Miércoles, 27.03.2019 - 01:43 h
Cada día más voces claman por una rectificación

May dice no a un nuevo referéndum y deja claro que Reino Unido se va de la UE

Pidió, eso sí, un nuevo tratado en materia de seguridad entre la UE y Reino Unido tras el "Brexit" para que todos los ciudadanos estén más seguros.

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Theresa May no quiere un nuevo referéndum.

La primera ministra británica, Theresa May, ha descartado por completo la convocatoria de un segundo referéndum sobre la permanencia de Reino Unido en la Unión Europea tras la victoria de los partidarios de la separación en el plebiscito de junio de 2016. "Nos vamos de la UE y no hay posibilidad de un segundo referéndum o de regresar al bloque. Creo que es importante", ha resaltado May durante su comparecencia en la Conferencia de Seguridad de Múnich.

"El pueblo británico es del parecer de que, si se toma una decisión, los gobiernos no deberían dar marcha atrás como si se hubieran equivocado", ha añadido en la entrevista posterior a su comparecencia y emitida por la cadena de TV británica Sky News.

La primera ministra británica, Theresa May, pidió, eso sí, un nuevo tratado en materia de seguridad entre la UE y Reino Unido para después del "Brexit", ya que una ruptura de la actual cooperación tendría "dañinas consecuencias reales". May hizo estas declaraciones al intervenir en la Conferencia de Seguridad de Múnich (MSC), un foro clave sobre política internacional, en donde argumentó que un acuerdo en defensa entre la UE y Reino Unido precisa "voluntad política", para que "los ciudadanos en toda Europa estén más seguros".

La seguridad debe ser europea, pero respetando soberanías

Este acuerdo, agregó, debe mantener la actual cooperación en materia de seguridad, preservar las capacidades desarrolladas en los últimos años, pero manteniendo las respectivas soberanías en el ámbito legal: Londres reconocería al Tribunal de Justicia de la UE (TJUE) aunque éste no tendría jurisdicción en Reino Unido. "Propongo un nuevo tratado para nueva relación de seguridad que preserve nuestras capacidades", aseguró May, quien apuntó tres "requisitos": respeto a las respectivas soberanías legales, un mecanismo de resolución de disputa y el reconocimiento de distintos estándares en protección de datos.

"Estamos incondicionalmente comprometidos a mantener la cooperación en defensa", subrayó la primera ministra, que afirmó que "juntos" Reino Unido y la UE protegerán y proyectarán sus "valores" y mantendrán "seguros" a sus ciudadanos "ahora y en el futuro". No obstante, alertó en dirección a Bruselas y los negociadores del Brexit "si la prioridad es no mantener la cooperación" en materia de defensa y seguridad, los resultados pueden tener "dañinas consecuencias reales". Por parte de Londres, agregó, no hay impedimento: "Queremos continuar con esta cooperación cuando nos vayamos de la UE. Nada se tiene que poner en nuestro camino. Si ponemos esto en el centro, encontraremos los medios", afirmó May, que instó a "no retrasar las conversaciones" en este punto y avanzar "con urgencia", "ambición" y "creatividad", para lograr "un tratado para la seguridad de todos los europeos".

La primera ministra indicó su interés en participar también en proyectos que puedan recibir financiación del Fondo Europeo de Defensa y de tener voz en la conformación de cuestiones en las que se avance en estrecha cooperación, como operaciones militares conjuntas en el exterior o la imposición de sanciones.

May, a la vez, aseguró que a raíz del "Brexit" Reino Unido tendrá sus propios objetivos en política exterior y desarrollará sus propios estándares y un sistema legal independiente del comunitario, aunque señaló que los "valores" subyacentes seguirán siendo los mismos.
Entre los actuales mecanismos de cooperación en seguridad y justicia la primera ministra británica mencionó las órdenes europeas de extradición y el intercambio de información a través de Europol.

La MSC cuenta hoy entre sus ponentes el ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, el canciller austríaco, Sebastian Kurz, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y el primer ministro francés, Édouard Philippe.

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