El Santander asume una losa de 7.500 millones de deuda ‘ladrillo’ del Popular

Son emisiones de renta fija que ofrecen como garantía los préstamos hipotecarios del banco, uno de los negocios del Popular más dañados.

La presidenta de Santander, Ana Botín; junto al consejero delegado de la entidad, José Antonio Álvarez; y Rami Aboukhair, director general de Santander España.
La presidenta de Santander, Ana Botín; junto al consejero delegado de la entidad, José Antonio Álvarez; y Rami Aboukhair, director general de Santander España.

La compra del Popular por el Santander tiene letra pequeña e irá apareciendo más con el paso del tiempo. La adquisición, formalmente, se ha llevado a cabo por un euro, más una ampliación de capital por 7.000 millones con la que hacer frente a las provisiones por su agujero inmobiliario. Pero hay más.

La firma presidida por Ana Botín tiene que asumir también vencimientos de deuda por valor de 7.578 millones de euros. Se trata de cédulas hipotecarias que irán concluyendo su vida a lo largo de este año y hasta 2020. El Santander confirma que se tendrá que hacer cargo de estos vencimientos.

De esa cifra, la parte sustancial abarca desde el pasado 1 de abril hasta el 31 de diciembre de este año: 2.850 millones de euros, así que una parte (indeterminada) ya ha vencido. En 2018, el Santander tendrá que encargarse de 1.350 millones; en 2019, otros 1.888; y, finalmente, en 2020, de 1.490 millones de euros.Emisiones vinculadas al ladrillo

Las cédulas hipotecarias son emisiones de renta fija que sólo pueden realizar las entidades financieras. Se emiten con la garantía a sus espaldas de los préstamos hipotecarios del banco. Así, son esos préstamos los que aseguran que se podrá recuperar tanto la inversión como los intereses. Y ese es, precisamente, el flanco más débil del Popular.

El agujero en su balance del negocio inmobiliario no lo conocía ni su anterior equipo directivo, encabezado por su ya expresidente, Emilio Saracho. Hace sólo unas semanas, puso en marcha una nueva tasación de 40.000 activos inmobiliarios porque, simplemente, desconocía su valor real. Y los créditos vinculados a ese negocio del ladrillo no están mucho más sanos.

El Santander estima todos los activos improductivos (tóxicos) del Popular en 36.800 millones de euros. De ellos, 17.700 millones están vinculados a promociones inmobiliarias fallidas. Además, suma otros 12.100 millones en créditos inmobiliarios morosos. Por eso, al banco con sede en Boadilla del Monte no le queda más opción que realizar provisiones de 7.200 millones de euros sólo para cubrir este agujero ligado a la burbuja de la construcción: 4.700 para activos inmobiliarios y 2.500 millones para créditos morosos vinculados.

Ahí es donde se va a poner el foco a la hora de hacer adelgazar al Popular. “Queremos desprendernos de la mitad de los activos inmobiliarios en 18 meses”, aseguró Ana Botín al explicar a los medios las razones de la compra del Popular y los objetivos que tiene por delante.

De lo que sí se ha librado el Santander es de hacer frente a las emisiones de deuda subordinada del Popular. La mayor parte de estas emisiones (CoCos) convertibles en acciones, 1.346 millones, redujeron su valor a cero con la intervención del banco por la Junta Única de Resolución europea (JUR) y por el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (Frob).

Durante la noche del martes al miércoles, esos CoCos se convirtieron en acciones y, de golpe, se redujo su valor a nada. Es lo mismo que le pasó a todas las acciones del Popular. Había más CoCos, por valor de 684 millones. Esos no desaparecieron de golpe. Se convirtieron en capital y el Santander los compró por sólo un euro.

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