Miércoles, 26.06.2019 - 02:43 h
Cuando el comercio no se puede frenar

El bloqueo de Berlín y la economía del cigarrillo: así nació el 'milagro alemán' 

Se cumplen 70 años del 'puente aéreo' más famoso de la historia, ideado por los americanos para abastecer a la parte controlada por los soviéticos.

Muro de Berlín
El bloqueo de Berlín y la economía del cigarrillo: así nació el 'milagro alemán'. / L.I.

Durante once meses, entre junio de 1948 y mayo de 1949, las tropas soviéticas que ocupaban la mitad de Alemania mantuvieron un duro bloqueo a la ciudad de Berlín, para impedir la entrada de mercancías por tierra. Pero no contaron con que los aliados, principalmente los norteamericanos, lanzaran uno de los mayores, y más sorprendentes puentes aéreos de la historia para evitar que los berlineses murieran de hambre y de frío. Sucedió hace 70 años.

La historia de esta crisis se remonta a los primeros días de la ocupación de Alemania por tropas de EEUU, Francia, Gran Bretaña y la URSS. Tras la guerra, en 1945, esos países decidieron proseguir con la política de control de precios que existía antes de la guerra en Alemania. También las potencias ocupantes emitieron su moneda propia: los aliados imprimieron los llamados 'marcos aliados de ocupación', y los soviéticos sus propios billetes de marcos.

El problema es que al haber precios fijos, y mucho dinero en circulación, los productos desaparecían o se pagaban a precios elevadísimos en el mercado negro. Así que la verdadera moneda de cambio eran los cigarrillos americanos, razón por la cual llamaron a aquel sistema 'economía del cigarrillo'. La dura película 'Alemania Año Cero', de Roberto Rossellini reflejó aquel triste intercambio que sirvió hasta para pagar favores sexuales.

Los soldados norteamericanos cambiaban sus Lucky Strike o sus Chesterfield por souvenirs como Cruces de Hierro, cámaras Leica, joyas o sexo, y con esos cigarrillos, los berlineses compraban comida para no morir de hambre. Un cartón de Lucky le costaba 1 dólar a un soldado norteamericano en las tiendas del ejército. Lo vendía por mil marcos alemanes de ocupación y luego cambiaba esos marcos en 100 dólares, los cuales enviaba a EEUU por el servicio postal, según cuenta el profesor Loren Gatch en su ensayo 'Del mercado negro al barter en la posguerra alemana'.

"Ese mercado negro corrompía a las tropas norteamericanas y aumentaba el resentimiento de los alemanes", afirma Gatch en su estudio. Para eliminar el comercio con cigarrillos y regularizar los intercambios, los norteamericanos crearon comercios llamados Barter Center, donde los alemanes llevaban sus posesiones para cambiarlos por productos de primera necesidad. También emitieron cupones llamados BUTE (Barter Unit), que servían como moneda de cambio.

Las autoridades norteamericanas calculaban que en esos años, entre un tercio y la mitad de los intercambios realizados en Alemania se hacían usando el barter.

Henry Wallich, un economista norteamericano que sería gobernador de la Reserva Federal, contaba que los alemanes de las ciudades hacían diariamente largas excursiones al campo para cambiar por comida cualquier cosa que hubiera sobrevivido a los bombardeos (desde ropa hasta restos de muebles). En economía esa técnica se llama barter. Era como volver a la prehistoria del comercio.

Un especialista de un Barter Center examina un producto ante la mirada de un oficial norteamericano.
Un especialista de un Barter Center examina un producto ante la mirada de un oficial norteamericano. / L.I.

El barter además creaba otro problema: el absentismo. Puesto que para intercambiar productos por alimentos había que ir al campo, muchos berlineses se ausentaban de sus puestos de trabajo hasta el punto de que perdían 9,5 horas a la semana. El presidente alemán Ludwig Erhard y los norteamericanos decidieron acabar con todo este desastre haciendo una apuesta arriesgada. Primero, introducir una nueva moneda –el marco alemán (deutsche mark)–; y segundo, hacerlo a un cambio de 1 marco nuevo por 10 antiguos. Eso suponía poner fuera de circulación el 90% de los billetes antiguos, y también reducir la riqueza de cada alemán en un 90%.

