Miércoles, 22.11.2017 - 14:07 h

Iberdrola y Endesa chocan en Garoña con el futuro de la energía nuclear en el aire

La eléctrica vasca es partidaria de cerrarla, y la filial de Enel de mantenerla. El Gobierno deberá de tomar una decisión antes de verano sobre si prorroga la vida útil de la central.

En los próximos meses ambas eléctricas solicitarán la autorización para prolongar la vida de la estratégica central de Almaraz, la mayor de las cinco que funcionan en España.

Central nuclear de Garoña

Durante este mes de abril, y según los datos oficiales de Red Eléctrica Española hasta este viernes día 28, el 27,5% de la electricidad que hemos consumido en España ha sido generada por las cinco centrales nucleares que se encuentran en funcionamiento en nuestro país frente, por ejemplo, al 22,1% de generación eólica. Los datos son elocuentes y pueden dar una idea de los motivos de la pugna que Iberdrola y Endesa mantienen sobre la reapertura de la central nuclear de Santa María de Garoña.

En el fondo, con la excusa de Garoña (aunque también están sobre la mesa los costes de desmantelamiento o puesta otra vez en servicio de esta central), se debate el futuro de la energía nuclear en España; los impuestos que sobre la misma impone el ejecutivo (el presidente de Iberdrola se quejó amargamente de ellos y dice que les hacen perder "mucho dinero") y sobre la planificación enérgética de España para el futuro: ¿Qué energía queremos? ¿Qué tipo de generación? ¿Las renovables serán suficientes? ¿Es segura la energía nuclear? ¿Hay que eliminar el carbón y el gas por sus emisiones de C02? 424 centrales nucleares en todo el mundo

El debate es de fondo y se produce en todo el mundo. Alemania, por ejemplo, decidió desmantelar todas sus plantas nucleares en 2022, mientras que en Francia el 70% de la energía que se consume es de generación atómica. En todo el mundo, según datos de Euratom, existen 424 plantas nucleares, instaladas en 25 países, que producen el 16% de la electricidad mundial. De ellas, 129 se encuentran en 14 estados europeos donde generan el 30% de las electricidad consumida.

Desde el Ministerio de Energía que dirige Alberto Nadal se pone de manifiesto que "el impulso de las renovables es intenso, pero dependen de las veleidades del clima. Del viento, del sol, de la lluvia... es necesario el respaldo y el complemento de la energía nuclear, el carbón y el gas, que son gestionables y garantizan el suministro, independientemente del clima".

Cada una de estas energías tienen sus pros y sus contras: Recordemos Fukushima, las emisiones de CO2 de las térmicas, la fluctuación de los precios del gas por la inestabilidad de los países productores (Argelia es el principal suministrador de España)... El debate está ahí y España deberá de tomar una decisión sobre la estructura de su mix de generación eléctrica.

En el caso de la central burgalesa, Endesa e Iberdrola son propìetarias al 50% de la misma, pero mientras que la primera es partidaria de cerrarla y desmantelarla, la compañía propiedad de la italiana Enel pretende reabrirla. "Vamos a cumplir los plazos y esperar a que el Gobierno se decida y tome una decisión", explicó esta misma semana el Presidente de Endesa, Borja Prado, tras el consejo de Nuclenor, sociedad que agrupa a los propietarios de centrales nucleares en España. Ignacio Sánchez Galán, mandamás de Iberdrola, se posicionó claramente a favor del cierre definitivo de la central.

El Consejo de Seguridad Nuclear se pronunció en febrero a favor de la prolongación de la vida de útil de la primera planta atómica que se abrió en España, en 1971, y que lleva parada desde 2012. 

Ahora, en unos meses, el Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital debe de tomar la decisión definitiva en medio de la batalla de sus dos propietarios sobre el futuro de la misma. Y en años venideros deberá hacerlo sobre si prolonga de 40 a 60 los años de vida útil del resto del parque nuclear español. Y aquí reside el verdadero debate. 

En el fondo, la central de Santa María de Garoña, sita en el burgalés Valle de Tobalina, es una 'antigualla' de la que apenas quedan ya un par de ejemplos en funcionamiento en todo el mundo. Una central pequeña, que ha producido el 6% de la energía nuclear total en España, pero cuya continuidad puede abrir la puerta a la del resto de nucleares españolas, de las que también son propietarias Endesa e Iberdrola.

La primera de las que solicitará oficialmente seguir en activo otros 20 años, lo hará coincidiendo con la decisión el ejecutivo sobre Garoña, será la de Almaraz. Y eso son ya palabras mayores porque los dos reactores de la planta extremeña son los que mayor capacidad de generación del país y producen el 30% de la energía nuclear que se genera en España y el 10% del total de kilovatios que circulan por nuestra red y llegan a nuestras casas.  

