Martes, 19.11.2019 - 14:28 h

La sede de 120.000 m2 del Popular que costó 144 millones y murió antes de nacer

El banco recién rescatado planeaba su traslado este otoño a su nueva megasede corporativa, junto a la Autovía A2, con guardería y 1.600 plazas de aparcamiento.

La decisión sobre su futuro queda en manos de su nuevo dueño, el Santander. El valor de construcción del inmueble es de 144 millones de euros.

La sede de 120.000 m2 del Popular que costó 144 millones y murió antes de nacer

Sólo unos días antes de que el Popular fuese desahuciado por el Banco Central Europeo (por su falta de liquidez) su entonces presidente, Emilio Saracho, visitó las obras de su nueva y flamante sede. A orillas de autovía A2, ocupando más de 120.000 metros cuadrados y con 1.600 plazas de aparcamiento, pretendía dar cobijo, a partir del otoño, a los 3.000 empleados corporativos de la institución financiera.

Saracho y parte de la cúpula del banco visitaron uno de los cuatro edificios que componen el complejo. Lo hicieron, simplemente, para ver cómo iban las obras, según indica alguno de los trabajadores que está perfilando las últimas pinceladas del proyecto. La idea, que esté listo en la primera o la segunda semana de julio. Para lograrlo, han tenido que trabajar sábados y domingos. Hoy sólo quedan 400 de los cerca de 2.000 trabajadores que han estado inmersos en la construcción.

Tener una megasede a las afueras de Madrid no es una idea que sólo haya tenido el Popular. Es lo mismo que hicieron su nuevo dueño, el Santander, en Boadilla del Monte; y BBVA, en Las Tablas. Éste iba a ser el buque insignia de un nuevo tiempo para el Banco Popular. Pero su rescate este miércoles, cuando estaba al borde de la quiebra, puede dejarlo vacío.

Ahora tendrá que decidir su futuro la firma presidida por Ana Botín y aún es muy pronto para saberlo. “Hay que analizarlo”, indica un portavoz de la entidad. Las opciones: quedárselo, alquilarlo o ponerlo a la venta. En cualquier caso, el valor de la construcción es de 144 millones de euros, según la firma Bovis, que ha gestionado el proyecto.

Realmente, la nueva sede del Popular está integrada por dos inmuebles. Los separa un kilómetro de distancia y la ‘barrera’ de la A2. El primero de ellos está situado en la calle Abelias. Ya está construido (22.600 m2) y plenamente operativo, porque concentra los servicios tecnológicos del banco. Bovis lo valora en 70 millones de euros.

La clave es el segundo, en los números 11 y 13 de la calle Juan Ignacio Luca de Tena. Justo al lado de la sede del diario ABC. Hasta su construcción, el solar ya albergaba dos edificios del Popular, que se demolieron por completo. “Dos años después de comenzar las obras del edificio en la calle Abelias, se nos encargó el desarrollo de una propuesta que se acomodara a la nueva situación económica”, explica en la memoria del proyecto el estudio Arquitectos Ayala.

El concurso para decidir la firma encargada del diseño se puso en marcha en 2009, cuando la crisis ya estaba dejando huella. “Debía ser la sede representativa del banco y contener los espacios dedicados a presidencia y consejo de administración. La crisis económica mundial hacía necesaria una reflexión sobre la optimización de recursos y la repercusión del coste del m2 de oficina por empleado”, explica el estudio de arquitectura. “Menos fachada por metro cuadrado es más barato. Saber hasta dónde se puede estirar este razonamiento es la base del proyecto”, añade.

El edificio de Luca de Tena cuenta con cuatro bloques de oficinas, separados por patios y conectados entre ellos por medio de escaleras y pasarelas aéreas y un salón de actos que perseguía ser “el centro neurálgico” del proyecto. Inmuebles con fuertes medidas de seguridad aunque aún estén completamente vacíos. Entre ellas, cámaras, infrarrojos y pases individuales para cada uno de los trabajadores de las obras. Al margen de las oficinas, la nueve sede quería contar con guardería y una vía de acceso propia, a la derecha de la Autovía que une Madrid y Barcelona, para evitar que se convirtiera en un cuello de botella.

“La piel que envuelve los volúmenes capta la luz y la refleja con brillos atenuados por un conjunto de reflectores solares de cilindros cerámicos, estudiados para un soleamiento controlado que, a su vez, proporciona un juego de colores de apariencia aterciopelada”, indica la memoria del proyecto. Un juego de luces que no se sabe si llegará a ver alguno de los exempleados del Popular, el banco que dejó de existir la noche del 6 al 7 de junio.

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