El pacto social alcanzado por el Gobierno abre el debate

La otra cara de la subida del SMI: ¿Más economía sumergida y temporalidad?

Los expertos no se ponen de acuerdo a la hora de analizar una medida que es todo un guiño a los más desfavorecidos y una medida contra la desigualdad.

Acuerdo para la subida del salario mínimo
Firma del acuerdo salarial.

Esta semana hemos contemplado una nueva foto del pacto social. No todo eran sonrisas (está claro quién es la persona más satisfecha con el acuerdo), pero sí consenso... que no es poco. El salario mínimo interprofesional subirá un 4% en 2018, hasta los 736 euros al mes, aumento que se elevará al 5% en 2019 (773 euros) y al 10% en 2020, hasta situarse en 850 euros mensuales. Sin embargo, estas subidas estarán siempre condicionadas a que se registre cada año un crecimiento del PIB real superior al 2,5% (algunos analistas señalan que ahí está el truco), y un aumento de la afiliación media superior a las 450.000 personas. La pregunta y el debate ahora está en otro punto: ¿Tiene lado oscuro la subida del salario mínimo? ¿Fomenta, como dicen una parte de los economistas, el trabajo temporal y la economía sumergida? ¿Es un tapón para los jóvenes que quieren incorporarse al mercado laboral y un freno para los menos preparados que están en el paro?

El debate no es en sí mismo la subida de la renta para los que menos tienen (se calcula que la medida afectará a cerca de medio millón de personas, un dato que suele repetirse pese a los cambios en la realidad económica) sino si se trata del remedio a una realidad que combina paro estructural juvenil y escasa formación. Las opiniones son dispares.

Valentín Pich Rosell, presidente del Consejo General de Colegios de Economistas, considera que es "una buena medida, con escaso recorrido, porque la pregunta es ¿qué hacer con la gente que aporta poco valor añadido en la nueva realidad laboral que llega? Es justo que un Estado de Bienestar se cuide al colectivo más débil, pero no deja de ser un guiño. Lo importante es que ha sido resultado de un acuerdo, y que está condicionado al aumento del PIB escalonado", señala. "Esta es una idea novedosa e incide en otra que es que no se puede gastar lo que no se genera, porque al final los que suben los salarios son las empresas, no el Gobierno, salvo en el caso de la Administración". No está tan de acuerdo con tan 'estrictas' condiciones, el economista José Carlos Díez, que considera que "se podría haber optado por limitar la subida a un crecimiento del 1,5% o 2%, porque si no llegamos al 2,5% que es la previsión, no hay subida".

Pich destaca que hay otro elemento que no puede pasar desapercibido en el acuerdo que es "el no aumento de las cotizaciones sociales". Eso sí, considera que es prioritario evitar fraudes sin abandonar la sensibilidad social y apostar por la formación, clave para los sectores más castigados por la precariedad y la falta de empleo salgan de ese abismo. "Estamos en un mercado global muy competitivo y cada vez cuesta más tener un sueldo respetable. Antes con esfuerzo se conseguía, ahora es complejo. Otro debate es ¿se puede grabar el trabajo con un impuesto como se hace en España?".

El empleo sumergido puede aumentar

Jose Carlos Díez no cree que una subida del salario mínimo tenga efectos en la creación de empleo y en la temporalidad "porque no lo ha tenido la subida de 2017. No creo que una subida de este calibre vaya a hacer perder trabajo a alguien que ya cobre un salario mínimo. Otra cosa es que aumente el empleo sumergido, pero no olvidemos que este es ilegal". Díez cree que es el momento, "porque esto no se puede hacer en plena crisis, pero hasta Draghi ya ha pedido subir salarios. El Estado tiene que tener sensibilidad ante el aumento de la desigualdad". Desmiente también Díez que este movimiento pueda afectar a la competitividad. "Aún tenemos margen de subida respecto al resto de países europeos en este sentido". Tampoco considera que esta provoque una escalada de salarios, "no ha influido en el salario medio, el resto de nóminas no se enganchó a la subida del SMI, por lo que algo falla en la reforma laboral", remata.

La subida del salario mínimo interprofesional para 2018 y el compromiso de 12.000 euros anuales en 2020 es una triple buena noticia para el mercado de trabajo, según el Presidente de la Asociación de Empresas de Empleo, Andreu Cruañas. Primero, porque puede mejorar los ingresos de las rentas más bajas, segundo porque el Gobierno atiende a las peticiones internacionales y tercero porque supone una vuelta a la capacidad de consenso, lo que puede presagiar nuevos acuerdos para 2018.

La esperada recuperación de los niveles precrisis del PIB, el ritmo de creación de empleo, y la mejora tejido empresarial han propiciado este paso que el Gobierno ha pactado con los agentes sociales. "Puede ser un impulso para el consumo por el aumento de la renta, dinamizar la demanda interna, y aumentar la recaudación pública a través de impuestos y cotizaciones". No hay que olvidar, se señala desde la organización, que este paso supone "la mejora del bienestar del medio millón de trabajadores afectados por la subida".

Pero no todos son aplausos. José Luis Feito Higueruela desde el Instituto de Estudios Económicos, ha elaborado un documento titulado 'Las consecuencias de la subida del salario mínimo en España', en el que alerta de que esta puede "hacer descender la demanda de este tipo de trabajadores o provocar reducciones de jornada. En el peor de los casos puede prolongarse su permanencia en el paro". Destaca para ello que el 18,5% de los que lo cobraron en 2017 tenían entre 18 y 24 años, mientras que un 12,3% eran trabajadores no cualificados. "Puede provocar el efecto de aumentar la proporción de contratos temporales, reducir la duración de las jornadas y aumentar la economía sumergida". Y destaca un dato. "Son las empresas las que determinan el número de personas que tendrán empleo a ese nivel salarial además de la modalidad de contrato".

¿Un antídoto contra la desigualdad salarial?
No lo cree el autor que considera que "en el mejor de los casos mantiene los ingresos anuales de los trabajadores más vulnerables", pero "fomenta la temporalidad y ralentiza la creación neta de empleo". Cree Feito, que más preocupante que el SMI, es la baja cualificación , el abandono escolar y la falta de inversión empresarial en capital físico y tecnológico. El debate está, visto lo visto, más que abierto.

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