Domingo, 25.08.2019 - 12:03 h
El contrato de diseño es de 250 millones de dólares

La NASA se sube al carro de Elon Musk con un nuevo Concorde 'silencioso'

El contratista principal, Lockheed Martin, también lidera el programa del F-35 que se ha convertido en el más oneroso para las arcas del Pentágono.

El X-59 será el primer aparato dotado con la tecnología bautizada como QueSST (Lockheed Martin)
El X-59 será el primer aparato dotado con la tecnología bautizada como QueSST (Lockheed Martin)

La NASA ha anunciado el comienzo oficial de un proyecto que tiene como objetivo resucitar para la aviación comercial el sueño del Concorde, una aeronave de vuelo supersónico capaz de acercar ciudades a uno y otro lado del charco en un tiempo récord. Los logros de Elon Musk con Space X y su ambicioso proyecto del Hyperloop parecen haber espoleado a los responsables de la agencia espacial estadounidense para fijar un programa de pruebas que culmine en tres años con el primer vuelo del X-59, el primer aparato dotado con la tecnología bautizada como QueSST (Quiet Supersonic Technology).

Claro que los responsables no quieren ni escuchar hablar de su predecesor, el Concorde, cuyos vuelos terminaron para siempre después del accidente del 25 de julio de 2000, cuando se estrelló pocos minutos después del despegue del aeropuerto Charles de Gaulle sobre un pequeño hotel de Gonesseen, lo que provocó la muerte de sus cien pasajeros, la mayoría de ellos alemanes, los nueve tripulantes y cuatro empleados del establecimiento.

Aquella tragedia fue el inicio del punto final al sueño del del primer avión comercial que superaba la velocidad del sonido,concebido por Francia y el Reino Unido y que, desde su vuelo inaugural en 1976, nunca logró encontrar la rentabilidad financiera. 

Tras varias mejoras técnicas, los cinco Concorde de Air France y los siete de British Airways reiniciaron sus vuelos el 7 de noviembre de 2001, pero el alto coste de mantenimiento y combustible, sumado a la guerra en Irak, la mala situación de la economía mundial y el creciente miedo a volar desde los atentados del 11-S en Nueva York, fueron la puntilla, provocando una caída en picado de la demanda de pasajes. 

El cese de actividad de las aeronaves costó a Air France entre 50 y 60 millones de euros, por la amortización del almacenamiento de las piezas de recambio, pero evitó una perdida anual a las cuentas de ambas compañías de entre 30 y 50 millones de euros.

Una nueva era

“Este avión tiene el potencial de transformar la aviación en EEUU y el resto del mundo al hacer posible viajar a más velocidad que el sonido para cualquiera", declara en la nota oficial sobre el X-59 el administrador de la agencia, Jim Bridenstine. "¡No podemos esperar para ver volar este pájaro!", añadió. La futura aeronave tendrá una altura de vuelo de crucero de 55.000 pies, unos 25.000 más que cualquier otro avión comercial.

El punto crítico fijado para el desarrollo final del X-59 se ha fijado en las pruebas de vuelo de 2021. Llama la atención que la NASA se pone la venda antes de la herida al asegurar que "el presupuesto y calendario especificado se ajustan con las mejores prácticas de gestión que minimizan los riesgos y sobrecostes que pueden afectar al proyecto". La aclaración no es baladí, si tenemos en cuenta que el contratista principal es la compañía Lockheed Martin, empresa que lidera el programa del caza de combate F-35 que se ha convertido en el más oneroso para las arcas del Pentágono en su historia.

A principios de este año Lockheed ganó un contrato de 250 millones de dólares para el desarrollo de la tecnología necesaria para poner en marcha este proyecto que acaba de presentar el calendario de ejecución.

Los promotores del proyecto del X-59 QueSST prometen que su diseño reducirá el estallido que se produce al romper la barrera del sonido a un "portazo discreto". Y es que ese sonido era una de las razones que, en su día, impedía que el Concorde sobrevolara núcleos urbanos. Para estar seguros de su eficacia, durante las pruebas la nueva aeronave pasará sobre varias poblaciones seleccionadas de EEUU para medir la percepción de la ciudadanía sobre el ruido del aparato, y se aprovechará para recoger datos y mediciones que permitan a los reguladores como la FAA para establecer nuevas normas sobre la aviación comercial supersónica.

La responsabilidad del desarrollo del X-59 QueSST recae sobre el programa 'Low Boom Flight Demonstrator' de la NASA, integrado en su departamento de proyectos. 

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