Ya no hay vuelta atrás

Vestas, en pleno corazón del drama social y económico: "Nos ha engañado a todos"

El impacto del cierre de la factoría en Villadangos del Páramo impacta a toda la comarca y arrastra a más de 2.000 personas a un futuro incierto.

Trabajadores de Vestas en una concentración en Villadangos del Páramo (León).
Trabajadores de Vestas en una concentración en Villadangos del Páramo (León). / EFE

La indignación y la estupefacción recorren desde hace días la pequeña localidad leonesa de Villadangos del Páramo y se extiende por toda la provincia e incluso la comunidad autónoma. “Vestas nos ha engañado a todos: yo quería creer que no, pero la evidencia es que ha cogido el dinero de la subvención  cuando se ha acabado el plazo fijado y comprometido y se ha ido". Quien habla así es el alcalde de la localidad, Teodoro Martínez, del Partido Popular. Lo hace poco antes de que la empresa de aerogeneradores danesa presentase a primera hora del viernes el ERE extintivo para los 362 empleados que trabajaban en la factoría. 

“Nos lo vendieron como algo de futuro. Una industria que funcionaría cuando, como está sucediendo, se acabase la extracción de carbón… Ahora, ya casi ha desaparecido la minería y Vestas anuncia el cierre de esta planta", añade entre desconcertado y desperanzado el primer edil. Porque todos sabían desde hace semanas que este sería el desenlace.

Vestas desembarcó en el año 2006 en León y no solo dio trabajo directo a casi 400 personas en la zona. Más de 2.000 leoneses se beneficiaron de forma indirecta en servicios auxiliares o terciarios. Unas cifras “enormes” e “impactantes”, en opinión del primer edil, y que son un verdadero torpedo en la línea de flotación de la economía de una provincia como la leonesa, con una población activa de menos de 250.000 personas y que, según las últimas cifras del Instituto Nacional de Estadística, cuenta con una tasa de paro del 14,88%. O, lo que es lo mismo, 30.000 personas están en desempleo en León. Desde ya mismo, habrá que sumar ahora a los damnificados por la deslocalización que Vestas hace de su factoría de Villadangos.

Entre ellos se encuentra Pablo González, delegado sindical de UGT en Vestas, de 32 años, padre de dos niños, quien explica el alcance social y económico de la decisión: "Nos hace mucho daño porque era el motor económico de la zona y en buena parte la razón de ser del polígono industrial del pueblo adonde llegó el año 2006 siendo la primera gran empresa en hacerlo. Una sinrazón en una compañía rentable”, tal y como demuestran los beneficios de 800 millones que obtuvo la empresa en el ejercicio de 2017.

“¿La solución? No lo sé, seguir luchando hasta el último momento para tratar de mantener la planta, atraer inversiones, y si no es posible tal vez emigrar y buscar trabajo en otro lado: aquí no hay nada”. El alcalde popular amplía el foco y traza una radiografía de la situación laboral y económica de una provincia que “está masacrada”. El sector primario “no da para más porque la minería se muere y el sector ganadero y lácteo también tiene muchos problemas; el terciario es maravilloso en León, con el turismo y gastronomía, pero tampoco puede cargar todo el peso de la actividad económica y el empleo".

La marcha de Vestas, “a la que en este pequeño municipio que no llega a los 1.000 habitantes dimos todas las facilidades en forma de terrenos, permisos o papeleo y la Junta de Castilla y León y la Administración Central subvencionaron, es un drama para el pueblo y para León en su conjunto porque aquí trabaja gente de toda la provincia”. Hay incluso algún matrimonio con tres hijos, explica Martínez, en el que los dos cónyuges son empleados de Vestas. "Imagínate el panorama”, subraya.

El panorama es lo que intentan los trabajadores de Vestas que se vea en el resto de España y, si puede ser, de Europa. Por ello mantienen viva su lucha por el mantenimiento de sus puestos de trabajo en el campamento que han organizado frente a la planta de la multinacional en una protesta que, en cierto modo, rememora ‘el campamento de la esperanza’ que hace ya 17 años mantuvieron vivo durante 200 días los trabajadores de Sintel en el Paseo de la Castellana de Madrid.

