David Lizoain Bennett da las claves en su último libro

El suicidio del Primer Mundo: impotencia democrática, desigualdad y precariedad

La victoria de Trump, el Brexit, el movimiento 5 Estrellas y el auge del autoritarismo, el populismo y la xenofobia no es casual.

Donald Trump durante el foro económico de Davos
Donald Trump durante el foro económico de Davos / EFE

¿Se está suicidando el Primer Mundo? La respuesta es sí. David Lizoain Bennett lo deja claro en su libro 'El fin del primer mundo' (editorial Catarata). Y aporta muchos datos para demostrarlo. Uno de ellos es que el envejecimiento sea una evidencia que los políticos pasan por alto. Un titular lo evidencia: la venta de pañales para adultos en Japón ya ha superado la de pañales para niños y los pensionistas han empezado a cometer delitos menores para ser enviados a la cárcel. En España ya están en las calles. Y ojo, deciden Gobiernos.

Los jóvenes, que votan poco y por ello son poco escuchados, no ven ningún proyecto que solucione su falta de futuro y su precariedad. Es relevante que la Unión gaste más dinero por vaca que por joven parado. La desigualdad en gasto energético es una evidencia como refleja que Liberia entera tenga menos capacidad de consumo eléctrico que el estadio de fútbol americano de los Dallas Cowboys. Y más. La proporción del PIB mundial dedicado a subvencionar al carbón es superior al gasto público mundial en sanidad. Son ejemplos de realidades de hoy en los países más desarrollados ¿No hay remedio? 

David Lizoain Bennett es optimista pese a todo. "Lo primero para ser optimista es entender que el presente es pesimista. Y darse cuenta que la victoria de Trump, el Brexit, las elecciones italianas, el aumento del populismo, la xenofobia... todo ello tiene unas razones. La primera de todas es la inseguridad económica. El capitalismo está en decadencia, pero puede ser equilibrado". 

No parece tan fácil cuando uno revisa que la expectativa de permanencia en un trabajo es de menos de tres años para el 91% de los millennials, lo cual implica que pasarán por entre quince y veinte trabajos a lo largo de su vida vida laboral. En España los jóvenes envían más de 60 currículos antes de encontrar empleo, con suerte. ¿Precariedad? No es solo española. En 2012 se postularon 1.701 personas para ocho puestos de trabajo en una cafetería en Nottingham (Reino Unido). Del mismo modo, en 2011 más de un millón de personas enviaron solicitudes para uno de los 62.000 puestos de trabajo ofertados por McDonald’s, remunerados con el salario mínimo en Estados Unidos. Y en España ha habido colas para trabajar de lo que sea en un hotel...

Así, la desconfianza en los políticos no para de crecer y es tal que los ingleses proBrexit no confiaban en ningún experto... ni siquiera en los meteorólogos. Ante este miedo a perder el control de sus vidas, recuperar la soberanía se ha convertido en el eslogan. Sí, el América First de Trump (los blancos son hoy menos optimistas que los negros y latinos), pero también los ataques de Podemos o de la primera Syriza a la UE, ya más mitigados. Y este malestar pueden explicar, en parte, los nacionalismos de Cataluña, Flandes y Escocia. Es llamativo que el mayor logro europeo del siglo sea atacado desde todos los flancos. Del exceso de entusiasmo y triunfalismo del euro se ha pasado al catastrofismo. Pero las reformas no llegan. El aislacionismo como placebo gana enteros. 

"Hay muchos capitalismos, ése no es el problema. No es lo mismo Suecia que EEUU. Las reformas deben darse primero en las instituciones. Las energías fósiles chocarán más pronto que tarde contra los límites planetarios aunque su lobbie se resista", señala el autor. Hay que dar, en su opinión, pequeños pasos. Teniendo en cuenta que en algunas zonas del mundo ya se crean cápsulas para vivir, algo hay que hacer. "Solo con que la UE se pusiera de acuerdo en acabar con los paraísos fiscales se daría un enorme paso, y en la agenda, poco a poco ya está", sentencia. En 2014, los ingresos públicos como proporción del PIB oscilaban en la OCDE entre el 33,1% de Estados Unidos y el 57,4% de Dinamarca. ¿Va mal Dinamarca?

