Lunes, 18.06.2018 - 07:25 h

El escritor Miguel Carrasco presenta ‘El viaje de la memoria’, la otra guerra de los exiliados españoles

Miguel Carrasco se abre paso en el mundo de la novela con ‘El viaje de la memoria’, una historia fascinante y familiar sobre los exiliados de la guerra civil española. El libro ya está disponible en Amazon, tanto en versión digital como en papel

/COMUNICAE/

En El viaje de la memoria, el escritor Miguel Carrasco trata una de esas épocas inolvidables en la historia de España: la Guerra Civil. Esta fue un acontecimiento crudo e inexplicable que enfrentó a hijos de un mismo país. Mucho se ha escrito sobre esa época, desde todos los puntos de vista, y mucho se ha expuesto también en otras artes. Especialmente, en la pintura y en el cine, donde se puede encontrar una obra infinita que intenta retratar tal agonía y sufrimiento. Sin embargo, esta primera novela de Miguel Carrasco es una de esas historias que toman como punto central la Guerra Civil Española, pero desde un punto de vista renovado, fresco.

Ángel Espinosa, un estudiante español de 21 años, decide marchar en 1974 a la ciudad francesa de Brest. Pretende así evitar la persecución policial tras su participación en el movimiento estudiantil antifranquista al tiempo que continua su carrera en Historia. Allí vivirá con Isidro, el primo de su madre, Antonio y Louise (padre e hija de Isidro respectivamente). Al principio, Ángel se sentirá protagonista de un cuento de hadas: una familia, un trabajo y un nuevo amor. No obstante, las investigaciones que está realizando para su tesis sobre el exilio español junto con las intrigas del vicecónsul llevarán a Ángel a descubrir la verdad sobre la muerte de su padre. Este era un guerrillero español y parece que Antonio es el responsable de su trágico destino. Mentiras, traiciones y una realidad que aclama justicia son los principales ingredientes de esta apasionante novela.

Brest es el escenario testigo de una vida que se muestra como un cuadro de claroscuro. Por una parte, Ángel es feliz con sus primos, tiene una buena acogida allí tanto a nivel personal como profesional. Todo parece ir sobre ruedas. Por otra parte, el pasado empieza a abrirse camino, a tirar la puerta abajo sin ni siquiera haber llamado. Porque aquello que queda atrás sin ser resuelto acaba volviendo y cayendo como agua helada sobre los protagonistas. La nostalgia se hace patente en la obra como el recuerdo de un pasado que es parte imborrable de la vida. Y con sus luces y sus sombras, los personajes van tomando forma, reforzando sus perfiles. Desde Ángel hasta Antonio, desde los “buenos” hasta los “malos”, cada uno de ellos es fantástico, con volumen y profundidad; único. Una pieza más del puzle que va encajando como un engranaje sin fisuras.

Realmente, quería escribir una novela diferente de otras existentes sobre la guerrilla antifranquista, que era un tema que aparecía durante mi infancia de manera recurrente en las conversaciones que contaban los viejos de mi pueblo. Cuando empecé a investigar sobre el tema, la historia empezó a surgir poco a poco a medida que iba descubriendo las vidas casi olvidadas de esa gente. Por azar, durante un coloquio en la universidad, me enteré de que Brest había acogido a muchos refugiados españoles durante la Guerra Civil. Busqué en los periódicos de aquellos años y descubrí la importancia que tuvo la ciudad y toda la Bretaña en la acogida de esos refugiados.

Junto a ellos, el lector presencia ricas anécdotas llenas de emoción y empáticas. Por unos momentos, se siente como si tuviéramos delante a sus abuelos contándole sus “batallitas”. En cada página del libro, Miguel Carrasco transmite la misma familiaridad presente en la historia. Y no solo eso, ya que también se palpan las amenazas, las persecuciones, la rabia y la impotencia de aquella guerra. Así, el público se halla inmerso en la lectura. Sin dejarse un detalle, se pierde por las páginas, llenas de bellas y precisas descripciones, y de diálogos tan espontáneos como hipnotizantes. Apenas hacen falta unas líneas para verse en el centro del relato, para descubrirse debajo de la lluvia como Ángel. El lector siente los miedos, las preocupaciones, la inquietud de los personajes.

Precisamente, el lector se encuentra en la posición del protagonista, el narrador. De esta manera, siempre se produce una situación de suspense. Los lectores conocen, reflexionan y hacen conjeturas con Ángel, por lo que el relato invita a quedarse y a ponerse el traje de detective. El viaje de la memoria tiene los ingredientes principales de un drama y una novela policíaca, dando lugar a una mezcla irresistible.

Ángel solo conoce una parte de la historia de su padre, algunos retazos que unos y otros le han contado. Su madre (muy poco politizada) ha querido protegerlo ocultándole muchas cosas que solo le revelará cuando se marcha a Francia para huir de la policía –precisamente, lo que ella quería evitar–. El encuentro con Isidro, Antonio y el círculo de refugiados es fundamental en su búsqueda del pasado y, sobre todo, es el detonante, puesto que no se lo había planteado aún. De hecho, las informaciones que va obteniendo le abren los ojos y lo orientan en sus pesquisas. En realidad, el pasado le va dando alcance sin que él se dé apenas cuenta. La aparición de Muñoz es fundamental en este sentido: es el único que conoció a su padre durante la guerrilla y su testimonio es valiosísimo para él. Luego, también aparece el vicecónsul, que es el que despierta en él el ansia de justicia y de encontrar la verdad.

Esta obra de Miguel Carrasco –que ya se puede adquirir en Amazon– enseña las pautas para vivir con sinceridad y honestidad, pues el pasado no se puede eliminar y hay que hacer frente al dolor que conlleve. Pero también recuerda que el arte es una manera más de entender la vida, una forma de expresión para transmitir un perdón, el amor, la culpa… Todos los elementos confluyen con tanta verdad, realismo y ternura que, poco a poco, ese claroscuro convierte la historia en un cuadro de Louise: lleno de matices, de colores vibrantes. Y, como tal, es imposible apartar la mirada. Fuente Comunicae

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