Domingo, 19.11.2017 - 17:25 h

Crisis de las cajas, un aprendizaje muy caro

Dejemos, pues, de hablar de rescates bancarios y del costo del mismo para el contribuyente: ningún banco, oiga ninguno, ha costado un duro al dinero público.

Las cajas no tenían propietario y se gestionaban de acuerdo con las preferencias y manías de los políticos autonómicos y municipales.

Crisis de las cajas, un aprendizaje muy caro

El Tribunal de Cuentas acaba de publicar su dictamen sobre el coste de la crisis de las cajas de ahorro en España: sesenta y pico mil millones de euros.

Los más torpes hablan de crisis bancaria, adoptando un lenguaje que trata de hacer olvidar que el gran tsunami financiero en España afectó sólo y exclusivamente a las desaparecidas cajas de ahorro, que precisamente desaparecieron por eso: porque provocaron la gran burbuja inmobiliaria/crediticia y no supieron salir del pozo que ellos mismos habían cavado.Ningún banco costó un duro

Dejemos, pues, de hablar de rescates bancarios y del costo del mismo para el contribuyente: ningún banco, oiga ninguno, ha costado un duro al dinero público. Algunos dejaron de existir, pero desde el punto de vista fiscal fue una muerte indolora.

¿Por qué las cajas costaron tropecientos miles de millones, mientras que los bancos no echaron mano de la cartera pública?. Porque las cajas que según la legislación vigente a la sazón, no tenían propietario y se gestionaban de acuerdo con las preferencias y manías de los políticos autonómicos y municipales.

Para el superjefe de un banco lo más importante era ganar dinero, de forma que los mercados y sus accionistas, le reiteraran la confianza. Sin embargo, para el primer gestor de una caja de ahorros, la prioridad estaba en llevarse bien con un consejo de administración mangoneado por los políticos.

Allí donde el poder político autonómico y local fue más fuerte –Cataluña, Madrid, Galicia, Valencia—se produjeron las mayores quiebras de cajas.Lección aprendida

Pasado lo pasado –aunque queda mucha factura por pagar—lo más interesante es que la lección se ha aprendido y en España no volverá a repetirse una situación semejante, porque la nueva legislación financiera europea lo impedirá.

Muerto el perro, se acabó la rabia: alejados los políticos del control y supervisión del sistema bancario, este tendrá más probabilidades de seguir su camino sin otros problemas que los de la situación económica, que ya de por sí son mas que suficientes.

Ojalá esa lección aprendida en el sistema financiero se pudiera aplicar a otros problemas de la actividad económica y política, donde da la impresión que siempre y por las mismas razones se tropieza en la misma piedra.

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