Recta final de la campaña en EEUU

Misisipi, el estado más pobre y 'negro' donde todos los blancos votan a Trump

Los republicanos llevan ganando medio siglo en el rincón más deprimido de todo el país. Ni la pobreza ni la desigualdad decantan la balanza para los demócratas. Tampoco que sea donde más población de color hay.

Imagen de un coche que homenajea el Cruce de Caminos del Blues en Clarksdale, Misisipi.
Imagen de un coche que homenajea el Cruce de Caminos del Blues en Clarksdale, Misisipi.
La Información

El Estado de Misisipi lleva desde principios de verano sin bandera oficial. Bastante tenía con ser el furgón de cola nacional de todos y cada uno de los datos económicos imaginables como para aguantar un minuto más con otro motivo de escarnio público: era también el último de todo el país cuya enseña todavía reservaba un rincón para la característica cruz azul con 13 estrellas blancas y fondo rojo del bando confederado -y esclavista- en la Guerra Civil Americana

Algodón, pobreza, retraso, blues, marginalidad, desigualdad, olvido, Elvis y Faulkner, mansiones, Delta del Misisipi, pactos con el diablo a cambio de la fama… Tópicos y lacras hay para aburrir en un Estado más bien pequeño, encajonado por el río más importante de la nación al oeste, Memphis al norte y Luisiana al sur, estas dos últimas coordenadas grandes beneficiadas del legado musical que realmente comenzó a gestarse en las viejas plantaciones del interior. Un cruce de caminos cultural y étnico, aplastado por un calor y una humedad criminales y donde se pierde población sin pausa desde hace décadas. El sexto estado con más muertos por 100.000 habitantes por la Covid, aunque pocas veces se gane un titular. 

Así que si les van a seguir llamando racistas (porque es otra de sus lacras) que no lo hagan porque su mismísima bandera conmemora una guerra perdida hace siglo y medio. El próximo 3 de noviembre, cuando voten al presidente nacional, también decidirán sobre el nuevo diseño que colgará de sus instituciones estatales y en el que se da protagonismo a la flor oficiosa del lugar, la magnolia. También se subraya el símbolo con la frase ‘In God we trust’ (en dios confiamos). Porque Misisipi es muchas cosas pero por empezar con lo último, es el Estado que se considera más piadoso, con un 59% de sus tres millones de habitantes que se declara muy religioso (el que menos, Vermont, solo congrega a un 23% de creyentes) y solo superado por Utah en cuanto a asistencia semanal a misa, según una encuesta realizada por Gallup haca ya unos años. 

Ya sea consecuencia directa o no, llevan casi medio siglo confiando plenamente en los candidatos republicanos, se llamen como se llamen. Tan solo en 1976, cuando se presentó Jimmy Carter (por aquello de ser natural de la vecina Georgia) optaron por el color azul de los demócratas. Además, ningún otro estado desde la Segunda Guerra Mundial ha votado tanto mayoritariamente a un tercer partido (hasta en tres ocasiones aquí). A Donald J. Trump en 2016 le apoyaron el 57,9% de los electores, más o menos la media de este siglo XXI en los comicios presidenciales. Las encuestas apuntan a un resultado muy similar dentro de unos días. 

Nadie espera una sorpresa en Misisipi. Porque no hay forma de cambiar el signo pese a que otra de las tablas que encabeza en todo el país es la de ser el Estado con mayor porcentaje de población negra: hasta un 37%, cuando la media nacional es del 13%, según los datos oficiales de la oficina del Censo americana. Teniendo en cuenta que un estudio realizado por Pew Research Center sobre las elecciones de 2016 estableció que el 91% de los votantes de color optaron por Hillary Clinton (la cifra se va al 98% entre las mujeres negras) en todo el país, el cruce de datos con la población de Misisipi deja una conclusión: prácticamente todos los blancos del Estado son seguidores del magnate ahora presidente.

Un ejemplo de esta extrapolación se puede encontrar en la polvorienta Clarksdale, capital mundial del blues y cuna de una larga lista de leyendas de la música americana. De la música americana negra. Con un 80% de sus 15.000 habitantes de color, y según los datos recabados por ‘The New York Times’, en las elecciones de hace cuatro años solo votó por Trump el 4% y por Clinton, el 94%. La misma desproporción se da en todo el Delta del río e incluso en Jackson, capital y ciudad más poblada del Estado con 165.000 personas así como sede del único condado de todo Misisipi cuya renta media se sitúa por encima de la media nacional, Trump solo cosechó el 19% de los apoyos. 

