Jueves, 19.09.2019 - 18:00 h
La Xunta incauta una tonelada 'robada' por los turistas

Las mariscadoras gallegas, vigilantes de la playa por los "furtivos del bañador"

"Hay que concienciar a la gente de que no puede coger almejas de los arenales porque la playa es de todos, pero el marisco allí enterrado, no".

Mariscadoras gallegas faenan en Carril.
Mariscadoras gallegas faenan en Carril.

“¡La playa es de todos!” Sí, la playa es de todos… “¡pero el marisco, no!”. Las mariscadoras de las rías gallegas casi imploran porque llueva en verano, sobre todo los fines de semana, y las playas no se llenen de turistas. “¡Bueno… por media docena de almejas para el arroz del mediodía no pasa nada!”. Pero media docena de almejas por cada uno de los miles de bañistas que cada día de verano llenan las playas de Galicia son muchos miles de kilos. Son ‘piratas’ sin pata de palo ni parche en el ojo… Son los llamados ‘furtivos del bañador’, que esquilman cada verano los parques de cultivo de bivalvos que con su esfuerzo y su dinero ‘siembran’ las mariscadoras gallegas, que ya se han organizado para vigilar las playas y que los turistas no se lleven su sustento y su trabajo. “A la playa se viene a disfrutar y a pasarlo bien, no a mariscar”, dice el patrón mayor de la Cofradía da Illa de Arousa, José Rial Millán.

La Xunta de Galicia decomisa cada verano una tonelada de marisco a los ‘furtivos del bañador’. Igualmente, a finales de julio, por ejemplo, la Guardia Civil informaba de que en San Vicente de O Grove había sido interceptada una furgoneta con cerca de una tonelada de almeja ilegal en su interior, una cantidad que en el mercado podría llegar a alcanzar los 11.000 euros. Las mariscadoras se gastan más de 250.000 euros al año en repoblar de almejas las playas, pagan su seguro y sólo pueden recoger cuatro kilos al día y de talla grande. Pero lo que parece completamente inofensivo, como es acercarse a una playa y llevarse un puñado de almejas, destroza su trabajo porque ese mismo gesto, repetido por cientos de personas, termina arrasando con todo el molusco de una playa, dañando gravemente el ecosistema de la zona y destruyendo el trabajo desarrollado por las mariscadoras. Ellas regeneran los arenales, esparciendo una almeja que cuidan y miman durante cerca de dos años. Una inversión de esfuerzo, tiempo y dinero que desaparece ante la acción delictiva de este grupo de ciudadanos. A todo ello se une el riesgo para la salud que supone comer marisco que no haya sido, previamente, depurado.

Por todo ello, la Xunta de Galicia ha lanzado, por segundo año consecutivo, una campaña para tratar de sensibilizar sobre la importancia de cuidar los arenales. Bajo el lema “no seas pirata, a la playa se viene a gozar no a saquear”, informa de las consecuencias de robar almejas de las playas a los bañistas de 45 arenales de Lugo, A Coruña y Pontevedra. Los guardacostas se encargan de vigilar que los típicos cubos de las playas se utilicen solo para construir castillos de arena, pero no es suficiente y las mariscadoras y las cofradías contratan vigilancia privada y hasta ellas mismas se organizan en patrullas para disuadir a estos turistas que se convierten en ‘corsarios’ para ‘apañarse’ el arroz de la comida. Unos ‘furtivos de bañador’ que se arriesgan a multas que van desde los 350 hasta los 3.000 euros.

Guadalupe ‘Pupe’ Jueguen es mariscadora de Carril, en la ría de Arousa, y presidenta de la asociación de turismo marinero Amarcarril. Este martes a las 19.30 horas acababa de llegar a su casa después de ‘vigilar’ una playa cuando atendió a La Información. “Acabo de llegar a casa porque hoy tuve vigilancia y hasta que no subió el mar no pude salir de allí. El problema es muy serio. Aquí vienen turistas de todos los lados. Españoles, extranjeros… Hace unos días en la ría de Pontevedra bajaron a la playa las mujeres a mariscar y un inglés se puso a coger marisco con ellas con un calderito. Cuando se dieron cuenta: ‘¿Y éste, quién es?’, se preguntaron las mujeres. Tenía un caldero lleno de almejas. ‘¡Ah! Yo pensé que se podía bajar, como os vi a todas vosotras’, les dijo. Y allí que se puso a mariscar por todo el morro”.

Arenales en Carril.
Arenales en Carril.

‘Pupe’ pone sobre la mesa el gran problema al que se enfrentan las casi 4.000 mariscadoras gallegas: “El furtivismo tradicional, la gente que baja a la playa a coger marisco sin autorización, para vender, eso está disminuyendo, pero el furtivismo de bañador es nuestro gran problema y va a más y está en crecimiento. Viene la gente y no sé lo que piensa porque yo si me voy a Huelva de vacaciones no me meto en un invernadero a coger fresas o no voy al monte a talar un árbol y coger la madera. La gente viene y ve el marisco al alcance de sus manos y cree que es suyo y lo cogen. En verano es un no vivir. Hay que concienciar a la gente de que ese marisco tiene dueño”.

