Miércoles, 21.11.2018 - 03:45 h

Carolina Rodríguez: "No me imaginaba estar entre las 10 mejores cuando todo el mundo me daba por retirada"

La 'gimnasta milagro' disputará los Juegos de Río con 30 años. "La madurez es un grado que te da la vida, clave en mi ambición deportiva", explica a lainformacion.com

Participó en Londres 2012 gravemente lesionada en el tobillo, se operó y siguió adelante. "Firmaba que me quedase bien el pie y poder andar normal", afirma.

Carolina Rodríguez: "

Hace 20 años una niña de 10 años se proclamó campeona de España de gimnasia. Con 11 ya era convocada por la selección nacional, y su ascenso fue meteórico hasta convertirse en la gimnasta española con el récord de títulos en este deporte. Carolina Rodríguez (León, 1986), comenzó a tejer su sueño en una vieja iglesia, y de ahí, de milagro en milagro de la mano de su entrenadora Ruth Fernández, que la "sacó del pozo" en sus etapas más complicadas. 

Ni el 'no' del Federación, ni una rotura de ligamentos en el tobillo, ni ningún otro obstáculo. La gimnasia es "su vida", y es que nadie "te va a aplaudir tu trabajo como lo hacen en una pista". En Río, la novena clasificada en el último Mundial, será la gimnasta más lóngeva en disputar unos Juegos Olímpicos, una experiencia que no quiere "desaprovechar", tal y como afirma a lainformacion.com. 

-¿Qué opinas de que te llamen la 'gimnasta milagro'?

Es un apodo que me pusieron cuando era una niña, por el hecho de que yo me entrenaba en una Iglesia y nadie esperaba que llegase donde he llegado.

Provengo de un club humilde, el Club Ritmo, que juega con las niñas que vienen al club. Yo aparecí , tenía talento y cuando me proclamé campeona de España, al final fue el apodo que se me puso.

A nadie le regalan nada. Está claro que el éxito no ha sido un milagro, sino fruto de la constancia y del trabajo.

-¿Con cuántos años empezaste en la gimnasia?

A mi hermana siempre le gustó el baile. Era 'cheerleader' del Baloncesto León. Cuando era pequeña recuerdo ver campeonatos por televisión de gimnasia, un día me quedé prendada de las niñas y dije que quería ser como ellas.

Mi hermana me dijo un día, '¿Sabes quién me hace a mí las coreografías? Una entrenadora de gimnasia rítmica', y era Ruth Fernández, mi entrenadora desde hace 22 años.

Fui a ver a mi hermana entrenar y me puse a mirar. Ruth me preguntó quién era al final del entrenamiento y ya me dijo si quería ir a hacer una prueba, y así hasta hoy.

-Viviste un ascenso meteórico. Con 11 años fuiste al equipo nacional ...¿eras consciente de todo lo que te estaba pasando?

Está claro que en un deporte como la gimnasia donde tienes que sacrificar tantas horas libres llega un momento en que te preguntas '¿qué leches estoy haciendo aquí?

Te sometes a mucha presión desde pequeña. A los 10 años fui campeona de España y con 11 me empezaron a convocar para las concentraciones de la selección nacional.

Con esa edad, mi objetivo a seguir era ir a una olimpíada. Me iba a matar por conseguirlo.

Al principio te hace mucha ilusión, después vas viendo los 'peros'. Es un deporte que me apasiona y he tenido unos padres fabulosos que siempre me han apoyado en todas mis decisiones.

-Te tocó madurar antes de tiempo pero ha merecido la pena...

Sí, no todo es un camino de rosas. He tenido etapas en las que he estado muy mal, he tenido muchas lesiones y mi propia entrenadora, Ruth, decía 'no sé si se levantará de esta'.

El hecho de cumplir 30 años y mantenerte en forma es quizás lo más duro. La madurez es un grado más que te da la vida y gracias a eso he conseguido tener esta ambición deportiva.

No me imaginaba estar entra las 10 mejores del mundo en estos últimos años, cuando todo el mundo me daba por retirada. Para mí sería un broche de oro retirarme estando en el 'top ten' mundial.

-¿Que pasó cuando la Federación de Gimnasia te dijo que no contaba contigo en 2007?

Es un cúmulo de circunstancias. La entrenadora que estaba en aquel momento me quería como gimnasta. No supo sacar todo lo bueno de mí y entramos en un conflicto.

Acabó un Mundial, y lo lógico es que aunque no cuentes con la gimnasta para competiciones, la mantengas para que entrene con las más jóvenes... a mí no. A mí, de la noche a la mañana, me echaron del equipo nacional cuando llevaba ocho años allí y con un curso escolar a la mitad.

Estaba haciendo un ciclo superior de infórmatica y a mitad de diciembre me dijeron, 'vete a tu casa'. Se me acababa el mundo. Estaba en la adolescencia. Tenía mi vida hecha en Madrid, volví a casa y no quería salir, ver a nadie, estaba metida en una burbuja y me la pincharon.

No quería saber nada de la gimnasia, y fue mi propia entrenadora la que me dijo 'creo que te va a quedar una espinita clavada si dejas así la gimnasia', y volví. 

