Las cuatro últimas crisis en España (I)

Desastre del 98: el 'Vietnam' español que acabó con el bipartidismo

Más se había perdido en la crisis financiera del periodo anterior, entre 1866 y 1868, que desembocó en la Revolución de La Gloriosa con el derrocamiento de la reina Isabel II. 

Guerra de Cuba
Desastre del 98: el 'Vietnam' español que acabó con el bipartidismo. 
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"Vencer en un combate serio es imposible". El general Martínez Campos, artífice de la restauración borbónica en 1874 tras el sexenio revolucionario iniciado en 1868, resultado la primera de las grandes crisis económicas modernas de España, sentenciaba así la realidad de la Guerra de Cuba (1898), que se convirtió en una suerte de 'Vietnam' del pasado para el país. Una fugaz guerra de guerrillas a miles de kilómetros de distancia y a un coste estratosférico. No fue el único escenario, en la otra punta del planeta, en Filipinas, se produjo además en un terreno donde los nativos no habían sido integrados en la metrópoli, no hablaban el mismo idioma y no tenían las mismas costumbres.

Militar y políticamente fue un desastre, es más dudoso que el desenlace fuera la causa de una crisis económica. No se perdió tanto en Cuba. Más se había perdido en la crisis financiera del periodo anterior, entre 1866 y 1868, que desembocó en la Revolución de La Gloriosa con el derrocamiento de la reina Isabel II y que terminó con la Primera República (1874). La pérdida de las colonias sí ahondó en cambio en la fractura precisamente de la restauración y el bipartidismo que surgieron tras el caos del sexenio revolucionario con la constitución de 1876 y el regreso del rey con Alfonso XII.

Militar y políticamente fue un desastre, es más dudoso que el desenlace fuera la causa de una crisis económica

La tormenta política del 98 tras el fracaso del ‘regeneracionismo’ supuso un espaldarazo para el recién creado PSOE y su Unión General de Trabajadores, para el anarquismo, y para los partidos nacionalistas: actores que habrían de desempeñar un papel fundamental en el siglo que entraba. Las mayores lecciones de la época apuntan al funcionamiento del bipartidismo. Si es cierto que en la actualidad se esté retornando a socialistas y populares la imagen que devuelve la época de la restauración es que la falta de acuerdos a largo plazo entre liberales y conservadores convirtieron los gobiernos en un pasacalles: políticas anuladas antes de tiempo por el simple turno en la presidencia.

Antes de eso, la guerra, como es normal, fue un infierno para los soldados. Las enfermedades, como les ocurriría sesenta años después a los propios estadounidenses en el sudeste asiático, se cebaron con la tropa: en este caso fue peor ya que murieron más por complicaciones médicas que por el combate, muchos de ellos incluso en la misma travesía desde España, sin llegar a pisar tierra. En definitiva, a pesar de que al menos el ejército español infligió grandes daños a los EEUU, que sobre el terreno estaban peor preparados para el combate de infantería, ya antes de comenzar, prácticamente nadie en el ejército o la marina supuso por un instante que se pudiera ganar la guerra. El patrioterismo político y en las calles se desbordó en cambio ilusoriamente en los compases previos. El aterrizaje sería duro.

