Sábado, 04.04.2020 - 10:57 h
Rayo-Albacete, suspendido

De 'Evasión o victoria' al caso Zozulya: la alargada sombra nazi del fútbol mundial

El caso del delantero ucraniano, insultado en Vallecas, no es el único de un jugador de élite asociado con gestos fascistas en el fútbol.

Selecciíon italiana en el Mundial de 1934
Selecciíon italiana, en el Mundial de 1934.

El incidente protagonizado por Zozulya en Vallecas, que terminó la suspensión del encuentro por los insultos de la afición del Rayo al jugador ucraniano por su presunta ideología nazi, es solo el último capítulo de una larga lista de sucesos a lo largo de la historia. Por desgracia, el nazismo (o el fascismo en general) y el fútbol han tenido un recorrido muy paralelo: si en España el franquismo obligó a los equipos a utilizar solo el castellano en sus nombres (hasta 1972, el Athletic Club se llamó Atlético de Bilbao, y el Football Club Barcelona era Club de Fútbol Barcelona), en Italia y Alemania la ideologización del deporte era moneda corriente. Hasta el punto de servir como altavoces de los regímenes.

Quizás, la historia más conocida es la de 'Evasión o victoria', que John Huston llevó al cine con Michael Caine, Max von Sydow, Sylvester Stallone y estrellas del fútbol como Pelé, Osvaldo Ardiles o Bobby Moore. Los hechos en los que está inspirada la película sucedieron precisamente en Ucrania, el país de nacimiento de Zozulya y el lugar en el que varios jugadores profesionales se convirtieron en prisioneros de guerra durante la invasión nazi. Corría el año 1942 y el FC Start (un equipo formado por los presos) se enfrentó a diversas guarniciones alemanas hasta que, tras varias goleadas y victorias, el 9 de agosto se les advirtió de que serían fusilados en el caso de ganar el siguiente encuentro. Ganaron 2-0 y terminaron siendo ejecutados o muriendo en campos de concentración.

Pero en Italia se vivió otro de los dramas más conocidos: la imagen del saludo fascista de la selección transalpina, que era la anfitriona del Mundial de 1934, es una de las más recurrentes a la hora de ejemplificar hasta dónde llegaban los tentáculos de Benito Mussolini por entonces. Incluso el árbitro y los jueces de línea también debían realizar ese gesto antes del partido. Pero, quizás, la obsesión del Duce con el fútbol se entienda aún mejor con las palabras que le dirigió al presidente de la federación italiana, antes de celebrarse el torneo: "No sé cómo lo harás, pero Italia debe ganar este campeonato".

En cada partido de Italia durante aquel campeonato, Mussolini, la cúpula del fascismo y miles de camisas negras sometían a juicio a sus propios jugadores, que temían que el lema fascista ("vencer o morir") se hiciese realidad en el caso de caer derrotados en el campo. Ganar el Mundial de 1934 se había convertido en una cuestión de vida o muerte y, por eso, en los cuartos de final, ante España, se vivió uno de los partidos más dramáticos que se recuerdan. Los españoles eran superiores, pero terminaron sufriendo toda la presión del Duce: la violencia extrema de los italianos causó nada menos que siete lesionados y el gol del empate de la 'Azzurra' llegó solo cuando agarraron a Ricardo Zamora (el mejor portero de la historia hasta entonces) para que no pudiera llegar a un remate manso de un jugador italiano en uno de los escándalos más evidentes que se recuerdan en el fútbol. El árbitro no pitó y, en la repetición del partido, anuló dos goles legales a España, que perdió la eliminatoria pero que, probablemente, salvó la vida de los futbolistas italianos.

Neonazis y fútbol en el siglo XXI

Tras la caída de los fascismos en Europa, el fútbol mantuvo alejada la ideología nazi durante muchos años. Salvo en España y Portugal, donde los regímenes de Franco y Salazar continuaron hasta los años 70, en el resto del continente nadie se planteaba (o se atrevía) a exhibir símbolos o lemas fascistas. Pero en las últimas dos décadas parecen haberse multiplicado. Y hay múltiples ejemplos. Christian Abbiati (exportero del Milan y el Atlético de Madrid) declaraba en una entrevista ser seguidor de Mussolini, explicando: "Yo no me avergüenzo de manifestar mi fe política". Su compatriota Paolo Di Canio fue otro de los que no se cortaba un pelo: en prácticamente todo el cuerpo tiene tatuados símbolos y frases fascistas y en más de una ocasión se dirigió a la gradas con el saludo romano.

El legendario Gianluigi Buffon es otro de los que han protagonizado incidentes de este tipo: en 1999, aún en el Parma, enseñó una camiseta con el lema fascista 'Boia chi molla' (Verdugo el que abandona). El año siguiente, se puso el dorsal 88 (que algunos interpretaron que se refería al 'Heil Hitler') Además, en la celebración de la victoria de la selección italiana en el Mundial de 2006, mostró una bandera con una cruz celta que rezaba: 'Fieri di essere italiani' (orgulloso de ser italiano).

Más recientemente y en España, Koke Resurrección protagonizó otro gesto fascista. Ocurrió en 2012, cuando el Atlético se hizo con la Copa UEFA: durante los festejos, el joven centrocampista exhibía un pañuelo atado a la cabeza, el cual contenía una calavera conocida como Totenkpf, símbolo de las SS y del ejército alemán durante el Tercer Reich. Posteriormente, pidió disculpas porque "no sabía lo que significaba".

El caso de Zozulya y el Rayo Vallecano viene de lejos: en enero de 2017 se acordó su cesión desde el Betis. Sin embargo, la afición rayista logró paralizar el traspaso por su presunta ideología neonazi: ha apoyado públicamente a Stepán Bandera o los Dnepr White Boys. Bandera es una de las figuras históricas de Ucrania más polémicas. Hombre honrado por movimientos nacionalistas, así como por organizaciones de extrema derecha, fue condenado por los asesinatos de 4.000 judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Los Dnepr White Boys es uno de los grupos ultras neonazis del Dnipro Dnipropetrovsk, equipo donde jugó desde 2011 a 2016, justo antes de llegar a España.

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