“La esperanza es lo último que se pierde”, relata Luis Ramos, trabajador de la planta, donde llevaba siete años, y empleo en el que había logrado una cierta estabilidad tras vagar durante años entre las listas del paro y diversos trabajos temporales. “Si esto cierra finalmente nos vemos abocados otra vez a la precariedad de ir saltando de contrato temporal en contrato temporal, a caer en manos de las ETT..."

El cierre de Vestas, en fin, es “un drama para León, para toda la provincia, para las cuencas mineras… Ya estamos sin carbón y ahora también sin molinos”, afirma Daniel Carrizo. ¿Y quién es Daniel Carrizo? Pues otro de los afectados por el cierre de Vestas pese a que no forma parte de los 362 trabajadores de plantilla. Porque cuando el centro neurálgico de un pueblo echa el cierre con él también se extienden las sombras sobre otras muchas familias que dependían de su actividad en una segunda línea.

"Vestas me da de comer”, cuenta Daniel. Mejor dicho: él daba de comer a Vestas, ya que regenta el hotel-restaurante Avenida, de 70 habitaciones, justo a la entrada el polígono industrial de Villadangos del Páramo donde aún se encuentra la factoría de Vestas. “Ya se nota que el número de menús diarios ha bajado un 30% y las pernoctaciones en el hotel también se han resentido porque nosotros vivimos de la actividad en el polígono y sin Vestas la misma se resiente y baja mucho”.

Este empresario hostelero recuerda ahora, “con rabia y pena”, cómo hace 10 años los directivos de Vestas “montaron prácticamente la oficina en mi casa cuando estaban haciendo la fábrica; desde aquí trabajaban y yo les proporcioné la infraestructura necesaria para funcionar mientras hacían la planta. Es una sinvergonzonería”, afirma sin rubor. “Han cogido el dinero y se han ido”, añade admitiendo que de momento no piensa en reducir su plantilla de 12 trabajadores. De momento.

La misma incertidumbre se instala en los propietarios de la farmacia del pueblo, la tienda de ultramarinos El Estanco, la zapatería Calzados Villadangos… Todos ellos reconocen que buena parte de su clientela proviene del polígono industrial y que el cierre de Vestas “repercutirá en nuestras ventas, sin duda”. Como repercutirá en otras industrias cuya actividad dependía de la planta de aerogeneradores de la multinacional danesa como son Jupiter Bach o los trabajadores de Soltra (Solidaridad y Trabajo), 70 de cuyos empleados trabajaban directamente para Vestas.

Al menos, o así se piensa en el pueblo, Mercadona, la otra gran empresa ubicada en el polígono, mantiene su centro logístico allí, y el gigante francés Decathlon abrirá el suyo en 2019. Sin embargo, apenas contratará a 50 nuevos trabajadores de la zona porque los 170 restantes serán recolocados desde su planta de Pamplona.

De la minería a la incertidumbre

Hablando de recolocaciones, muchos de los empleados de la planta leonesa de Vestas ya provienen de otros sectores en crisis como la minería del carbón. Solo en León, el sector minero, al que en su práctica totalidad la Unión Europea y el Gobierno español ya han puesto fecha de caducidad para el 31 de diciembre de este año, ha pasado de producir 40 millones de toneladas y sostener 15.000 empleos a finales de los años 80 del siglo XX a los 350 trabajadores y apenas 600.000 toneladas de los últimos doce meses.

José, de 44 años, lleva ocho en Vestas, a la que llegó tras cerrar la explotación minera en la que trabajaba y “creía que aquí había conseguido la estabilidad laboral, pero ya veo que lamentablemente no es así; el presente y el futuro se presentan negros como el carbón”, asegura. O Juan Carlos Sanz, trabajador de 61 años, que lleva diez en Vestas, donde también está empleado su hermano, y adonde llegó desde la provincia vecina, Valladolid, en 2008, tras el cierre de su anterior empresa, Tico Microset. "En los últimos años había incertidumbre porque hubo un ERE temporal, pero la planta seguía para adelante, aunque algo nos olíamos en los últimos meses por el comportamiento de la empresa, que solo quería terminar los pedidos a toda costa sin dar más información sobre producción... pero nunca pensamos que se llegaría al cierre”.

