de 1969, pocos minutos antes de posarse sobre la Luna, el ordenador del módulo Eagle comenzó a pitar y a indicar enloquecidamente una "alarma 1202". El fallo, que puso en vilo a los astronautas y al control de Houston, se produjo por una acumulación imprevista de datos del radar que provocó una saturación del sistema. Afortunadamente, el software había sido diseñado para priorizar determinadas maniobras y el alunizaje se pudo completar con éxito.

La carera espacial hacia la Luna fue una hazaña que costó miles de millones de dólares y el trabajo de centenares de operarios de tierra durante meses. Pero se completó con una tecnología que hoy nos parece primitiva. Mucho antes de la revolución del microchip, los astronautas salieron al espacio exterior provistos de una regla de cálculo y un sextante incorporado en la nave para calcular su posición por métodos tradicionales.

La exposición "Nasa, la aventura en el espacio", que permanecerá hasta el 15 de junio en Casa de Campo de Madrid, permite contemplar algunos de los objetos de esta era espacial que parecen sacados de una fantasía "steampunk". Carlos González, ex jefe de operaciones de la NASA en Madrid y asesor científico de la exposición, nos acompaña en este recorrido por la época en la que fuimos al espacio a golpe de voluntad, sacrificio y grandes dosis de ingenio.

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