Martes, 16.10.2018 - 08:27 h
De Mirasierra a Benetton

Inmobiliarias, bodegas, franquicias... el imperio lejos de Marbella de los Banús

José, ideólogo de Puerto Banús, participó en la construcción del Valle de los Caídos y fue precursor de grandes proyectos en el Barrio del Pilar. 

Antonio Banús
José Antonio Banús se metió a bodeguero en Extremadura. /Junta de Extremadura

Hace ya muchos años que Antonio Banús Ferrer se adentró en tierras de secano. Adquirió una finca en Extremadura y se metió a bodeguero. Pero detrás de este apellido hay toda una saga constructora que sumó millones en los años setenta y a la que se le atribuye parte de lo que es Marbella y algunos barrios de Madrid.

Hagamos un poco de historia. Antonio es sobrino del fallecido José Banús Masdeu, ideólogo de Puerto Banús, el enclave marbellí frecuentado por la jet set internacional, e hijo de Juan Banús Masdeu, fundador de la inmobiliaria Juban S.A, creada en 1953. La familia procedía de La Masó, un pequeño pueblo de Tarragona, hasta que decidieron establecerse en Madrid para dirigir desde allí sus intereses inmobiliarios por toda la península. Suyos son el puerto de Bermeo, en Bilbao, y un tramo de ferrocarril en Zamora.

José Banús Masdeu se inició en el ladrillo con solo 14 años. A los 18 decidió independizarse junto a Juan, uno de sus hermanos. Juntos crearon una empresa constructora que, dos décadas después, se hizo con la concesión del Valle de los Caídos junto a otras empresas. De aquí les queda el sobrenombre de ‘constructores del régimen’, pero también fue el disparadero de una empresa cuyo fuerte eran las obras públicas.

Juan y José se separaron después de terminar el panteón y sus alrededores. José siguió acuñando proyectos -y fama- como las urbanizaciones de los barrios madrileños de La Concepción y de El Pilar. Ya multimillonario, el siguiente paso de José fue aterrizar en la Costa del Sol. En Marbella ideó, sin duda, su proyecto más ambicioso: Puerto Banús, un punto de encuentro de los yates de Aristóteles Onassis, Aga Khan, actores de Hollywood y árabes. Murió en 1984, después de haber vendido parte del puerto en plena crisis de los años 80. Por su parte, Juan Banús Masdeu se quedó en Madrid y se centró en la lujosa zona de Mirasierra. Falleció en 1980, a los 82 años, pero Juan y Antonio Banús Ferré, sus hijos, continuaron construyendo y urbanizando el proyecto de Mirasierra –hoteles, spa– sin dejar de invertir y expandir sus tentáculos de ladrillo por el resto de la geografía española. Juan murió en 2000, a los 69 años. Antonio sigue al pie del cañón, aunque delegando casi todos sus proyectos a sus hijos, Laura y Álvaro.

En su historial profesional está el haber sido propietario de numerosas franquicias de la firma italiana de moda Benetton y los concesionarios de coches, pero su núcleo duro sigue siendo la construcción. A través de Comercial Mirasierra S.A. gestionaba el emblemático Hotel Mirasierra Suites, donde se concentran los jugadores del Real Madrid, que sufrió una remodelación hace unos años de la mano de la marca de lujo Sheraton. Puede decirse que Juban S.A. de Construcciones es una empresa familiar.

Su capital estaba controlado en su totalidad por Comercial Mirasierra, gestionada por la familia e Inus Real Estate, presidida por Antonio que fue presidente hasta 2013, momento en el que asumió ese puesto su sobrino Juan mientras su hija Laura, por ejemplo, asumía el puesto de consejera. La batalla judicial por la herencia del patriarca en el que estuvo inmersa la familia durante varios años en los tribunales repercutió en este esquema. Juan Banús había dejado un testamento cerrado con la cláusula Socini, que establece que aquella parte que recurrierra su decisión se quedaría con la legítima.

Sus hermanas Pilar, Elvira y María Dolores pidieron recibir el mismo valor de la inmobiliaria que sus padres les habían dejado a su hermanos y en 2014 un juez dio la razón a los varones haciendo uso de esa cláusula, por lo que perdieron parte de la herencia en beneficio de Antonio y Juan.

Su negocio más desconocido: la bodega extremeña

Dicen que es un empresario que siempre ha tenido en su cabeza todo su imperio. Discreto, emprendedor, su última pasión fue crear un vino propio. Antonio estrenó su bodega ‘El Carabal’ a los 60 años en su finca cacereña del mismo nombre con asistentes de lujo como el presiente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara. De aquello ya hace diez años y su creación ha cosechado ya varios galardones. En la edición 33 de la Guía de Vinos Gourmets fue una de las catorce calificadas como mejor bodega española.

La finca 'El Carabal' está situada en la Sierra de Guadalupe, dentro del término municipal de Alía, en la provincia de Cáceres. Con una superficie de 8.500 metros cuadrados y una inversión inicial de 13 millones de euros, la bodega del mismo nombre se erige sobre la finca como un edificio de tres plantas diseñado por el arquitecto Javier Banús, primo del propietario. Cuenta además con 350 hectáreas en las que conviven encinas y alcornoques, olivos y reses de ganado ovino, ciervos, jabalíes y corzos que permiten, además, su explotación cinegética que también le ha cosechado varias medallas en este deporte.

Cuentan los que le conocen que en la finca Antonio se quita el traje y la corbata para disfrutar de las tareas del campo. La conversión de la propiedad ha sido su proyecto más personal. De un pequeño viñedo donde solo había descuidadas viñas a un negocio en mayúsculas. Empezaron a coger uva y a hacer vino para consumo familiar sin experiencia. Después levantó el viñedo y una plantación pequeñita. Su tesón y ansias de lograr siempre la perfección fueron dos de los ingredientes secretos.

También la presencia del enólogo Ignacio de Miguel Poch, uno de los más prestigiosos de España especialista en trabajar desde cero y con experiencia en numerosas bodegas por todo el territorio nacional. Montar el proyecto fue un reto. Ni acompañaba ni el suelo ni el clima extremo de la región. Pero la familia ha logrado crear un vino acogido a la Denominación de Origen Ribera del Guadiana con personalidad propia, sabroso, potente y elegante al que ha llamado Rasgo, Cávea y Gulae.

Al pie del cañón está su hija Laura Banús, primogénita de cuatro hermanos, licenciada en Empresariales. Inició su carrera en el grupo de franquicias Benetton, donde se encargó de la gestión durante 10 años. Después le llegó la responsabilidad de asumir el reto de dirigir la bodega desde cero y en un sector muy competitivo. Laura Banús se encarga desde buscar la distribución del vino hasta la elección de etiquetas y corchos o cajas de embalaje. Este negocio lo gestionan a través de la sociedad El Cumbron S.L. en la que Antonio sigue siendo su administrador único y sus hijos apoderados. Con un activo de casi diez millones de euros, en las últimas cuentas depositadas, las del 2016, hablan de un descenso de las ventas de 327.887 euros pero con un resultado negativo de 1.000.404 euros que mejora el del año anterior.

A sus más de 70 años sigue presente en la estructura corporativa de sus negocios. Gerente en Inus Real Estate SL , que capitaliza sus actividades inmobiliarias, y administrador único en Banfer S.A., a través de la que lleva las riendas de su ganadería en la que Laura tiene un puesto de consejera. También ocupa el mismo cargo en 5TH Essence Wines S.L. y es administradora de Royblanca S.L. y Banalex inversiones.

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