Pero algo insólito sucedió. Sin avisar a nadie, el domingo 20 de junio de 1948, Erhard anunció por radio otra medida: dar fin al control de precios y al racionamiento. Los productos valdrían lo que se pagase por ello. Los norteamericanos le recriminaron. "¿Cómo se ha atrevido a relajar las medidas sobre el racionamiento de víveres si casi no hay víveres?". A lo que Erhard respondió: "No lo he relajado: lo he abolido. Ahora, la única cartilla de racionamiento serán los billetes de marco alemán. Y los alemanes tendrán que trabajar duro para conseguir marcos".

Los testigos afirman que el resultado del plan Erhard fue inmediato. Los alemanes dejaron de acaparar bienes. De la noche a la mañana, las tiendas se llenaron de productos en la medida que la gente se fiaba de la nueva moneda, de los precios y de los tipos de cambio. El absentismo laboral cayó a la mitad y la producción industrial se duplicó en todo el país en poco tiempo.

A los rusos no les gustó la medida. Ese resurgir de la Alemania occidental contrastaba con el estancamiento de la Alemania oriental. Entonces, los rusos decidieron dar un golpe en la parte de Berlín controlada por ellos: primero, lanzaron su propia moneda, el marco del este. Y segundo, no se podría introducir mercancías desde Occidente por ningún medio terrestre, ya fuera por ferrocarril, carretera o por canales. La idea de los rusos eran someter Berlín hasta que se rindiera a sus pies y cayera dentro del control total soviético.

El Muro de Berlín en plena construcción
El Muro de Berlín en plena construcción. / L.I.

Para entender este movimiento hay que entender que la capital de Alemania estaba en medio de un territorio conquistado por los soviéticos. Los aliados no podían poner un pie en Berlín sin pisar territorio soviético, lo cual sería tomado como una declaración de guerra.

Pero a los rusos se les olvidó un detalle: el cielo no se puede bloquear. Así que los norteamericanos organizaron el mayor puente aéreo hasta entonces conocido. Durante los once meses del bloqueo, los norteamericanos estuvieron transportando víveres, ropa, medicamentos y carbón a los berlineses desde otras ciudades de Alemania, o desde Gran Bretaña. Cada día llegaban miles de toneladas de productos de todas partes del mundo a Berlín, desde cacao hasta ropa. Se calcula que 4.000 toneladas de suministros aterrizaban diariamente en el aeropuerto Berlín-Tempelhof, servidos por aviones C 47 Skytrain y C 54 Skymaster. Hubo días en que se llegaron a desembarcar 13.000 toneladas. E incluso, se hizo famoso entre los niños berlineses un piloto que lanzaba caramelos desde el aire, el llamado 'candy bomber'.

Para crear un flujo veloz de llegadas y salidas en Tempelhof, era necesaria la coordinación de los equipos de tierra. Más de 3.000 alemanes divididos en turnos atendían los aterrizajes, y su maestría en la descarga llegó a ser tan acelerada que eran capaces de vaciar un C 47 en menos de 7 minutos. Los soviéticos pensaron que el puente aéreo no podría durar mucho, pero pasaban los meses, y la popularidad del puente aéreo iba creciendo. Los alemanes que vivían en la zona rusa envidiaban a sus paisanos en la zona aliada pues estaban mejor alimentados.

Una de las peores pruebas a las que se enfrentó el puente aéreo fue lo que en la guerra se llama 'el general invierno'. Las bajas temperaturas y la neblina de los meses invernales ponían el peligro la vida de los pilotos, pues aterrizar en esas condiciones a ciegas era casi un suicidio. Pero por fortuna, ya estaba en condiciones el sistema de aterrizaje controlado por radar llamado GCA (Ground Control Approach), un invento perfeccionado por un ingeniero norteamericano de sangre asturiana: Luis Walter Alvarez. Este ingeniero del MIT había mejorado las aplicaciones del radar y al final de la guerra ya se habían instalado varios sistemas GCA en los aeropuertos aliados, entre ellos en Tempelhof. "Los GCA junto con las potentes luces de pista y otras ayudas a la navegación permitieron a los aviones Skymasters estar capacitados para operar incluso en las peores condiciones", dice Roger Miller en su libro 'Cómo salvar a una ciudad: el puente aéreo de Berlín'.

Gracias a esa tecnología, a la pericia de los pilotos y a la gigantesca logística aliada, los berlineses pudieron sobrevivir al invierno de 1949, hace 70 años. Los rusos, al ver que la propaganda del puente aéreo estaba dañando su prestigio, decidieron levantar el bloqueo de Berlín en mayo de ese año. La ciudad se recuperó. Algunos tachan estos eventos como el nacimiento del llamado ‘milagro alemán’: una nación salió de la peor guerra de su historia convirtiéndose en una superpotencia económica.

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