Batalla naval en Santiago de Cuba
Batalla naval en Santiago de Cuba. 
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El almirante Cervera, que llevó su propia flota en Santiago de Cuba al hundimiento, consideraba que "se la podía dar por perdida con el simple hecho de que viajara allí" -Javier Tusell, ’Del 98 a la proclamación de la Segunda República ’(Taurus)-. Se cumplirían sus pronósticos: en la decisiva batalla naval de Santiago de Cuba, tras ser encerrados en la bahía, el propio Cervera trató de romper el cerco huyendo del combate por la estrecha bocana. Si se visita Santiago, desde el Morro es fácil imaginar la desesperada acción evasiva: con una flota superior y en ventaja estratégica para los acorazados americanos se convirtió prácticamente en un tiro al plato. La derrota de ese día está impresa en la memoria nacional más amarga junto a Trafalgar, Annual, y la Batalla de Cavite entre otras, esta última durante el mismo conflicto con los EEUU en Filipinas: otro desastre naval a sumar a la lista. Tan necesario es relatar las gestas de Blas de Lezo como los desastres que siguieron en el declive de lo que fue siglos atrás la mayor potencia naval. La gloria en el 98 se limitó a un pequeño destacamento perdido en la jungla: el sitio de Baler, donde bajo el mando del teniente Martín Cerezo los soldados españoles protagonizaron una de las gestas más heroicas e inútiles de la historia de España.

Al margen de los últimos de Filipinas y aunque se hayan buscado culpables, no se pudo hacer mucho más tampoco en Cuba. Según el historiador Javier Tusell, en toda la batalla de Santiago la flota española causó un solo muerto a la de EEUU, mientras que murieron 60.000 españoles en total según datos de Tusell. No se debe tanto al mito de la desproporción entre la calidad de los barcos de guerra, sino sencillamente al número, que era aproximadamente de tres a uno: es decir, un auténtico suicidio. España, en fin, había declarado la guerra por puro prestigio internacional, azuzado también por los lobbys caciquiles de las colonias y salió, como era previsible, relegado a una potencia de segundo orden una vez liquidadas sus últimas posesiones de ultramar. Según el secretario del Foreign Office británico, lord Salisbury, una “nación moribunda”.

Al margen de los últimos de Filipinas y aunque se hayan buscado culpables, no se pudo hacer mucho más tampoco en Cuba

El pesimismo en el que se sumió la nación, especialmente el de sus intelectuales ha hecho que se confunda a menudo, sin embargo, el verdadero impacto de la fecha. El desastre del 98 no fue una crisis en sí misma, ya que para que hubiera funcionado como desencadenante tendría que haber habido una situación anterior de estabilidad y bonanza que lo diferenciara de los años siguientes. No fue el caso. Lo que ocurrió es que ahondó en la crisis política que ya era patente con anterioridad, más que en una recesión económica como consecuencia de la pérdida de las colonias, que no se produjo.

Qué supuso la pérdida de las colonias 

Para entonces eran un cierto lastre económico que según la historiografía más reciente impedían un despegue económico industrial más moderno y que abocaron al estancamiento. Es más, según Charles J. Esdaile la guerra "no había provocado la crisis económica esperada. Aunque las exportaciones españolas a las colonias se habían visto afectadas por la guerra, la longevidad de sus vínculos con España y la preferencia de muchos de sus habitantes por el modo de vida español hizo que el comercio se mantuviese lo bastante como para que los industriales pudieran adaptarse a la nueva situación. al propio tiempo, la pérdida de valor de la peseta a consecuencia de la guerra disparó las exportaciones españolas".

Alfonso XIII

El papel de alfonso XIII

  • Llegó al trono en 1909 
En medio de la crisis, el joven se convirtió en Rey cuando todavía se digería el nuevo estatus del país. Conmocionado por el desastre, su principal problema fue que persistió en la tradición del rey-soldado, lo que le predispuso a una actitud negativa respecto a los políticos, a pesar de que ideológicamente tuviera una voluntad modernizadora. Al final, les culpó del colapso a ellos. 

Por si fuera poco, se repatriaron ingentes cantidades de capital de las colonias y la demanda interna se había visto potenciada por una excelente cosecha. “Es cierto que algunos sectores de la economía se vieron muy afectados, pero el balance global no fue una depresión, sino una reducción de la inflación y un aumento del crecimiento" -Charles. J. Esdaile 'La quiebra del liberalismo 1808-1939’ (Crítica)'-. Quizás la única solución en el caso de Cuba habría sido una profunda reforma del estatus político y económico de la colonia, un proyecto que intentó en dos ocasiones un joven Antonio Maura cuando aún militaba en el Partido Liberal, y que no pudo poner en marcha. Tras el desastre, viraría hacia el Partido Conservador y se convertiría en su figura prominente en el siguiente siglo durante el reinado de Alfonso XIII.

