Lunes, 20.01.2020 - 13:27 h

La fiesta fue del ciclismo

En las treinta y tres primeras ediciones de la Vuelta a España Bilbao y sus carreteras estuvieron presentes en los itinerarios de la carrera, y el regreso en 2011, después de otros treinta y tres de ausencia, respondió a todas las expectativas creadas.

José Luis Sorolla

Bilbao, 9 sep.- En las treinta y tres primeras ediciones de la Vuelta a España Bilbao y sus carreteras estuvieron presentes en los itinerarios de la carrera, y el regreso en 2011, después de otros treinta y tres de ausencia, respondió a todas las expectativas creadas.

Las carreteras vizcaínas y los kilómetros que tuvieron que completar los supervivientes de la prueba tras haber partido desde la localidad cántabra de Noja y adentrarse en Vizcaya por el Puerto de las Muñecas, se convirtieron en un estadio deportivo en el que todo el protagonismo recayó sobre los ciclistas.

La carrera se convirtió en la mayor fiesta vivida en esta sexagésima sexta edición al paso de la prueba desde que el pasado 20 de agosto arrancó en la turística Benidorm.

Escenarios espectaculares no han faltado en los ya más de tres mil kilómetros recorridos, Valdepeñas de Jaén, San Lorenzo de El Escorial, La Farrapona o el Angliru entre otros, pero con el regreso a Bilbao se puso la guinda a un pastel de veintiuna porciones.

"Ha sido una bilbainada y después de esta victoria, sin duda la mejor de mi carrera, ya me puedo retirar", decía irrefrenable un Igor Antón que poco a poco se hacía a la idea de que él era el vencedor de la etapa.

La retirada de Antón, a sus veintiocho años, todavía se presume lejana en su trayectoria deportiva, pero algunas de las vibraciones que le transmitió el poder alzar los brazos en la abarrotada Gran Vía bilbaína le servirán en el futuro para superar los malos ratos que también le tocará pasar. De hecho si llegó hasta aquí, después de pasarlo "muy mal en la primera semana", fue más porque todos le estaban anunciando la fiesta que se preparaba en su casa.

Los 4,4 kilómetros de ascensión al Alto de El Vivero, un puerto que "conozco como la palma de mi mano", añadió el ciclista vizcaíno, se convirtieron en un estrecho pasillo de inacabable ánimo para todos. Vestido de naranja su imagen se difuminó entre el gentío ataviado mayoritariamente con camisetas del mismo color. Más que una carretera parecía un lienzo enorme con los nombres de un buen número de ciclistas, pero primordialmente el del que al final del recorrido iba a lograr el triunfo, Antón.

El ciclista vizcaíno, que vive en las inmediaciones de El Vivero, no se jugaba solo la victoria de etapa. Era algo más, mucho más para él, que considera que ha hecho "historia" y también para su equipo, el Euskaltel-Euskadi, que estaba con su gente.

Los aficionados vascos se dejan ver por las cunetas en la mayoría de las grandes citas del ciclismo internacional y en esta ocasión la oportunidad la tenían al alcance de la mano y no la dejaron escapar. Las temidas reivindicaciones políticas se expresaron por medio de numerosas pancartas, pero sin perturbar el desarrollo deportivo de la carrera.

Miguel Madariaga, presidente de la Fundación Euskadi Ciclista, ya lo había anticipado el día anterior en Solares (Cantabria): "El regreso de la Vuelta a España al País Vasco será una fiesta y el día más feliz para los aficionados vascos". El resultado lo confirmó plenamente.

La Vuelta dejó de transitar por las carreteras vascas tras los incidentes que se produjeron en la edición de 1978 en el primer sector de la última etapa al paso por Durango, donde, tras bloquear con troncos la carretera grupos violentos, fue neutralizada varios kilómetros, aunque se reconoció a Txomin Perurena como su vencedor.

En el sector vespertino, una contrarreloj individual, también se produjeron diversos incidentes con algunos corredores y finalmente fue suspendido. Era el 14 de mayo de 1978.

En el aspecto estrictamente deportivo la victoria de etapa sirvió para incluir al Euskaltel-Euskadi en el reducido grupo de formaciones del pelotón internacional que esta temporada se han anotado un triunfo parcial en cada una de las tres grandes vueltas del calendario. La formación naranja ha ganado dos etapas en el Giro de Italia, una en el Tour de Francia y otra en la Vuelta a España.

Y en la lucha por el maillot rojo, el español Juanjo Cobo (Geox-TMC) conservó por quinto día consecutivo el liderato, pero no lo hizo sin sufrimiento. El esperado ataque del británico de origen keniano Christopher Froome (Sky) llegó en el último kilómetro y medio de El Vivero y 'el bisonte de la Pesa' estuvo atento y no se dejó sorprender. El cántabro arrancó una nueva hoja del calendario y solo tiene dos por delante.

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