-En esos momentos, tu entrenadora Ruth fue como tu ángel de la guarda...

Sí. Yo estaba totalmente obcecada en que no contasen conmigo, y al final fue ella la que me sacó del pozo y la que me ha ayudado a alargar mi carrera deportiva de una manera distinta.

Me ha costado mucho, era súper negativa. Poco a poco lo he ido mejorando con ella y con el equipo que tengo en el CAR de León, que siempre echan una mano y te sacan adelante.

-Volviste en el Mundial de Japón en 2009, ¿qué sentiste al competir de nuevo?

Fue raro. Me encontraba a conocidos y me preguntaban, '¿qué te ha pasado el año anterior?' Si había estado lesionada.... y era algo difícil de explicar.

Estaba ilusionada y sin ningún tipo de presión. Estando dentro de las 24 mejores, cuando me vi cerca de la posibilidad de estar en los JJOO, se lo propuse a mi entrenadora. Ella me dijo que era 'difícil' pero 'factible'.

Ruth se entregó a entrenar conmigo, y en el Mundial clasificatorio fallé el aro y tuve la bala del preolímpico que salió bien y fui a Londres.

-En la preparación para Londres tuviste una grave lesión en el tobillo un año y medio antes...

Imagínate tirar un año y medio con los ligamentos del pie rotos. Al principio eran muchos dolores. El pie estaba muy inflamado.

Me lesioné tres días antes de un Campeonato de Europa, al llegar allí en el aeropuerto me tuvieron que llevar en el carrito de las maletas, porque no podía casi andar. El médico de la federación me dijo que era imposible competir.

Estuve dos meses bastante mal, sin poder hacer nada. Al final conseguí más o menos, reubicando los ejercicios (no haciendo nada con esa pierna), poder volver a competir.

Entrené así hasta la olimpíada y después de los Juegos me operé y me vi con la ilusión de continuar.

No lo tenía claro. Me lo planteaba como el final. Simplemente firmaba que me quedase bien el pie y que pudiese andar como una persona normal. Fueron 6 meses hasta que cogí ritmo. Fue duro, pero me vi tan bien que me planteé un año de transición para dejar la gimnasia, pero al final estaba en el puesto 18 y me convencieron.

-En esos momentos aprendiste a vivir con el dolor...

Más que nunca. Cuando era pequeña pecaba de ser hipocondríaca, todo lo contrario de lo que soy ahora. 

El dolor lo soporto bien. Si tengo una lesión y tengo que competir, compito.

-En Londres conseguiste un gran resultado...

Iba sin presión y no sabía si iba a ir a otros Juegos Olímpicos. Lo intenté hacer lo mejor que pude. Estaba rondando entre el 18 y el 24 del mundo y llegué a la olimpíada y me clasifiqué en la décimo cuarta posición . Me fui súper contenta porque aparte había conseguido ir con mi entrenadora de toda la vida.

-Tu trayectoria deportiva siempre ha sido superando retos y obstáculos... ¿te planteas siempre así tu vida?

Espero que en algún momento de mi vida pueda respirar un poco más. Es bonito porque nadie te va a aplaudir tu trabajo como te aplauden en una pista.

No sé qué será de mí cuando deje el deporte, pero a día de hoy creo que puedo ser válida prácticamente en lo que quiera tan solo por trabajo, constancia y cabezonería

-Cuajaste una clasificación casi perfecta para los Juegos de Río...

Clavé un Mundial casi casi sin fallos. Cuando quedé novena la reacción que tuve fue de llorar como una niña pequeña. No me lo esperaba. Cuando tienes la oportunidad de vivir unos Juegos tan cerca, no puedes desaprovecharla.

-Tus padres tienen la condición de personas sordas. Sin duda alguna has elegido el deporte perfecto para transmitirles sentimientos y hacerles muy felices...

Sí. Muchas veces estoy con mi madre viendo un vídeo en casa de mis actuaciones, y ella sabe perfectamente el tipo de música que estoy bailando sin escucharla. Cuando me ve en vivo, aparte del amor de madre, ella se emociona.

Mi especialidad por la gimnasia, es que lleno el pabellón por lo que transmito con el cuerpo. Con 30 años el cuerpo me duele, no puedo hacer lo mismo que una Rusa con 15, pero dicen que mi don es que me he comunicado con el cuerpo toda la vida.

Cuando vivía en Madrid, los dos días que estaba con ellos no paraba de hablar. Me salían agujetas en los brazos. Imagínate transmitirles todas las vivencias de un año en un día.

-¿Cuál sería el broche de oro a tu carrera en Río?

Sería la bomba quedar en el 'top ten', es decir, estar en la final olímpica. Más arriba del octavo soy realista, en individuales es muy difícil. 

Solo con ir es un premio, pero si salen bien las cosas y consigo estar en la final sería increíble.

-¿Qué es la gimnasia para Carolina Rodríguez?

Hasta ahora, mi vida. Un estilo de vida y ahora un capítulo que se va a cerrar, pero un capítulo al que voy a seguir ligada seguramente. Si soy quien soy es en parte a los valores que me ha transmitido el deporte. Por eso animo a los niños a que lo practiquen. 

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