Ante el cambio climático 

Condenado a la 'silla eléctrica': el sector de la automoción se cambia de manos

Las compañías lo saben y, de hecho, asumen el compromiso de alcanzar “una movilidad cero emisiones a lo largo de las próximas décadas”. 

Podcast | Cómo subirse al 'boom' del coche eléctrico... al margen de Tesla
Condenado a la 'silla eléctrica': el sector de la automoción se cambia de manos. 
Pixabay

Pocas veces una industria había asumido de una forma más clara su futuro. El sector del automóvil ha aceptado unánimemente la transformación de su ecosistema natural para dar paso a otro en el que la electricidad será el ‘driver’ que ponga fin a cien años de dominio de la combustión. La realidad ha impuesto que los requisitos establecidos en la lucha contra el cambio climático hagan imprescindible optar por un cambio de modelo en el transporte, especialmente en el de carretera, aunque también afecta de la misma manera al aéreo o incluso al ferroviario.

Las compañías lo saben y, de hecho, asumen el compromiso de alcanzar “una movilidad cero emisiones a lo largo de las próximas décadas”, como reconoció ANFAC durante la celebración de su última asamblea general. Para alcanzar esta meta los fabricantes tradicionales deben modificar sustancialmente su estilo de negocio. El coche, la movilidad, el transporte, han sido siempre sinónimos de libertad y autonomía. Cambiar una metodología y sistema de ventas basadas en el motor de combustión a otro mucho más simple, como es el eléctrico, es un proceso mucho más complejo de lo que pueda parecer a simple vista.

No es un simple cambalache de engranajes y piezas. Detrás de todo ello está lo que algunos pensadores modernos llaman la “revolución del transporte”. Una metamorfosis industrial que esconde profundos cambios sociales, principalmente en la preferencia de compra y gustos del consumidor, que es, a fin de cuentas, el ciudadano perfecto en la economía del capital.

Las cajas de cambio convencionales desaparecen, la refrigeración, indispensable en la combustión, carece de sentido, por lo que la fiabilidad e ingeniería del motor, como uno de los requisitos de compra esenciales, se desplaza a otros conceptos, como el diseño, la tecnología, la autonomía o el precio de la electricidad con la que se recarga. Como contrapartida, el consumidor renuncia a que su vehículo ruja como lo hacía en el pasado y este no es un cambio menor.

La gran mayoría de fabricantes ya han anunciado su apuesta por el vehículo eléctrico. Honda dejará de vender coches de combustión en Europa en 2022. Mercedes Benz lanzará al mercado ocho vehículos eléctricos en el mismo periodo. Audi prevé alcanzar la cifra de 20 coches eléctricos comercializables en 2025. Ford y Volkswagen se han aliado para fabricar coches eléctricos y autónomos en una operación en la que el fabricante americano destinará más de 11.000 millones de euros.

Son solo algunos ejemplos de una tendencia unánime en el sector. El futuro será distinto a la combustión convencional, con una clara orientación a la electrificación y con muchas posibilidades para la hibridación en el medio plazo. Son señales que muestran de manera pacífica que la tecnología basada en el petróleo y sus derivados tiene fecha límite, al menos en Europa. Muchos países, como Francia o Alemania, ya han anunciado la entrada en vigor de prohibiciones y restricciones a las antiguas tecnologías aplicadas en el transporte, en un movimiento que encontrará reticencias por parte de aquellas industrias que no se hayan adaptado al tsunami tecnológico que está por venir.

En el ecosistema automovilístico convivirán las antiguas dominadoras del mercado con las nuevas apariciones estelares. Empresas como Tesla están llamadas a protagonizar la revolución de la movilidad, si bien el coste de ser el primero en moverse puede pasarle factura en el futuro. En el tercer trimestre del año, la compañía de Elon Musk batió todos los records existentes hasta la fecha en ingresos y beneficios, con 8.700 y 331 millones de dólares respectivamente y unas cifras de ventas de 139.300 coches sólo en ese trimestre.

La apuesta del magnate sudafricano ha sido realmente atrevida. Su sueño inicial de hacer realidad un proyecto universal de electrificar el transporte supuso todo un reto personal y político. Musk llegó al punto de sacrificar a su empresa, si esto fuera necesario, para ver circular coches eléctricos por las calles de Estados Unidos o Europa.

Aunque con diferencias notables, Musk no está solo en la batalla. China, de nuevo China, es el gran dragón dormido en todo este proceso. Aun callados, el país asiático ostenta el liderato en cuanto a producción y venta de vehículos eléctricos, gracias a una política decidida de incentivos por parte de las autoridades de Pekín. La penetración de esta tecnología es tal que, no dentro de muchos años, superará las ventas de coches de combustión térmica en su país. En este mismo sentido, el gobierno comunista está retirando paulatinamente las ventajas y ayudas para la adquisición de este tipo de vehículos entre sus nacionales. Este sí puede ser un factor determinante en el nuevo año. Los consumidores chinos compran más vehículos de nueva generación que el resto del mundo y lo hacen a un precio mucho más barato que el que ofrecen sus homólogos americanos o europeos, donde adquirir un producto con esta tecnología está al alcance de unos pocos.

La industria del vehículo eléctrico chino es la más poderosa del mundo. Si en el pasado su aspiración ha sido convertirse en el dominador absoluto del mercado nacional, en la actualidad vive el momento perfecto para dar el salto al mercado americano y europeo. Detrás de este auténtico directo al hígado a la industria tradicional están las verdaderas intrigas y vaivenes diplomáticos entre Pekín y Washington. Byton o Polestar figuran como las favoritas para desbancar a los productores de ambas orillas del Atlántico del pódium de ganadores de esta batalla. La primera tiene previsto comerse el mercado europeo, principalmente el escandinavo y el alemán durante el presente año, mientras que la segunda ya lo ha hecho en 2020, también en el mercado escandinavo, que se encuentra mejor preparado para la circulación del vehículo eléctrico por sus carreteras.

Esta es la gran paradoja de la Unión Europea. Apostar por la movilidad eléctrica reducirá de manera sustancial las emisiones en el continente, pero invertir en una red de recarga e infraestructuras eléctricas conllevará la ‘invasión’ de millones de vehículos eléctricos fabricados en China y a unos precios realmente atractivos, amenazando directamente la hegemonía europea en vehículos de alta y media gama.

El movimiento puede llegar incluso a comerse a aquellos pioneros que, como Tesla, hicieron posible un sueño del que ahora despertamos y en el que han cambiado todos los actores que hace apenas unos años dominaban el mercado. Es la silla eléctrica de un sector en el que el último en adaptarse sufrirá las consecuencias de un alto voltaje mortal.

Mostrar comentarios