Lunes, 22.07.2019 - 06:02 h
Más de 20 muertos en hospitales

El único causante de la guerra eléctrica contra Venezuela no es un virus... es peor

Los cortes de luz y las explosiones de subestaciones eléctricas en el país socialista son comunes desde hace ya muchos años.

El jefe de Estado de Venezuela, Nicolás Maduro, habla durante una rueda de prensa desde el Palacio Miraflores (EFE)
El único causante de la guerra eléctrica contra Venezuela no es un virus... es peor. / Efe

Venezuela se ha convertido en el país de los récords: el más peligroso, el de más inflación, y ahora el que está sufriendo uno de los mayores apagones de la historia.

El jueves 7 de marzo pasado, los generadores de la gigantesca presa del Guri, dejaron de funcionar. Y el país se quedó sin luz durante varios días. Aún el miércoles, una semana después, varias zonas del país seguían sin luz, y otras la recibían de forma intermitente.

Quedarse sin luz es el gran drama de cualquier país en nuestros tiempos porque de esa energía depende casi todo: los sistemas de comunicación, las cámaras frigoríficas, los semáforos, las estaciones de gasolina, las máquinas de los hospitales… Todo eso quedó inservible de modo que en cuestión de días, el impacto se fue acrecentando hasta el punto de que se reportaron más de 20 muertes en los hospitales.

Apenas sucedió el apagón, la Corporación Eléctrica Nacional, la empresa estatal que gestiona la planta del Guri, sacó un tuit diciendo que era un boicot como parte de "la guerra eléctrica" que se está llevando a cabo contra Venezuela. Maduro lo calificó de "golpe electromagnético", y prometió castigar a los culpables.

Días después la Fiscalía de Venezuela, que atiende las órdenes de Maduro, abrió una investigación por el apagón a Juan Guaidó, el presidente interino de Venezuela reconocido ya por 50 países en el mundo. Juan Carlos Monedero se sumó a la versión de Maduro al decir en Twitter. "Los medios que este lunes informen sobre Venezuela y no condenen el sabotaje a la principal central eléctrica del país serán cómplices de terrorismo".

A ello habrá servido una noticia de un colaborador de la revista norteamericana Forbes según el cual "la idea de que un gobierno como los Estados Unidos interfiera de forma remota en su red eléctrica es una posibilidad bastante realista". El columnista llamado Kalev Leetaru no tenía ninguna prueba. Se limitó a especular con algo con lo que especularía ahora cualquier experto en tecnología.

Las operaciones cibernéticas a distancia son ideales para intervenir un país sin pisarlo. Lo que se le olvidó comentar a Kalev Leetaru es que los cortes de luz y las explosiones de subestaciones eléctricas vienen de mucho antes. Todo se debe a la falta de mantenimiento y a la huida de los técnicos de los que solo es culpable el gobierno. "Al igual que la casi totalidad de todos los apagones registrados, este es consecuencia de esas decisiones políticas implantadas por la revolución chavista. Las medidas han llevado al sistema eléctrico a una vulnerabilidad de tal magnitud que cualquier evento, aunque sea mínimo, ocasiona interrupciones en el servicio", afirmaba al diario 'El Nacional' Miguel Lira, ingeniero eléctrico.

Según Lira, los chavistas "sacaron a los profesionales para colocar adeptos políticos, suspendieron los planes de mantenimiento, hicieron compras inconvenientes e innecesarias, además de despilfarrar recursos. Otros aspectos importantes fueron las congelaciones de las tarifas y, por supuesto, la concentración del área eléctrica en una empresa técnica y económicamente inviable".

A estas alturas, es difícil saber si se ha tratado de un boicot causado por un virus informático o un fallo interno. Pero lo que es una verdad innegable es que las infraestructuras venezolanas están al límite porque gobierno chavista no se ha dedicado a mantenerlas.

En Venezuela todo se cae a pedazos. Centrales eléctricas, refinerías, instalaciones telefónicas, carreteras y hospitales. Con las infraestructuras en ese estado, el país no está preparado para ninguna situación de crisis. "Si un país está preparado, se puede recuperar", dice un experto en energía de una importante empresa eléctrica española. "En España incluso existe un simulador de apagones que está en Madrid".

En dicho simulador, los técnicos de las compañías eléctricas se someten a una prueba hipotética de apagón a gran escala, y tienen que reaccionar acoplando otros sistemas de energía como plantas térmicas, los ciclos combinados o cualquier otro suministro. Además, España tiene una capacidad instalada de más de 100.000 megawatios, para un país que en sus picos históricos ha consumido unos 45.000 megawatios, según los datos de Red Eléctrica.

Venezuela tiene una capacidad instalada de 37.000 megawatios, pero consume la mitad. La mayor parte de suministro para el consumo procede de la planta hidroeléctrica del Guri, que enchufa al sistema 10.000 megawatios. Se construyó entre 1963 y 1969, y luego se amplió en 1986. Es la mayor de América Latina, después de la de Itaipú (Argentina-Brasil), y una de las mayores del mundo. Para darse una idea del potencial hidroeléctrico de Venezuela, la planta no está construida sobre el caudaloso río Orinoco, sino en uno de sus afluentes, el Caroní.

En 2007 se empezó a construir 15 kilómetros más abajo, en la misma cuenca del Caroní, otra central hidroeléctrica de gran tamaño denominada Tacoma. Se presupuestaron más de 4.000 millones de dólares y se esperaba su terminación para 2012. Hoy día no ha salido un solo kilowatio de esa central, la cual está rodeada de escandalosos sobornos, y de una gerencia deficiente.

Tampoco están en funcionamiento las voluminosas centrales termoeléctricas que podrían abastecer a todo el país en caso de que parase Guri. La causa: "Falta de recursos humanos, de mantenimiento, de inversión, de combustible y la corrupción", afirmaba a la BBC Winston Cabas, presidente de la Asociación Venezolana de Ingeniería Eléctrica, Mecánica y profesiones afines del Colegio de Ingenieros de Venezuela.

Esas plantas son alimentadas por gasoil, y Venezuela podría producir todo el gasoil que quisiera… si sus refinerías de petróleo funcionaran a pleno rendimiento. Pero el escaso mantenimiento ha hundido también a sus refinerías. "En PDVSA todo está apagado y desmantelado", confesaba en 2018 al diario El Nacional Iván Freites, secretario general del Sindicato de Trabajadores Petroleros y Gasíferos del estado Falcón.

Con la mayor parte del sistema apagado o sin entrar en funcionamiento, de los 37.000 megawatios instalados en Venezuela, suficientes para abastecer a todo el país, solo estaban disponibles menos de la mitad, unos 12.000 en el momento del apagón. Según dijo Winston Cabas a la BBC, el apagón se debió a que nadie se ocupó de limpiar la maleza tropical en una subestación cercana a Guri, de modo que se incendió. El protocolo de seguridad entró en funcionamiento de forma automática y la central de Guri dejó de suministrar energía.

Y así se llega al triste final que explica por qué el país con más reservas de petróleo del mundo, con capacidad para recibir energía solar ecuatorial casi todo el año, con las segundas reservas de agua dulce del planeta y con enormes plantas termoeléctricas de gasoil, haya regresado a la edad de piedra. Con o sin virus informático, era cuestión de tiempo que el sistema eléctrico venezolano se hundiera en el colapso.

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