El nuevo Gobierno griego deberá buscar soluciones inmediatas a la liquidez

  • El ganador de las elecciones generales del próximo domingo en Grecia tendrá la difícil tarea de retomar las negociaciones con los acreedores y buscar soluciones a los problemas de liquidez que pueden darse a partir de marzo, cuando finaliza la prórroga del segundo rescate.

Ingrid Haack

Atenas, 18 ene.- El ganador de las elecciones generales del próximo domingo en Grecia tendrá la difícil tarea de retomar las negociaciones con los acreedores y buscar soluciones a los problemas de liquidez que pueden darse a partir de marzo, cuando finaliza la prórroga del segundo rescate.

La convocatoria de las elecciones anticipadas dio al traste con el calendario acordado a comienzos de diciembre entre Atenas y Bruselas para una prórroga del rescate hasta finales de febrero.

La prórroga debía servir para cerrar hasta esa fecha las asignaturas pendientes del programa de ajuste, como la liberalización completa de los despidos en el sector privado, la eliminación de la protección contra los desahucios de las viviendas de primera residencia y el cierre de un déficit de financiación en los presupuestos de 2015 de unos 2.000 millones de euros.

El cumplimiento de estas medidas, pactadas con la troika de acreedores (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional), era requisito obligatorio para poder obtener el último tramo de la parte europea del rescate (1.800 millones de euros), que el Gobierno del conservador Andonis Samarás quería finiquitar ya en enero.

A partir de marzo estaba prevista la concesión de una línea de crédito preventiva del Mecanismo Europeo de Estabilidad para garantizar que Grecia pueda financiarse por si sola en buenas condiciones. Se hubiera tratado de un "minirescate".

El adelanto de las elecciones ha dejado en suspenso toda la negociación, que tan solo será retomada con el nuevo Gobierno, supuestamente en los mismos términos.

Los socios de la zona euro ya están preparándose para una posible victoria del partido izquierdista Syriza, y según destacan medios locales e internacionales, se está analizando la posibilidad de conceder a Grecia una nueva prórroga de hasta seis meses para dar tiempo a la negociación.

Sin embargo, el tiempo apremia por problemas inmediatos. En marzo Grecia deberá afrontar pagos por un total de 5.000 millones de euros en vencimientos de créditos y bonos y hasta entonces no podrá contar con la inyección del rescate.

La propuesta de Syriza de resolver el problema, aun sin el beneplácito de los socios europeos, mediante la emisión de letras del Tesoro a corto plazo ha caído en saco roto.

El ministro de Finanzas en funciones, Gikas Jardúvelis, recordó que solo los bancos griegos compran letras del Tesoro y que estos no tienen suficiente liquidez para hacerlo sin recurrir al mecanismo de asistencia a la liquidez (ELA, en inglés) del Banco Central Europeo.

Con ello Jardúvelis dejó claro que nada es posible sin el acuerdo con el BCE, es decir, con los socios europeos.

La convocatoria de elecciones ha generado una fuerte inseguridad en todo el sistema financiero del país; el temor a una posible inestabilidad política ha vuelto a disparar el bono a diez años en el mercado secundario, con cotas que han llegado a alcanzar el 10 %, y los cuatro bancos sistémicos han solicitado ya, o tienen previsto hacerlo en breve, fondos del ELA, "a modo preventivo", como destacan.

En diciembre, la salida de depósitos de los bancos rondó los 3.000 millones de euros y en enero la tendencia ha continuado.

Por ahora, el Banco de Grecia no ve motivos de alarma y asegura que la situación está "plenamente bajo control".

A medio plazo, los dos principales rivales, Andonis Samarás y el izquierdista Alexis Tsipras coinciden en que la receta para solucionar la crisis es mejorar la situación económica.

Tras seis años de crisis, los principales indicadores no son precisamente halagüeños: la deuda ha alcanzado en torno al 175 % del producto interior bruto (PIB), el déficit presupuestario del Gobierno central se situó en 3.640 millones de euros (5.440 millones en 2013), la inflación acumulada en diciembre era del -2,6 % y el paro se encontraba en diciembre en el 26 %

Pese a todo, los indicadores son ligeramente mejores que un año antes, y, por primera vez en seis años, la economía creció en términos reales en un 0,7 % en el tercer trimestre en comparación con el segundo y un 1,6 % en comparación interanual.

Las recetas para impulsar la economía son diametralmente opuestas: Samarás promete mantener el rigor presupuestario, pero al mismo tiempo rebajas de los impuestos empresariales y del IRPF, mientras que Tsipras anuncia la restauración del salario mínimo a los niveles anteriores a la crisis, la subida de las pensiones mínimas y un programa de incentivo a las inversiones, así como una negociación para una quita de parte de la deuda en manos públicas.

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