Recaudación de Hacienda

IRPF en la pensión, IVA en compras... los impuestos que pagan los jubilados

Fotografía de un jubilado consultando una hoja de impuestos. El IRPF y el IVA son algunos de los impuestos que pagan.
Fotografía de un jubilado consultando una hoja de impuestos. El IRPF y el IVA son algunos de los impuestos que pagan.
Canva.

Los trabajadores que se jubilan pasan a percibir la pensión pública, unos ingresos que equivalen al salario que antes cobraban. Este cambio profesional, sin embargo, no supone un cambio en material fiscal ya que la condición de pensionista no exime de pagar impuestos. De cara a Hacienda, la pensión supone un rendimiento del trabajo y tributará como tal en el IRPF, a ello se suma el Impuesto de Patrimonio, los importes en concepto de IVA, que se abonan al realizar compras de bienes o servicios, u otros impuestos municipales, por el ejemplo el IBI, cuando correspondan. A continuación repasamos todos los impuestos que deben pagar los jubilados.

Uno de los impuestos más conocidos es el IRPF. Las pensiones funcionan igual que las nóminas laborales y están sujetas a retenciones, siempre que los ingresos anuales superen el mínimo establecido. El cálculo total de los impuestos que pagan los jubilados no está definido, porque muchos tributos no son directos, por ejemplo el IVA, y no se pueden desglosar según el perfil del contribuyente. Aún así, solo en IRFP, según la Agencia Tributaria, la recaudación por retenciones de los pensionistas fue de 10.816 millones de euros en 2018. 

Pero, ¿cuál es la retención exacta que aplica la Seguridad Social para determinar las pensiones netas? La media que se aplicó en 2018 fue 7,38%, sin embargo esta cifra varía en función de la cuantía de la pensión y de las circunstancias personales de cada persona. Además, pese a que se retenga un porcentaje al abonar la pensión, en la declaración de la renta se podrá ajustar ese importe en función de las características personales.

Otro de los impuestos más conocidos que asumen los jubilados, al igual que el resto de ciudadanos, es el Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA). Se trata de un impuesto indirecto que recae sobre el consumidor ya que grava el consumo tanto de bienes como de servicios. Así, al realizar cualquier compra el contribuyente abonará este impuesto que varía entre el 4%, 10% o el 21%, en función del tipo de actividad. 

Menos conocido es el Impuesto sobre el Patrimonio que afecta a los contribuyentes con grandes propiedades. También se trata de un impuesto directo, como el IRPF, aunque en este caso la gestión corresponde a las Comunidades Autónomas y el límite es mucho más amplio, abarcando a un menor número de contribuyentes. Este tributo se aplica individualmente sobre el patrimonio personal de las personas físicas, no sobre los ingresos, y se calcula en función del valor de todos los bienes del sujeto pasivo.

No obstante, al valor total se pueden aplicar reducciones en el mínimo exento. La normativa estatal estipula una exención de 300.000€ para la vivienda habitual del contribuyente, mínimo exento de 700.000€ tanto para los contribuyentes residentes como no residentes y una tarifa de entre 0,2% y 2,5%. El tipo de gravamen varía en algunas comunidades, incluso algunas incluyen la bonificación del impuesto en ciertos supuestos. 

Otros gastos fiscales que se deberán tener en cuenta son los impuestos municipales, es decir, cuya competencia está en manos de los Ayuntamientos. Uno de los más conocidos y que más recauda para las arcas municipales el Impuesto sobre Bienes e Inmuebles. Cada consorcio es el responsable de establecer la cuantía del canon a pagar por los inmuebles ubicados en su municipio. El Impuesto sobre Actividades Económicas (IAE) también es de competencia municipal, pero solo lo asumirán los jubilados que mantengan alguna actividad económica. En caso de tener coche, los ayuntamientos también aplican el IVTM (Impuesto sobre Vehículos de Tracción Mecánica).

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