Y enseguida habrá que tomar una decisión sobre las demás, Vandellós, Ascó, Cofrentes... Hasta la de Trillo, en Guadalajara, que tiene licencia hasta el año 2024. 

En España existen cinco centrales nucleares en explotación, de ellas, Almaraz y Ascó, tienen dos unidades gemelas, por lo que el número de reactores es de siete, y una central en condición de cese de explotación, la citada de Santa María de Garoña.

Esos siete grupos de producción de energía eléctrica son de dos tipos distintos: de agua ligera a presión (PWR) y de agua ligera en ebullición (BWR). Por orden de antigüedad, dentro del grupo PWR, el listado de centrales es el siguiente: Almaraz, con dos unidades (1980 y 1983); Ascó, también con dos unidades (1982 y 1985); Vandellós II (1987); y Trillo, la última central puesta en marcha en España (1987).

En cuanto al grupo de las centrales de agua en ebullición, (BWR), la más antigua es la de Santa María de Garoña, (1970); seguida de Cofrentes (1984).Los costes del desmantelamiento

Retomando el tema Garoña, como decimos, Endesa quiere esperar e Iberdrola quiere cerrar, dice que los números no salen y genera "pérdidas sustanciosas". Y es que, según las cifras publicadas hace unos días por El Confidencial a partir de un informe de Enresa (entidad que se dedica a gestionar los residuos nucleares) la reapertura de la central requiriría una inversión de 200 a 300 millones de euros, mientras que su clausura definitiva se elevaría a los 345 millones de euros y el proceso de desmantelamiento se prolongaría durante trece años.

Y mientras, Los 1.000 habitantes del Valle de Tobalina se muestran divididos ante la posible reapertura de la planta, aunque la mayoría de los lugareños prefiere no hablar. En el fondo ya se habían hecho a la idea de que la central, que todos coinciden que ha sido el motor económico de la zona desde su entrada en funcionamiento en 1971, no iba a ser enganchada otra vez a la red, hasta que han saltado a la luz las discrepancias entre Endesa e Iberdrola sobre la cuestión. 

La alcaldesa, Raquel González (PP), tampoco quiere pronunciarse sobre la reapertura de Garoña, aunque asegura que "si los expertos y los técnicos dicen que es segura su nueva puesta en funcionamiento y que no hay riesgo....".

Sí reconoce la edil que "la actividad en el Valle ha decaído un poco" desde que se paró la central en el 2012 y, eso sí, se queja amargamente de que "las ayudas y el plan de reindustrialización que nos prometieron entonces nunca han llegado, al menos en la cuantía prometida".  Un vecino de la localidad, que prefiere "omitir mi nombre" y que trabajó en la central dice, sin embargo, que "si la reabren habrá trabajo y si se desmantela también será necesaria la mano de obra..."

Almaraz, estratégica

El eterno debate en torno a la energía nuclear: Economía versus seguridad. Un debate que puede volver a reproducirse, unos cientos de kilómetros al sur de Garoña, en plena dehesa extremeña y apenas a 100 kilómetros de la raya portuguesa, cuando este verano Almaraz solicite la prórroga de 20 años de manera oficial.

Además, existe el agravante añadido de las tensiones políticas que genera en Portugal la edificación del nuevo almacén temporal individualizado (ATI) de la central, cuya construcción ha provocado una protesta oficial del ejecutivo socialista de Antonio Costa ante la Unión Europea.

El ATI es esencial parta el buen funcionamiento de la central de Almaraz, pero en Portugal, y en colectivos ecologistas de la zona, parece generar temor tener tan cerca un almacén de residuos nucleares. La central extremeña, sin embargo, energética y económicamente es estratégica para España. 

Un debate eterno al que el consejero delegado de Endesa, la eléctrica que quiere reabrir Garoña, José Bogas, puso la cifras esta semana. Con sus palabras dejó clara la necesidad de las centrales nucleares como respaldo en esa transición energética hacia la descarbonización en el horizonte de 2050.

Si se prescinde de ellas la tarifa eléctrica subiría unos 10 euros por megavatio hora (MWh), considera. "El parque nuclear es necesario para llegar al año 2050 con 100% renovable y con emisiones cero. Si sustituimos esas nucleares por ciclos combinados, con un periodo de vida de 30 años, en el 2050 tendríamos emisiones y la tarifa eléctrica subiría unos 10 euros por MWh", ha dicho. 

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