María Luisa, una madrileña de 48 años acaba de llegar de pasar unos días de vacaciones en A Pobra do Caramiñal (A Coruña) junto a su esposo. Es la primera vez que estaba en Galicia, y reconoce que ella “no sabía” que el marisco de las playas tenía dueño. “Un día cogimos unas pocas almejas, como hacía bastante gente de la que estaba en la playa”, reconoce, “al día siguiente hicimos lo mismo mi marido y yo, pero vino una mariscadora y nos dijo que eso no se podía hacer y dejamos las almejas en la playa. Ya no cogimos más en el resto de las vacaciones”, admite. Pero hay personas, que pese a las advertencias lo siguen haciendo. Antonio, nombre ficticio, es de Cambados y tiene ya cerca de 80 años. Reconoce que “he cogido almejas de la playa toda la vida y ahora ya no lo hago porque cuesta ya agacharse”. Sabe que ello “perjudica a las mariscadoras”, pero cree que “por coger media docena de almejas no pasa nada”. “Dos, tres, cuatro almejas por los miles de bañistas de una playa son decenas de kilos”, sentencia ‘Pupe’.

“Hay que concienciar a la gente de que ese marisco tiene dueño”, dice José Rial Millán. “Tenemos 250 mariscadoras en la cofradía y cuando coincide la bajamar en los fines de semana y festivos organizamos grupos de tres para vigilar las playas e informar a quien está echando mano al marisco que ese marisco no está ahí de casualidad. Y si se ponen tontos llamamos al guardacostas o a la guardia civil y se abre un acta de denuncia. Es muy difícil calcular cuánto marisco se llevan, pero sí hemos notado que cuando se regenera una playa con marisco, que cuesta entre 15 y 18 meses que el marisco alcance una talla comercial, cuando la abres está mermado al 50% o al 40% el marisco que hemos echado. El que va a la playa a coger marisco, le da igual que sea pequeño, que sea grande… para echarlo a la cazuela le da igual”

Guadalupe Jueguen, por su parte, explica que “nosotras trabajamos en la zona de Carril y tenemos las playas de La Concha y la Compostela, que son unas playas muy buenas y viene muchísima gente. Y ahí mariscamos y dentro de nuestra agrupación de mariscadoras nos organizamos por grupos y cada día va un grupo”. ‘Pupe’ habla de verdaderos ‘artistas’ en el furtivismo de bañador. “Alguna gente tiene un arte especial”, cuenta. “Les mandan a los niños con el cubito y los críos van llevando las almejas a la toalla y los mayores van guardando las almejas en la neverita o donde puedan. Así toda la tarde, de la orilla a la toalla. Luego hay gente que las ves, saben que no las pueden llevar, y se las meten en el bañador y luego ves el bañador todo lleno de protuberancias, bultos por todos los lados… Lo cierto es que “hay verdaderos artistas. ‘Estamos buscando unas cochas, solo hay conchas’, te dicen. Y te abren la bolsa y por arriba solo hay conchas, pero metes la mano y por debajo son todo almejas”.

Esta mariscadora, de cualquier manera, deja claro que a pesar de su labor de vigilancia, no son policías. “Nosotros avisamos a la gente, nosotros no estamos para arrestarles ni nada de eso, no somos vigilantes jurados ni guardacostas, lo hacemos porque es nuestro trabajo. Los avisamos y lo suelen echar y alguno que se te pone gallito llamamos a la vigilancia privada de la cofradía e incluso al guardacostas o a la policía. Llamamos en momentos muy concretos, cuando se nos rebotan, cuando dicen que tienen derecho, que la playa es de todos… La playa sí es de todos, pero lo que está enterrado en la arena es nuestro. Nosotras sembramos, nosotras limpiamos, nosotras regeneramos, nosotras vigilamos… Nosotras trabajamos para que esto vaya para arriba. La gente te dice: ‘es que son dos almejas’, pero multiplica por la gente que está en la playa. Es que son kilos y kilos todos los días. No podemos estar todo el año manteniendo esto para que cuando sea verano lleguen los turistas y se lo lleven.

El patrón mayor de la Cofradía de A Illa de Arousa cree que “la mayoría de la gente está concienciada de que no se puede coger el marisco de la playa, pero date cuenta de que a la isla llegan cada día de un fin de semana entre 12.000 y 14.000 coches. Tenemos 37 kilómetros de costa y 8 de playa… Es muy difícil controlar todo. Tratamos de hacerlo, pero… No es desinformación, pero alguna gente, que no la mayoría, viene a tomar el sol y a tomar marisco gratis. Dos, tres, cuatro almejas no pasa nada, pero multiplica por los miles de personas que vienen a pasar el día”. Y a esos ‘furtivos de bañador’ les han declarado la guerra las mariscadoras de las ría gallegas. Sólo defienden su modo de vida. “A nadie le apetece hacer vigilancias, pero no nos queda otro remedio si queremos preservar lo que tenemos”, sentencia Lourdes Corvo, presidenta de las mariscadoras de Vilaxoán, también en la ría de Arousa. Y es que, insisten: “la playa es de todos, pero el marisco enterrado en la arena tiene dueño”.

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