Hay alternativas a los planes de pensiones

Guía para la jubilación: el dinero que debes ahorrar y cómo conseguirlo

El tiempo y el interés compuesto, los grandes aliados del ahorro para la jubilación. Destinar 50 euros al mes desde los 25 años supondría unos 150.000 al llegar la jubilación con una rentabilidad del 6,06% anual.

Planificar la jubilación es clave para tener una buena pensión.
Planificar la jubilación es clave para tener una buena pensión.
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La tarea pendiente de los españoles sigue siendo el ahorro para la jubilación. Según una encuesta realizada por el Instituto Santalucía, el 41% de los jubilados tiene dificultades para llegar a fin de mes.  Asimismo, el 39% reconoce que no ha realizado una buena planificación financiera de su retiro y el 28% admite haber llegado sin ahorros.

A esta realidad se une la debilidad de la conocida como hucha de las pensiones. Las continuas retiradas de capital y las menores aportaciones la han exprimido al máximo, y la situación se vislumbra todavía peor. Con una tasa de paro creciente y unos sueldos cada vez menores, los ingresos al sistema disminuyen. Mientras que una población cada vez más envejecida y con mayor esperanza de vida aumenta el gasto.

Ante esta perspectiva, si antes ya era necesario completar la pensión pública con ingresos extras para no reducir el nivel de vida en la jubilación, ahora resulta vital y según pasen los años lo será aún más. Pero, ¿por dónde hay que empezar? ¿cuánto dinero se debe ahorrar? ¿qué producto resulta más conveniente? Todo dependerá del nivel de vida que se quiera disfrutar en la jubilación y de nuestro perfil de inversor.

En un mundo ideal, se recomienda aportar al ahorro para la jubilación una parte del primer salario y mantener este hábito durante toda la vida profesional. El tiempo es el mayor aliado de la inversión, ya que la conocida como magia del interés compuesto impulsa con más intensidad la rentabilidad del ahorro a mayor número de años.

A modo de ejemplo, si decidimos empezar a invertir para el futuro con 25 años y realizamos aportaciones mensuales de 50 euros, acabaríamos con un patrimonio de unos 150.000 euros cuando nos toque jubilarnos. Esto supone que, anualmente, estaríamos aportando 600 euros a nuestra jubilación, una cuantía asequible. Si quisiéramos conseguir un patrimonio similar pero decidimos empezar a ahorrar a los 40 años necesitaríamos para entonces hacer unas aportaciones mensuales de 150 euros, lo que conllevaría un desembolso anual de 1.800 euros.

Todo ello, contando con que tuviéramos un producto de ahorro cuyo rendimiento anual fuese del 6,06% (la media de los 20 mejores planes de pensiones con nivel de riesgo moderado en los últimos 10 años) y suponiendo que en ambas situaciones asumiéramos una inflación del 2% y que la capacidad de ahorro se incrementara anualmente en la misma proporción.

Objetivo de ahorro

Pero si ya ha pasado ese momento, nunca es tarde para empezar a invertir y mejor hoy que mañana. Con este primer punto aclarado, el siguiente es saber cuánto dinero se debe ahorrar para estar tranquilos y no disminuir el nivel de vida una vez llegado el retiro. Para ello, resulta necesario realizar un ejercicio de previsión en el que se debe estimar cuántos ingresos mensuales se necesitarán en este momento.

Hay que tener en cuenta que al abandonar la vida laboral el tiempo libre aumenta y que las actividades de ocio suponen un coste. Además, no está de más estar prevenidos para posibles situaciones adversas, por ejemplo, con el incremento de la esperanza de vida el riesgo de padecer algún tipo de dependencia que exija un tratamiento o cuidados especiales también aumenta. Según la encuesta del Instituto Santalucía, más del 50% de los jubilados no tienen ahorros para afrontar los costes de una residencia o los cuidados necesarios derivados de una situación de dependencia.

Después se deben contabilizar las fuentes de ingresos con las que, previsiblemente, se contará en la jubilación. Por ejemplo, la pensión pública, el posible alquiler de la que es hoy la primera vivienda si cuando nos jubilemos pretendemos mudarnos a una segunda residencia… Estudia ingresos alternativos como una posible hipoteca inversa o su venta en nuda propiedad. La diferencia entre los ingresos y gastos será lo que deberás tener ahorrado al llegar la jubilación.

La mejor fórmula para llegar a ese objetivo de ahorro es separar una cantidad fija mensual del salario como si fuese un recibo más del mes. Una posibilidad es realizar una transferencia automática a otra cuenta. Pero además, lo que resulta más importante, si cabe, es contratar un producto de inversión que, al menos, consiga batir a la inflación.

¿Qué producto seleccionar?

Son muchos los que piensan que la única opción que el mercado nos ofrece de cara a la jubilación es un plan de pensiones. Sin embargo, en los últimos años han proliferado diferentes alternativas que pueden ser mucho más interesantes para otros perfiles inversores:

-PPA (Plan de Previsión Asegurado). Son un producto muy parecido a los planes de pensiones, aunque con la diferencia principal de que son un seguro de ahorro que, por tanto, garantizan que a la hora de la jubilación tengamos, como mínimo, el mismo dinero que habíamos invertido.

-Fondos de inversión. Invierten en una cartera de activos diversificada. Cuentan, por lo general, con rentabilidades más elevadas y pueden ser rescatados sin necesidad de esperar a la jubilación, aunque asumiendo los correspondientes impuestos. Los hay para todos los perfiles de inversor, desde los más conservadores a los más arriesgados, pasando por los moderados.

-PIAS (Plan Individual de Ahorro Sistemático). Se trata de un seguro de vida ahorro que invierte en fondos con un interés garantizado. Al igual que los fondos, también se puede rescatar en cualquier momento y solo se tributa por las plusvalías. No obstante, si se rescatan como renta vitalicia y pasados cinco años, la tributación se reduce considerablemente.

-Unit Linked. Es un producto muy parecido al PIAS aunque, en este caso, las primas aportadas se destinan a fondos y también a la contratación de un seguro de vida, garantizando una cobertura en caso de fallecimiento aunque sin asegurar que obtengamos una rentabilidad, por mínima que sea.
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