pasos hacia una realidad irreversible

El cambio climático la palanca del cambio

En las dos últimas décadas, el número de desastres naturales por año se ha duplicado, pasando de 200 a 400. Los hogares de 130 millones de personas están en riesgo de quedar sumergidos si el planeta se calienta un par de grados. En 2050 si no se hace nada puede haber 200 millones de refugiados climáticos. Son anuncios que provocan miedo. Y mientras, se estima que Big Oil gasta 115 millones de dólares al año para obstaculizar políticas en materia climática. De hecho, según los cálculos del FMI, el 3,9% del PIB mundial se destina a proporcionar subsidios al carbón. Este subsidio (5,3 billones de dólares después de los impuestos) es mayor que el gasto mundial en salud. La mano invisible, pues, no saldrá al rescate del planeta, pero todas las señales apuntan hacia un futuro basado en las energías renovables. En Europa, los precios de las renovables están cayendo. Portugal funcionó durante cuatro días consecutivos exclusivamente con energía renovable en mayo de 2016. La planta de carbón de Nanticoke (Ontario), que en su día fue la más grande de América del Norte, se está convirtiendo ahora en una instalación de energía solar. Japón está construyendo la mayor planta solar flotante del mundo y a día de hoy tiene ya menos gasolineras que puntos de recarga para coches eléctricos. En Estados Unidos hay el doble de puestos de trabajo en el sector de la energía solar que en el del carbón. Y en 2015 se invirtió por primera vez más dinero en energías renovables que en combustibles fósiles. La lista continúa. La mayoría de las estimaciones sugieren que se necesitaría entre un 1% y un 3% del PIB mundial para financiar la transición. Esta cantidad es todavía menor de la que actualmente se emplea en subvencionar a los combustibles fósiles. El cambio es posible. Y cambiará la economía. 

Ignacio Sánchez Cuenca, profesor de Ciencia Política de la Carlos III  (y autor del prólogo del libro) confiesa que "este ensayo refleja la posibilidad de una coalición trasnacional que se ponga en marcha cuando las consecuencias del cambio climático sean más evidentes. Todo el mundo pensaba que a más crecimiento y más bienestar más seguridad social. Ese era el plan, pero la crisis ha mostrado otra realidad. La gente se encuentra ahora perdida y busca soluciones a ciegas. Faltan líderes políticos que presenten proyectos creíbles. Es cierto que hay más esperanza de vida y más bienestar, pero la desigualdad crece".

En su opinión "es posible que una renta básica universal, aunque ahora no se vea, caiga por su propio peso para estabilizar el sistema y más con la revolución tecnológica. Ya se habla de un impuesto negativo sobre la renta. El sistema no tiene por qué colapsar, solo evolucionar, aunque para ello será necesaria una presión lenta y constante por parte de los ciudadanos", señala. 

El ataque al Estado de Bienestar es una reacción de los poderes de hoy, reacios al cambio, aunque "la mejor forma se sostener el sistema en un mundo globalizado es tener unos servicios sociales fuertes. Los valores europeos son la solución, pero con reformas. La rebelión está en manos de la clase media que siente una brecha entre lo que se le prometió y la realidad. Las expectativas defraudadas son el mayor riesgo para la estabilidad", señala Lizoain. Cierto que el margen de maniobra se está restringiendo, pero los políticos deben explicar lo que ocurre y entender que EEUU y la UE ya no van a estar siempre a la cabeza respecto al resto del mundo.  Porque la alternativa a la cooperación transnacional es la competencia desleal.

Pero la resistencia al cambio es rotunda. Keynes, el economista más citado en los últimos tiempos, sugirió que "aumentar entre cuatro y ocho veces la productividad durante el próximo siglo debería conllevar una semana laboral de quince horas". No se ha producido.  Como dijo Ronald Reagan, “el mejor programa social es un trabajo”. ¿Les suena? ”. Hoy la solución para el desempleo parece ser que los salarios bajen. Las reformas fiscales más radicales son regresivas en busca de un retorno que no se percibe. Al mismo tiempo, en Estados Unidos se estima que el 61% de los activos financieros están implícita o explícitamente protegidos.

¿Es el camino? No, pero no todo está perdido. Warren Buffett denunció que el tipo impositivo que él pagaba era más bajo que el de su secretaria, y ahora gracias a Trump más. Pidió pagar más. Y se le sumaron decenas como él, conscientes de que la situación no es sostenible y que la rebelión de la clase media y la inseguridad económica puede devolvernos a otras épocas. Y ya se sabe dónde llevaron.

motivos para la indignación... y la reforma

Datos reales difíciles de creer

Uno de cada siete estadounidenses acuden al Banco de Alimentos.
En los últimos cuarenta años, el 50% más pobre de los estadounidenses no vio ningún crecimiento en sus ingresos (-1%); al mismo tiempo, los ingresos del 10% más rico se duplicaron y los del 1% se triplicaron.
Más de la mitad de los miembros del Congreso de Estados Unidos son millonarios.
Durante los últimos setenta años, el ganador de las elecciones generales de Reino Unido no ha procedido de una universidad que no fuera Oxford.
Dos tercios de los ingresos de una persona dependen del país en el que vive.

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