Juan Carlos, al menos, debido a su edad, se podrá prejubilar con 63 años tras percibir los dos años de paro correspondientes, “lo que es un alivio porque ¿dónde me contratan mí con esta edad según está el mercado de trabajo? Lo malo es que la mayoría de mis compañeros no se encuentran en la misma situación”.

La multinacional, que aduce previsiones de una fuerte caída en la producción para justificar el cierre (aunque los trabajadores consideran que lo que pretende realmente es llevarse la producción a Rusia o China), ha esperado “hasta el cumplimiento del plazo legal comprometido por las ayudas públicas concedidas”, explica el alcalde de Villadangos. La empresa sí ofrece a los trabajadores de la planta recolocarse en sus otras dos factorías en España situadas en Viveiro (Lugo) y Daimiel (Ciudad Real) o incluso en el extranjero. Lo que “en modo alguno” satisface a los 362 trabajadores fijos de la fábrica –los 180 eventuales ya fueron despedidos en julio-, que lo consideran “un engaño más de la empresa”.

“Es absurdo porque con sus problemas, que los ha tenido, la planta de Vestas en Villadangos era moderna tecnológicamente, era puesta por la empresa como ejemplo de funcionamiento para otras plantas de la firma e incluso trabajadores de aquí iban a formar a los de otras factorías. No entiendo nada si no es que Vestas solo quería la subvención pública para echarse luego a correr con el dinero. Hay buenos empresarios y malos y a nosotros nos han tocado los malos”, sentencia el alcalde de Villadangos.

La deslocalización de la planta de aerogeneradores, que tuvo una inversión inicial de 10 millones de euros y ha recibido otros 16 en subvenciones públicas, y que inauguró el presidente castellano leonés, Juan Vicente Herrera, en julio de 2006, se añade pues al problema que arrastra una región que ha vivido en buena parte del carbón durante décadas.

La sociedad leonesa le ha visto las ‘orejas al lobo’ del paro, la pobreza y las despoblación y se movilizó este jueves contra el cierre de la empresa en una manifestación multitudinaria en la capital de la provincia. Incluso, hasta la iglesia clama por la situación y los obispos de Astorga y León, Juan Antonio Menéndez y Julián López, han pedido a la compañía danesa que "reconsidere" su decisión en un comunicado en el que expresan su "profunda preocupación" ante un cierre que se suma a problemas anteriores que ya arrastraba la provincia y que "inciden grave y directamente sobre el empobrecimiento” del territorio.

Sea como sea, las cuencas mineras se despueblan a pasos agigantados en León porque no hay trabajo y municipios como Villablino han pasado en dos décadas y media de tener más de 15.000 habitantes a no llegar a los 10.000. También está el caso de Pola de Gordón, que tenía casi 6.000 en 1991 y ahora apenas llega a los 3.300; o Igüeña, que de los 4.000 habitantes de 1970 ha pasado a 1.190 según el INE. El alcalde de Pola de Gordón, Francisco Castañón (PP), explica con cifras la “crítica” situación: "Hemos perdido en 20 años la mitad de la población; en la explotación del carbón de la Hullera Vasco Leonesa (empresa hoy en liquidación) trabajaban antes 1.000 personas y ahora apenas llegan a 200; el sueldo medio de un minero era antes de 2.500 euros y ahora es de 1.200; la entrada en liquidación de la empresa HVL ha dejado deudas en impuestos directos en el ayuntamiento de más de 700.000 euros con lo que ello supone para un ayuntamiento con un presupuesto de 2 millones… Para todo León es un drama y ahora esto de Vestas...”

Con este panorama, el de la despoblación, la provincia en su conjunto ha pasado de 528.000 habitantes en 1987 a los 473.000 actuales. Entonces, hace 30 años, la vecina y hoy ‘próspera’ Valladolid, tenía 493.000 habitantes, 35.000 menos que León. Hoy cuenta con 523.000, 50.000 más. La gente “se va” porque no ve futuro, dicen el alcalde de Villadangos o el edil de Pola de Gordón. En un momento se pensó en la ‘industria verde’ como sustituto económico del ‘oro negro’ leonés, pero “mazazos” como los de Vestas “echan un auténtico jarro de agua fría” sobre la recuperación económica y el futuro de León. 

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