Imagen del tradicional depósito de agua americano en Oxford, Misisipi.
Imagen del tradicional depósito de agua americano en Oxford, Misisipi.
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Renta y pobreza. En eso sí que destaca sin ninguna duda la casa natal de Tennessee Williams. En cuanto a lo primero, el 'INE' americano fija el ingreso medio por hogar en 45.792 dólares al año, un tercio menor a la media nacional, de casi 69 dólares, y prácticamente la mitad de los cerca de 90.000 que se cobra de promedio en el lugar más afortunado, Maryland (donde un 20% de su población es de color, por cierto). Esto provoca que un 19,2% de los habitantes de Misisipi vivan bajo el umbral de la pobreza, la tasa más elevada de un país donde la más baja, del 7,3%, hay que buscarla en New Hampshire.  

En Clarksdale, en el corazón del Delta, hay poco de lo que comer. A pie de suburbios, se cruzan las carreteras 61 y 49 (un nuevo cartel, acaso lo único nuevo en una población de solo 15.000 habitantes) y marca el lugar donde Robert Johnson pactó con Satanás la genialidad a la guitarra y, de paso, inició la larga lista de músicos que murieron a la maldita edad de 27 años (Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison, Kurt Cobain o Amy Winehouse). Más en el centro, y junto a un par de garitos de música en directo y madera podrida, está el Museo del Blues del Delta, un impresionante recorrido al legado. De nuevo en carretera abierta, pero no muy lejos, están las Dockery Farms, donde el consenso sitúa el verdadero nacimiento de este tipo de música y donde Johnson aprendió de sus mayores y reunía a cientos de personas al caer la noche para cantar sus penas. 

Se vaya al pueblo que se vaya en el Delta en sus chabolas seguro que ha nacido un genio de la música que, una vez que sobreviviera a la malnutrición o a la marginación triunfaría en la gran ciudad. BB King, Muddy Waters, John Lee Hooker, Howlin`Wolf, Charlie Patton... Incluso cambiando de color, Elvis Presley nació en Tupelo, en el lado oriental y algo más adinerado del Estado, antes de mudarse muy joven a la Memphis que le reclama como hijo suyo (también Britney Spears, aunque dé apuro incluirla en este párrafo, es oriunda de una pequeña ciudad al sur del Estado).     

Así y todo, en Tupelo está el museo dedicado al rey del rock y en toda la mitad situada al este de la Interestatal 55 que parte en dos Misisipi (al oeste queda el Delta negro), y según se viaja hacia el sur es donde el mapa electoral se tiñe de rojo republicano. De rojo muy intenso. Hay pequeñas excepciones, como la misma cuna de Elvis, donde se votó en un 75% a Clinton, o lugares como Oxford, enclave de una elitista universidad y donde se podría pensar en una aplastante mayoría de Trump por los rasgos exteriores de su población... pero se da un empate casi técnico.

Desde la plaza principal de Oxford contempla pasar a universitarios con vehículos que ni diez hogares de Clarksdale juntos podrían comprar la estatua del soldado confederado. En sus calles hay pubs y restaurantes de postín, pasión por el equipo de fútbol americano que nunca gana nada y el color rubio domina en las colas para comprarse un café de cinco dólares (casi tres de cada cuatro de sus 25.000 habitantes es blanco). Pero el soldado desconocido mira fijamente la 'Square Books', una librería por tamaño y ambición propia del mejor barrio de Nueva York o San Francisco que se siente orgullosa de representar un oasis cultural entre tanta cerveza a granel y fiesta de novatos.

Si en el Delta tienen a los genios de la música, podrían argumentar, el Misisipi oriental podría replicarle con la literatura y William Faulkner, quien convirtiera el condado real de Lafayette en su Yoknapatawpha imaginario y quien paseara por el jardín de su casa colonial en Rowan Oak, a unos diez minutos andando de la polémica estatua. El Premio Nobel de Literatura era muy de whisky pero poco de socializar, por mucho que en sus libros se unieran los dos mundos de Misisipi: el negro y el blanco, el rico y el pobre, el amo y el esclavo, el perdedor y el derrotado (pocos vencedores hay en su obra). El ruido y la furia, claro.   

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