El contrato único se abrirá paso

La economía digital traerá una mochila austríaca (y los políticos aún no lo saben)

No va a ser cuestión de ideología sino de necesidad. La nueva economía obligará a unificar derechos entre el contrato de hoy y los nuevos empleos.

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La economía digital, un reto para el mundo y para Europa.

La economía digital ya está aquí y va a tener un impacto en la sociedad como en su día lo tuvo el barco de vapor, la electricidad y el motor de combustión. No será inmediato pero sí constante, imparable. Y cambiará nuestra vida laboral. La economía gig traerá consigo la mochila austríaca, el contrato único, un impuesto de sociedades global, un renta mínima con incentivos y un sistema de pensiones en el que el trabajador sea su gestor. No hay recetas mágicas. Solo realidades. Y el hecho de que las nóminas se verán sustituidas en el tiempo por facturas no deja muchas más opciones. Los políticos callan o quieren aplicar las recetas de siempre. No funcionarán. Será la realidad la que obligará a hacer cambios profundos porque la desigualdad, la pérdida de empleos y la robotización obligarán a ello.

Estas son, al menos, las impresiones de los expertos Carlos Ocaña Orbis (economista y PDG por IESE), Juan Junquera Temprano (Administrador civil del Estado, exsecretario de Estado de Telecomunicaciones y director general de la CNMV), Fernando San Martín Yagüe (Ingeniero industrial y MBA por el IE) y José Ignacio Conde-Ruiz (Doctor en Economía por la Carlos III y subdirector de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada, FEDEA) en su libro 'La transformación digital de la economía' editado por Fundación Alternativas.

Los partidos no paran de hablar de combatir la precariedad... pero el empleo que llega lo será aún más. Los knowmads son el futuro: personas dispuestas a trabajar a cualquier hora y en cualquier lugar del planeta. La gig economy, basada en la demanda, trae consigo la uberización del trabajo. Los directivos serán supertemps, trabajarán en régimen interino para diferentes empresas en múltiples proyectos. Los freelance aumentarán. El tsunami es imparable y global. El que intente frenarlo con populismo, demagogia o proteccionismo se quedará desconectado. Eso no significa tener que perder todos los derechos. No hay que proteger los empleos que se perderán, el gran error político de siempre, señalan los expertos, sino al ciudadano en sus derechos y protección social. Se puede, coinciden, pero hay que cambiar, moverse y reformar de verdad. Llegar a acuerdos, muchos de ellos, internacionales, como en el caso de los impuestos de sociedades donde las empresas no deberían poder echar pulsos a los Estados bajo la espada del 'me voy'. La economía digital también exige unos organismos reguladores potentes y con alta capacidad coercitiva para que la competencia y la transperencia sean una realidad. Algo que hoy no deja de ser agua de borrajas. Será necesario luchar contra la economía sumergida y para ello el trabajador deberá ser copartícipe de sus protecciones. Veamos.

Los pensionistas deberán aposar por una cuenta nocional, es decir, cobrarán según lo contribuido a lo largo de su vida laboral y deberán elegir lo que quiere cotizar, se impondrá un contrato único laboral con despido creciente con antigüedad, a tenor de los expertos. "Eso permitiría unificar derechos, que los trabajadores lleven su portabilidad de derechos de trabajo en trabajo, y su mochila austríaca". Esta parece ser un tabú, pero no es más que renunciar a indemnizaciones por despido a cambio de que las empresas abran una cuenta de ahorro individual en la que se ingresa una cantidad proporcional al salario para cada año de antiguedad (lea aquí más claves de la mochila). Esa cuenta sería de empleado y la podrá usar como estime oportuno. ¿Un paso atrás? No lo parece cuando la economía digital ya no paga indemnizaciones. Los trabajos más temporales se podrían solucionar con uno fijo en una ETT. Así deberían, según los expertos, enfocarse las nuevas contrataciones. Se mantendría el coste indemnizatorio para las empresas, los procesos de despido y la tutela judicial, pero el sistema tendrá que cambiar. Solo un dato: En 19 de los 34 países de la OCDE, los autónomos no reciben prestaciones por desempleo, y en 10, ni siquiera protegidos ante un accidente. Esa es la cruda realidad hoy.

El futuro habla inglés. Aprenderemos rápido a customizar servicios, donde la propiedad dará paso al alquiler o al uso temporal, se generalizarán micropagos, el freemium, que combinará servicios gratuitos con otros de pago, la economía colaborativa o gigeconomy avanzará y el modelo P2P, transacción entre particulares, o el B2C, donde un intermediario cobrará comisión, serán lo más normal. Se acabó el garaje de Steve Jobs, los hubs y los clústeres serán el motor del desarrollo. El reto es grandioso porque por cada persona empleada hoy en el mundo en la cultura del conocimiento hay tres en la 'cultura del McDonalds'.

Los retos de nuestro Gobierno son claros, según los autores del libro. Aumentar un 26% la inversión en I+D+i no financiero gracias a la eliminación de deducciones fiscales, destinar ayudas solo a las pymes y controlar para qué, y convertir a las Tecnologías de Información y Comunicación en una pata de la economía tan importante como el turismo. Eso o nos quedaremos desenganchados del futuro manteniendo los discursos (del siglo pasado) de siempre.

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