Las mayores implicaciones fueron sin duda políticas, puesto que se produjo en un momento en el que el sistema de la restauración canovista basado en los turnos de los dos grandes partidos bajo el arbitrio de la monarquía se estaba agotando. Tras el desastre, que se produjo durante la presidencia del liberal Mateo Práxedes Sagasta, el PSOE subió en votos y la UGT en afiliados de forma muy significativa, al igual que los anarquistas, mientras que los republicanos, divididos, tuvieron un espaldarazo mucho más discreto. El 'regeneracionismo' que lideró Joaquín Costa también se vio reforzado, la principal característica política del periodo con el apoyo de intelectuales de la talla de Unamuno, Valle-Inclán, Baroja, Ramiro de Maeztu, Machado o Ramón y Cajal y en la política, Maura, o Canalejas. Básicamente significaba la quiebra del sistema canovista de los turnos y desde las filas del mismo partido conservador que ahora lideraba Francisco Silvela tras el asesinato de Cánovas a manos de un anarquista en el mismo 1898.

Joaquín Costa

joaquín costa y su 'regeneracionismo' 

  • La política del período 
La principal característica política del periodo contó con el apoyo de intelectuales de la talla de Unamuno, Valle-Inclán, Baroja, Ramiro de Maeztu, Machado o Ramón y Cajal y en la política, Maura o Canalejas. Básicamente significaba la quiebra del sistema canovista de los turnos y desde las filas del mismo partido conservador que ahora lideraba Francisco Silvela tras el asesinato de Cánovas a manos de un anarquista en el mismo 1898.

El proceso sin embargo acabaría de forma desilusionante entre los regeneracionistas mientras que espoleó en cambio a los emergentes partidos nacionalistas que comenzaron a consolidarse tras la crisis de 1898. No se consiguió lo que hoy calificaríamos de reformismo. Según el historiador Pedro Carasa, la estabilidad era ilusoria ya que estaba pensado para no moverse ni evolucionar en ningún sentido -‘Historia de España del siglo XX: 1875-1939’ (Cátedra)-. El sistema de alternancia fundado en la constitución de 1876 con la restauración borbónica se fue desgastando no sólo con la prematura muerte de Alfonso XII -la regencia de su esposa la reina Maria Cristina fue continuista- si no por la propia quiebra de un mecanismo que se vio desbordado entre las propias luchas internas del partido liberal y conservador -los dos partidos que se repartieron el poder- y la crisis ideológica abierta tras el desastre del 98 para dar respuesta a otras realidades del país. Las veleidades de la corona con los ministros y la presidencia se hizo también cada vez más pesada. En medio de la crisis ideológica, Alfonso XIII llegó a la mayoría de edad en 1909, cuando aún se digería el nuevo estatus del país.

En poco tiempo, la Guerra del Rif y la instauración de la dictadura de Primo de Rivera abocarían a otra crisis

Conmocionado por el desastre, el principal problema de nuevo rey fue que persistió en la tradición del rey-soldado, como explica Esdaile, lo que le predispuso a una actitud negativa respecto a los políticos civiles y a pesar de que ideológicamente tuviera una voluntad modernizadora del país. Al final acabó culpando a los políticos del desastre del 98 y lo que es peor consideró el arbitrio de la política basado en la constitución de 1876 en una misión puramente regia. Sólo él podría regenerar España. Sin embargo, en poco tiempo, otra crisis colonial, la Guerra del Rif en Marruecos y otra política, con la instauración de la dictadura de Primo de Rivera abocarían a España a la tercera de sus grandes crisis modernas.

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