¿Dejaremos de morir en el 2045?

La muerte de la muerte: la solución al problema de las pensiones y la natalidad

José Luis Cordeiro y David Wood se muestran convencidos en su última obra de la posibilidad científica de lograr la inmortalidad.

La criogenización ya no es ciencia ficción
La criogenización ya no es ciencia ficción.

Primer aviso. José Luis Cordeiro y David Wood no son dos iluminados. Aunque su convicción de que a partir de 2045 la muerte puede ser opcional es firme. El primero estudió ingeniería en el MIT, administración en el INSEAD y Ciencias en la Simón Bolívar. El segundo es uno de los pioneros en la industria del smartphone, cuenta con un máster en matemáticas por Cambridge y un doctorado en Ciencia por la universidad de Westminster. Su libro 'La muerte de la muerte' (editorial Deusto) no es una película de ciencia ficción. Es, como lo califican algunos eminentes científicos y sociólogos, un texto provocador, comprometido, visionario e inspirador, aunque plantee dilemas éticos y dudas más que razonables. Como dijo Shopenhauer, toda verdad atraviesa tres fases: primero es ridiculizada; segundo, recibe una violenta oposición, y tercero, es aceptada como evidente. Baste recordar la idea de que la Tierra no era plana o las dificultades de los primeros que hablaron de aviones, móviles, coches, ordenadores personales, internet... 

Dicho esto, confirmar que la muerte puede ser vencida en 2045 aturde y sí, echa para atrás. Pero lo hace menos cuando se sabe que Amazon, Apple, Facebook, Google, IBM y Microsoft han entrado de lleno en el mundo de la biología y la medicina. Google ha creado Calico con un objetivo: resolver la muerte. IBM tiene ya al mejor oncólogo del mundo: Watson. Y Microsoft ha manifestado que quiere erradicar el cáncer en una década tratándolo como si fuera un virus informático.  María Blasco, directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas ha creado los ratones 'triple' (viven un 40% más), Michael Rose ha elevado otro 40% la vida de las moscas de la fruta y Robert Reis la de los gusanos nematodos. Son pruebas de que los avances se suceden.

¿venceremos a la muerte?

Avances desde hoy... hacia el futuro ¿se cumplirán?

1996:
Ian Wilmut clona a la oveja Dolly.
2010: 
Craig Venter anuncia la creación de la primera célula artificial.
2011:
Investigadores franceses logran rejuvenecer células madre 'in vitro'.
2013
Primer hígado producido gracias a células madre en Japón.
2018:
Primer tratamiento comercial de edición génica CRISPR.
2020-2029:
Vacuna contra la malaria y el SIDA.
Cura de la mayoría de tipos de cáncer y el párkinson.
​Bioimpresión 3D de órganos humanos simples.
Tratamientos para rejuvenecer con células madre y telomerasa.
IA y Robots ayudan a los médicos.
​2030-2099:
​Cura del Alzheimer.
Intentos de preanimación de pacientes criopreservados (sobre 2040).
La muerte se convierte en opcional (2045).
La IA sobrepasa a la inteligencia humana (2045).
No se distingue la realidad virtual de la real (2049).
El mundo vive en la amortalidad (2099).

Y no hablamos solo de vida. Hablamos de dinero. Ante los retos de la falta de natalidad y el pago de las pensiones, el alargamiento de la vida en mejores condiciones (rejuvenescencia, la que podría ser en unas décadas la mayor industria del mundo, hoy incipiente) se ve como una solución a un abismo cada día más cercano. Y el hombre siempre saltó los abismos. Ahí tenemos las distintas revoluciones industriales, tecnológicas... surgidas de la necesidad, la muerte y el caos. Hoy, 150.000 personas mueren cada día por causa del envejecimiento. Sabemos de qué morimos al hacerlo de viejos: inestabilidad genómica, reducción de telómeros, alteraciones epigenéticas, pérdida de proteostasis, desregulación de nutrientes, disfunción mitocondrial, senescencia celular, agotamiento de células madre, alteraciones de la comunicación multicelular... cócteles mortales. Pero ¿es el envejecimiento inevitable? ¿Vale la pena invertir en prevención? 

