Moacir Barbosa, ahora sí ¡descanse en paz!

  • Con mucho humor y hasta cierta dosis de oportunismo el argentino Edgardo Norberto Andrada cargó durante un tiempo tarjetas que lo presentaban como el portero al que Pelé marcó el milésimo gol de su carrera.

Hernán Bahos Ruiz

Río de Janeiro, 9 jul.- Con mucho humor y hasta cierta dosis de oportunismo el argentino Edgardo Norberto Andrada cargó durante un tiempo tarjetas que lo presentaban como el portero al que Pelé marcó el milésimo gol de su carrera.

La fama le llegó a Andrada sin esperarla gracias al penalti que no atajó a los 78 minutos del partido entre Vasco da Gama y Santos aquella noche calurosa del 19 de noviembre de 1969 que reunió a 65.157 aficionados en el estadio Maracaná.

Al brasileño Moacir Barbosa Nascimento el más rotundo acontecimiento en su carrera como guardameta nunca le alcanzó para darse el lujo de recordarlo con humor o imprimirlo en una tarjeta de presentación.

En cambio, lo recordó seguramente hasta el último día de su vida, el 7 de abril del 2000, con el dolor de quien lee el epitafio en el sepulcro donde yace un ser querido.

En este caso, Barbosa leía el epitafio de su muerte futbolística grabado sobre una lápida imaginaria que debió cargar por culpa de las generaciones que lo tornaron como el peor de los incomprendidos.

Como el Andrada, Barbosa destacó entre los palos del Vasco da Gama. Y a los dos la vida les cambió sobre el césped del Maracaná, aunque primero al brasileño y diecinueve años después al argentino.

Ante Barbosa no se paró Pelé, como le ocurrió a Andrada.

El gol que no atajó el brasileño lo convirtió el uruguayo Alcides Ghiggia a falta de 11 minutos para el fin de un partido que se jugó el 18 de julio de 1950.

No era un partido cualquiera, era la final de un Mundial, como el que se juega actualmente, 64 años después, en el mismo territorio brasileño y en los graderíos se calcula que había 175.000 personas.

Bastaba un empate para que Brasil se alzara con el primer título mundial de su historia. El 1-1 parcial estaba a la medida.

Pero apareció Ghiggia... Su remate venenoso entró como una puñalada entre la pierna del moreno portero de apenas 174 centímetros de estatura y el vertical.

El título se quedó con la Celeste y Ghiggia construyó el mito del 'Maracanazo' sobre las ruinas de Barbosa, pese a que él jugaba con diez más.

"La máxima pena para un crimen en Brasil es de 30 años. Yo pago por aquél gol hace 50", lamentaba hasta antes de su muerte.

De nada sirvió incluso que 'el verdugo' de aquella fatídica tarde para el fútbol brasileño dijera a los cuatro vientos que Barbosa era uno de los mejores guardametas de la época, nadie atenuó su pena con los seis títulos que conquistó con el Vasco da Gama o la Copa América de 1949 con la selección Canarinha.

Con el tiempo creció el mito que atraía la mala suerte y ello explica que en 1993, cuando tenía 72 años, pasó la vergüenza de ser desautorizado su ingreso en la concentración de Brasil que se alistaba para enfrentar a Uruguay en el Maracaná en crucial partido de las eliminatorias del Mundial de 1994.

"Dijeron que yo podía transmitir una imagen negativa", explicó con los hombros encogidos al tratar de explicar el portazo que recibió de la comisión técnica liderada por Carlos Alberto Parreira al intentar hablar con el guardameta Claudio Taffarel.

Barbosa murió a los 79 años, catorce antes de lo que desde ayer podría llamarse el 'Mineirazo' por la inmisericorde paliza de 7-1 infligida por Alemania a Brasil.

Nadie podrá decir que el 8 de julio de 2014 vio el fantasma de Barbosa por Belo Horizonte, o rondando la portería de Julio César. Quizá llegó el momento de decir 'amén' para que, ahora sí, Barbosa descanse en paz.

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