Martes, 18.02.2020 - 11:07 h
Empleo público

¿Quieres ser funcionario? De los 'ovnis' de hace 40 años a la élite mejor formada

Los funcionarios no se conforman con la subida salarial aprobada por el Gobierno y piden más efectivos para rejuvenecer unas plantillas envejecidas.

Fotografía de funcionarios trabajando.
¿Quieres ser funcionario? Qué hay detrás del 'chollo' del trabajo 'para toda la vida'. / EFE

Ángel es funcionario del Ministerio de Cultura desde hace casi 40 años –39, para ser exactos–. Esther, en cambio, se ha incorporado al Cuerpo de Gestión de la Administración Civil del Estado hace apenas unos meses, tras un duro proceso. Les separan cuatro décadas en el acceso a su plaza y entre ellos hay un abismo no solo generacional y seguramente cultural, sino también de concepción del funcionariado en sí. Y es que lo que hoy es una opción laboral interesante para muchos jóvenes que ven en el empleo público una especie de 'seguro de vida' antes era concebido como un destino casi vocacional, de mero servicio público. 

"Antes nadie quería ser funcionario", comenta el responsable de Empleo y Retribución del sector de la Administración General del Estado de FSC-CCOO, Javier Martínez. La reflexión que hace es interesante: "Hace treinta o cuarenta años los sueldos públicos eran muy bajos en comparación con los que pagaban las empresas privadas. La crisis, sin embargo, llevó a tal devaluación salarial en el sector privado que el empleo público, aun precarizado, parece ahora más atractivo". En este sentido, recuerda que pese a las subidas salariales de los últimos años (la última aprobada ayer mismo, del 2%) los funcionarios acumulan una pérdida de poder adquisitivo de entorno al 15% desde 2008.

Cuando Ángel empezó a trabajar en el sector público, en el año 1981, tenía 18 años recién cumplidos. No se había presentado a unas oposiciones. "Entré en el Ministerio de una forma habitual por aquel entonces. Mi abuelo era ordenanza y me pidió que le echara una mano en verano. Tenía que mover 25.000 kilos de revistas de un sótano a un camión y me pagaban con dinero que salía del concepto de fotocopias", relata. Cobraba 24.000 pesetas al mes (unos 144 euros). 

Lo que empezó como un 'curro' de verano se prolongó durante años. "No éramos funcionarios, nadie sabía lo que hacíamos ni cómo nos pagaban, nos llamaban 'ovnis', pero lo cierto es que nos relacionábamos con el Ministerio a diario", cuenta Ángel. Así, hasta que en 1989 una sentencia del Tribunal Supremo determinó que todo aquel que pudiera acreditar relaciones laborales previas con la Administración pasaría a considerarse personal fijo. Fue entonces cuando surgió la figura del "indefinido no fijo", que resultó básicamente de regularizar decenas de miles de contratos en fraude de ley. Y los 'ovnis' pasaron a ser funcionarios.

ÁNGEL NÚÑEZ FUNCIONARIO
 Ángel Núñez es funcionario en el Ministerio de Cultura desde hace casi 40 años.

Bien distinto fue el proceso de Esther. Había trabajado hasta en cuatro medios de comunicación y optó por dar el paso y reorientar su carrera profesional. "Decidí buscar mejores perspectivas de las que ofrece el sector privado", explica. Esta joven funcionaria de carrera y periodista admite que cuando entró en el mundo opositor le sorprendió el nivel que hay dentro de la Administración: "Me encontré gente joven, de en torno a cuarenta años, preparadísimos y extremadamente cualificados". "Mi sensación es que la gente desconoce el verdadero talento que hay en la Administración y que la imagen del funcionario de ventanilla se aleja mucho del perfil actual", comenta. 

Más allá de los jóvenes que acaban de terminar sus estudios, ya sea el bachiller o un título universitario, Esther encaja en el perfil cada vez más frecuente de profesionales con una trayectoria laboral en la empresa privada que deciden prepararse para unas oposiciones –un proceso "muy duro física y psicológicamente", como ella misma define– . Con frecuencia son adultos que han sufrido las consecuencias de la crisis y buscan estabilidad. "Ven la Administración como una salida laboral que permite un puesto de trabajo fijo, para toda la vida, y es eso lo que valoran principalmente", comenta Martínez (FSC-CCOO).

ESTHER
Esther Arroyo, periodista y funcionaria de carrera, se incorporó en 2019 al Cuerpo de Gestión de la Administración Civil del Estado.

Cada vez más formados

Pero si algo destaca en el perfil del nuevo funcionario es su formación. En CCOO han comprobado que el personal que se presenta a las ofertas de empleo público está cada vez más cualificado, lo que por otra parte genera un problema. "Nos encontramos con personas con formación superior, licenciados o graduados, para puestos a los que se puede acceder con formación básica como la ESO", explica este responsable sindical con más de una década de experiencia en la Administración pública, y añade: "Esto abre un reto importante que implica dar respuesta a todo ese personal sobrecualificado que estamos infrautilizando".

Ángel, desde su experiencia como funcionario y miembro de CSIF, uno de los sindicatos del gremio, también aprecia esta mayor profesionalización del empleo público. Así lo observa ahora desde su puesto en un nivel intermedio de la Administración, en la Biblioteca Nacional, tras un ascenso "muy lento" en la escala funcionarial. Pero en paralelo, habla de dos inconvenientes: una externalización de los servicios cada vez mayor y una disminución de efectivos que ha obligado a los funcionarios a asumir mucho más trabajo y distintos roles.

Martínez pone cifras a estas afirmaciones: entre 2009 y 2019 la Administración General del Estado ha perdido más de 40.000 empleos (de 238.851 a 197.576). "Donde antes había cinco trabajadores ahora hay cuatro, y esto provoca una pérdida de cercanía con el ciudadano y de capacidad para solucionar sus problemas", denuncia. Si vamos más atrás, al año 2000, cuando la AGE contaba con más de 500.000 efectivos, nos encontramos con una destrucción del 50% del empleo en diez años.

"Este es el mayor déficit de la Administración ahora mismo", comenta el responsable de Empleo y Retribución del sector de la AGE de FSC-CCOO. A esto se añade una plantilla envejecida que se encuentra con importantes dificultades para adaptarse a una Administración cada vez más electrónica y a trabajar con unos programas complejos para los que no han recibido ninguna formación. La media de edad en la Administración alcanza los 52 años y CSIF calcula que en la próxima década se van a jubilar 905.000 personas. Hemos pasado del boli y la calculadora a las nuevas tecnologías. El cambio generacional es un hecho.

Ángel y Esther representan a la perfección la evolución del perfil del funcionario en los últimos cuarenta años. Pero si les separa un abismo en lo que han sido sus trayectorias profesionales, les une una reivindicación: la lucha por la mejora de las condiciones laborales de su gremio. Ambos admiten que las últimas ofertas de empleo público han sido más generosas que en años previos pero demandan una renovación urgente del funcionariado, ya no por recuperación, sino por necesidad.

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