Algunas cifras son rotundas: Gastamos al año en el mundo 900.000 millones de dólares en luchar contra el cáncer, 800.000 en tratar la demencia, 500.000 contra las enfermedades cardiovasculares, cientos de miles más por envejecimiento. Los sistemas sanitarios están al borde del colapso y el aumento de personas mayores (en Japón ya lo viven), o la falta de natalidad (será el gran drama de China que pasará de los 1.415 millones de habitantes de hoy a los 616 millones en 2100, y de Europa, en las economías avanzadas en 2050 el número de mayores igualará a los trabajadores activos) son brechas difíciles de suturar.

La esperanza de vida se ha triplicado desde finales del siglo XVIII hasta inicios del siglo XXI. Malthus pronosticó lo contrario. Pero la crisis del futuro será la falta de humanos. Desde 2010 vivimos, tal vez sin saberlo, el boom de la vida saludable y su industria, a partir de 2020 llegará la revolución de la biotecnología con el análisis del código genético, y a partir de 2030 la nanotecnología (lo que pronosticó el filme 'El chip prodigioso' empieza a estar más cerca), y la inteligencia artificial. Esta revolución permitirá, según los autores, dar un salto y reconstruir mentes y cuerpos. ¿Locura? Ya se pueden regenerar células, órganos, introducirlos en el cuerpo sin cirugía invasiva... 

Los autores consideran que  en 2029 llegaremos a la velocidad de escape de la longevidad, o sea, por cada año vivido ganaremos otra más de vida. Llaman a esto proceso: Matusaleridad. El siglo XXI no vivirá cien años de progreso sino 20.000 años. Como ocurre ahora con la evolución de los smartphone. En menos de una década se secuenciará un genoma completo por 10 dólares en un minuto. Baidu y BGi en China ya trabajan en la inteligencia artificial enfocada a la detección de enfermedades y secuenciación genómica, CB Insights reconoce que el área de mayor crecimiento de inversión de IA es... la salud. Más de 100 empresas punteras ya aplican algoritmos para reducir los tiempos de lanzamientos de fármacos, brindar asistencia virtual o hacer diagnósticos. Es el momento, señalan los autores del libro, de pasar de la medicina curativa a la preventiva.

Taro Aso, ministros de finanzas japonés dijo que los viejos deberían darse prisa en morir porque los costes de los tratamientos a enfermos terminales estaban arruinando el país. Ese es el envés de la moneda. Se estima que el aumento de la demencia en EEUU será de un 300% en 2050. Al final, rejuvenecer y alargar la vida en buenas condiciones será rentable. Y ese aliciente siempre ha movido al hombre. La gente estará más tiempo en el mercado laboral, ahorrará e invertirá más, la sanidad y las pensiones dejarán de estar al borde del precipicio, habrá menos absentismo, florecerán más la hostelería y el turismo. En EEUU las previsiones indican que el gasto en demencia será de un billón de dólares en 2050. Solo retrasar el envejecimiento siete años aliviaría las cuentas de los Estados. Si en 2050 se cumplen los pronósticos que no creen en vencer a la muerte, viviremos tres años más que hoy lo que hará necesario un uso del 2% del PIB mundial en cuidado de mayores. Solo las pensiones en EEUU aumentarán un 9% su deuda.

Solo el aumento de las edad de jubilación con gente en buen estado, rejuvenecida, aportaría a los Estados 2,1 billones en tres décadas. Entre 1970 y 2000 el aumento de la longevidad generó 95 billones de dólares y los gastos médicos fueron de 4 billones. ¿Merece la pena apostar por ganar la batalla a la muerte? Y no olvidemos la criogenización (Alcor y Cryonics Institute cobran hasta 200.000 dólares por conservar el cuerpo fallecido). Suena a filme de Kubrick, pero ya es real. Los tratamientos biotecnológicos llegarán en 2020, según lo autores, en 2030 los nanotecnológicos y revertir el envejecimiento podría ser real en 2045. ¿Locura o realidad? Lo veremos, si la muerte nos deja, en menos de 30 años. 

La muerte de la muerte: la solución al problema de las pensiones y la natalidad

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