Sábado, 19.10.2019 - 08:28 h
Corea del Norte deja su apuesta nuclear

¿Qué ventajas busca Kim Jong-un con su nueva estrategia de apertura al mundo?

Kim ya ha ganado una pequeña batalla de comunicación y parece que su objetivo es seguir avanzando en su nuevo discurso de moderación.

Kim Jong-un
Kim Jong-un ha dado un paso atrás para dar dos adelante. / Efe

Una de las presentaciones en Power Point más espectaculares que me han contado la hizo un experto norteamericano que vino a España. Este hombre comenzó mostrando una foto de su hija de nueve años y dijo: “Esta es mi hija Jennifer. Me pidió que le comprara un caballo para el día de su cumpleaños. Yo le dije que era muy peligroso y ella se echó a llorar. Entonces me pidió un pony. Para una niña tan pequeña, un pony es un animal muy grande, de modo que le volví a decir que no. Jennifer se echó a llorar de nuevo. Me pidió un gran danés, que es un perro enorme, y yo me negué.

Me negué a varias razas de perros hasta que el final acordamos que le regalaría un caniche, que es un perro pequeño. Quiero confesarles una cosa: mi hija quería un caniche desde el principio, pero empezó pidiendo un caballo para hacerme creer que ella era la que estaba perdiendo. Esta es la primera regla de la negociación”.

Me vino a la cabeza esta simple técnica de negociación cuando vi cómo ha negociado Kim Jong-un en las últimos meses. Ha estado lanzando misiles al mar de Japón que han creado mucho pánico. Ha lanzado uno en noviembre que puede llegar a cualquier parte de Estados Unidos, provocando la ira de Trump. Kim además restriega a todo el mundo que ya es una potencia nuclear. Todo el planeta estaba hasta los pelos de Kim por andar amenazando con esas cosas. Era un infame.

Y de repente, en las últimas semanas, ha dicho que abandona su programa nuclear y que no lanzará más misiles. Ha saltado el famoso paralelo 38 que divide a las dos Coreas desde hace décadas para estrechar la mano del presidente de Corea del Sur y pactar la paz.

Ha hecho lo mismo que Jennifer: aplicar la técnica de negociación básica. Para empezar, su imagen ha cambiado y ahora le vemos como un gordito simpático y encantador. Lo que vendrá después, es lo que se están preguntando los analistas: ¿más intercambio? ¿Ayudas especiales? ¿Trato privilegiado? ¿Qué le compremos materias primas?

Pida lo que pida, se le va a conceder porque es como el niño bruto que se calma después de un berrinche, y a quien le complacemos para que no vuelva a dar la lata.  Es lo que hizo su padre durante mucho tiempo, Kim Jong-il: “Yo te amenazo; tú compras mi carbón”. De hecho, en 2013, su hijo y ahora gobernante lanzó la política byungjin. Consiste en promover paralelamente el desarrollo nuclear y el económico.

Por una parte, Kim ha mostrado su lado más amenazante, pero esta vez parece que hay detalles que son diferentes. Hace un año, en abril del 2017, el régimen inauguró la calle Ryomyong. Se trata de una inmensa avenida poblada de rascacielos modernos que pretenden dar otro ‘skyline’ a la capital, Pyongyang. Para el régimen, esta era una representación gráfica de la nueva era económica. A la prensa extranjera hasta se le permitió ir con sus móviles.

Hace unos días, Corea del Norte anunció que suspendía su programa nuclear. Luego, visitó a su colega del sur en la frontera, y fue Kim quien atravesó por primera vez en la historia moderna, el paralelo 38 para estrechar la mano de su colega.

Robert Carlin, un analista del Instituto John Hopkins, afirmaba: “Esto no es una charada”. Lo que desconcertaba a los analistas es que Corea del Norte estaba cediendo en todo sin pedir nada a cambio. Es como si Jennifer, la niña con el que comenzó este artículo, hubiera dicho a su padre desde el principio que le regalare lo que él quisiera para su cumpleaños.

“Lo que estamos viendo ahora de Pyongyang son movimientos tácticos, preliminares y parciales. A menos que haya más cosas detrás de la escena aún por revelar, el Norte parece ceder inusualmente, incluso antes de que comiencen las negociaciones”, afirma Carlin. “[…] Kim ha cedido terreno y no ha pedido nada a cambio. Eso, obviamente, no durará, pero por ahora, tenemos que reconocer que este no es el estilo de negociación norcoreano normal”.

Yo creo que desde el principio obtuvo algo. La imagen de Kim y de su régimen ha cambiado pues ha funcionado la misma técnica que Jennifer. Ahora Kim parece una persona con la que nos tomaríamos un par de copas y escucharíamos sus chistes de buen gusto. Luego, se filtraron noticias del encuentro de los dos presidentes coreanos. Kim pedía a EEUU que no invadiera el país. Además, permitiría a los periodistas viajar al único centro de pruebas nucleares para que vieran cómo lo cerraban para siempre, según The New York Times. Invitarían a periodistas norteamericanos y coreanos del sur para que lo comprobaran.

Eso tiene buena pinta pero, ojo: estamos hablando de una dictadura con campos de concentración, ejecuciones, vigilancia permanente de la población, sin libertad de opinión y que ha sometido a su pueblo a un hambre terrible. Cualquier diplomático, cuando no sabe qué carta esconde la otra parte, jugaría con enorme cautela. Pensemos que las sanciones económicas que sufre el régimen por su carrera nuclear, la exclusión de los foros mundiales, el aislamiento y la ira de sobre todo Estados Unidos, todo eso ha ejercido una presión nada desdeñable en las decisiones de Corea del Norte.

Kim ya ha ganado una pequeña batalla de comunicación. Y parece que su objetivo es seguir avanzando en esta línea. Pensemos que el mundo se mofaba de su política de comunicación interna, pues cuando aparecía visitando un fábrica de mochilas escolares, a los obreros se les hacían decir que el propio Kim había ideado cada detalle de las carteras y hasta del edificio. Era uno de los últimos reportajes del corresponsal en Asia de El Mundo, Javier Espinosa, donde comentaba con sarcasmo esa fábrica de carteras.

Pero ahora el mundo ve a Kim Jong-un de otra manera. Ha sido un golpe certero en comunicación. Si quieren convencernos, en Corea del Norte tendrán que ofrecer algo más que fábricas de mochilas o visitas a silos nucleares. Siempre sospecharemos que detrás de esas facilidades de comunicación se esconde un virus malicioso.

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