Miércoles, 20.06.2018 - 18:53 h
Dice que no fue un soborno

La mafia de la FIFA: su exvicepresidente cobró 6,7 millones por Alemania 2006

El dudoso pago también fue investigado por encargo de la Federación Alemana de Fútbol (DFB) sin llegar a una conclusión definitiva.

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Los votos en la FIFA siguen rodeados de polémica y sospechas.

El exvicepresidente de la FIFA Mohamed Bin Hammam confirmó haber recibido un pago de 6,7 millones de euros en relación con la presunta compra de votos para celebración del Mundial de fútbol de 2006 en Alemania, informó este sábado el canal televisivo alemán ZDF. Sin embargo, el catarí, suspendido de la FIFA de por vida por cargos de corrupción, negó que se hubiera tratado de un soborno, señaló el canal público en un informe que será emitido mañana domingo.

Según Bin Hammam, las acusaciones en torno a la concesión de la Copa del Mundo de 2006 no están dirigidas en su contra. "Ninguna me concierne. Son sólo acusaciones y seguirán siendo eso, acusaciones", insistió. El destino y el motivo del pago de 6,7 millones de euros están en el centro del escándalo que se desató en torno a la elección en 2000 de Alemania como sede del campeonato de 2006.

Hasta ahora se desconoce la razón por la cual este dinero fue transferido en 2002 de una cuenta del presidente del comité organizador, Franz Beckenbauer, y del entonces socio y mánager de este, el ya fallecido Robert Schwan, a una cuenta en Catar de una de las empresas de Bin Hammam. Beckenbauer aseguró en varias ocasiones que el dinero tenía por finalidad asegurarse un pago adicional de la FIFA para financiar los costes de organización del Mundial.

Alemania acabó siendo elegida como sede del torneo en 2000 por el comité ejecutivo de la FIFA, en una elección en la que se impuso 12-11 sobre Sudáfrica. Fueron decisivos los apoyos europeos y asiáticos, además de la sorpresiva ausencia en la votación del neozelandés Charles Dempsey. El país africano albergaría el primer Mundial en el continente cuatro años después de Alemania.

El dudoso pago también fue investigado por encargo de la Federación Alemana de Fútbol (DFB) por el despacho internacional de abogados Freshfields, que sin embargo no pudo aclararlo cabalmente. El escándalo costó el puesto a Wolgang Niersbach en la presidencia de la DFB.

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