Hildebrand: La retirada de un banquero considerado brillante e intachable

Philipp Hildebrand (Berna, 1963), quien hoy renunció a la presidencia del Banco Nacional de Suiza (BNS), se labró una reputación de financiero brillante e intachable durante sus años en el complejo mundo de los fondos de inversiones de riesgo y en la banca privada suiza, donde trabajó hasta incorporarse a las máximas instancias de la entidad monetaria.

Ginebra, 9 ene.- Philipp Hildebrand (Berna, 1963), quien hoy renunció a la presidencia del Banco Nacional de Suiza (BNS), se labró una reputación de financiero brillante e intachable durante sus años en el complejo mundo de los fondos de inversiones de riesgo y en la banca privada suiza, donde trabajó hasta incorporarse a las máximas instancias de la entidad monetaria.

Su talento, reconocido por todos, para comprender y saber utilizar los intrincados mecanismos de las finanzas fue el principal motor de su fulgurante carrera que le permitió amasar una fortuna personal significativa antes de los cuarenta años y convertirse hace dos años en el responsable del BNS, una institución de referencia mundial.

Hildebrand mostró desde muy joven una disciplina férrea y voluntad para distinguirse del resto, inspirado probablemente de los años que, adolescente, vivió en Estados Unidos, donde su padre trabajaba para IBM.

Una vez de regreso en Suiza, el joven ganó dos veces el campeonato suizo de natación para luego optar por la Universidad de Toronto para proseguir sus estudios y luego pasar a las prestigiosas universidades de Oxford y Harvard, además del Instituto de Altos Estudios Internacionales de Ginebra.

Fue en esta ciudad que empezó su carrera, en el Foro Económico Mundial, hasta que en 1995 entró de lleno en el mundo de las finanzas en el "Hedge Fund" (fondo de inversiones de riesgo) Moore Capital Management, donde pasó cinco años y su agudo espíritu para las finanzas le hicieron subir rápidamente los peldaños hasta convertirse en socio dos años después de su llegada.

En esos años pasados conoció a su esposa, quien era operadora en los mercados de divisas en la misma firma y que fue quien ordenó a su banco la compra de 500.000 dólares en agosto de 2011, en una operación que ha terminado poniendo en duda la integridad de Hildebrand y costándole el puesto.

En el año 2000, Hildebrand regresó a Suiza para ser jefe de la cartera de inversiones del grupo bancario privado Vontobel, aunque permaneció poco tiempo en este puesto porque al año siguiente le propusieron un puesto en la Union Bancaire Privée (UBP), con sede en Ginebra, donde se ocupó de reestructurar el departamento de gestión de activos y fue miembro del comité ejecutivo.

En 2003, con 40 años, se convirtió en el miembro más joven jamás elegido para el directorio del BNS, donde su principal aportación fue su profundo conocimiento de los mercados financieros.

Su ascenso continuó imparable y en 2007 fue nombrado vicepresidente del instituto emisor, del que tomó las riendas en enero de 2010, año en el que también fue elegido miembro del Consejo de Administración del Banco Internacional de Pagos y vicepresidente del Consejo de Estabilidad Financiera, ente encargado por el G20 de coordinar una respuesta mundial a la crisis financiera.

Quienes lo han conocido en las diferentes etapas de su carrera coinciden en que el hasta hoy presidente del BNS no fue nunca "un banquero clásico" y que "forma parte de los financieros inteligentes que tienen un conocimiento perfecto de los mercados y una visión autónoma".

Hildebrand renunció hoy a la presidencia del BNS señalando que tras reflexionarlo mucho había llegado a la conclusión de que nunca podría demostrar de manera irrefutable su inocencia y que, por encima de todo, está la necesidad de preservar la credibilidad del organismo monetario.

El partido de extrema derecha UDC (Unión Democrática de Centro) ha sido el artífice de la caída del prestigioso banquero, una tarea a la que se había abocado desde hace meses acusándolo de ser el responsable de las pérdidas sufridas por el BNS en sus operaciones de compra de divisas para contener la fuerte revalorización del franco suizo, una tendencia que amenazaba el tejido industrial y las exportaciones de Suiza.

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