El poder mágico del Estado

Mosler, el millonario que pide imprimir dinero para dar trabajo a todo el mundo

Desde su casa en una isla del Caribe, ejerce de Zaratustra para un grupo cada vez más amplio que proponen "darle a la máquina del dinero" para resolver los problemas económicos.

Warren Mosler
Warren Mosler
Editorial

Desde su casa en una isla del Caribe llamada Saint Croix (Islas Vírgenes) donde se hizo construir un catamarán de 750.000 euros, Warren Mosler (70 años) es el Zaratustra de un grupo cada vez más amplio de expertos del mundo que proponen "darle a la máquina del dinero" para resolver nuestros problemas económicos.

Cuando estalló la crisis de 2008, Mosler recomendó al Gobierno de Obama que gastase sin parar hasta que el paro fuese casi eliminado. Propuso que el Estado eliminarse los impuestos sobre la renta del trabajo, y con ello diera una media de 500 euros por persona. Además, el Estado tenía que ofrecer un puesto de trabajo a todo el que lo quisiera. ¿Cómo?

Pues endeudándose, claro. Es lo que se conoce como la Ley de Mosler: el Estado debe incrementar su deuda todo lo que necesite para resolver el problema del empleo y del crecimiento. Es lo que se llama MMT o "Modern Monetary Theory" (Teoría Moderna Monetaria). Eso resulta en un aumento de la deuda y del déficit fiscal, pero a Mosler le da igual porque el Estado puede seguir imprimiendo dinero. Tiene ese poder mágico. 

Los MM son las Magnitudes Monetarias, uno de los elementos más importantes en la teoría del dinero: es decir, el dinero que hay en el sistema. La teoría más formal dice que cuando hay mucho dinero en el sistema, se corre el riesgo de causar inflación, y cuando hay poco, se corre el riesgo de entrar en recesión. Pero Mosler lo rebate. Imprimir más dinero no significa causar más inflación. EEUU ha estado imprimiendo dinero en los últimos años, las famosa "quantitative easing", y no ha habido inflación, sino riesgo de deflación.

Mosler empezó su carrera profesional en un banco en Connecticut. Luego pasó a las grandes ligas: se convirtió en un ‘trader’ de Wall Street. Y como suele suceder a muchos de los que surfean las olas de la Bolsa, Mosler tuvo allí una revelación. "Toda la gestión de la deuda consiste en es tener débitos y créditos en diferentes cuentas", dijo en una ocasión, rememorando cómo las cifras aparecían y desaparecían en su ordenador cuando trabajaba en Bankers Trust en Nueva York en la década de 1970, según una información de 'The New York Times'. "¿Puede el Gobierno federal quedarse sin dólares? No, porque la Fed (banco central) podría poner en circulación un número mayor de dólares. Ese número no viene de ninguna parte. Es como cuando un jugador marca un gol en un estadio. Solo aparecen puntos en el marcador. El Gobierno es como un anotador de dólares".

En los años 80 del siglo pasado, Mosler se salió de Wall Street y lanzó su propio fondo de inversión y se fue a vivir a Boca Ratón, en Florida. La verdad es que no le fue muy bien en algunos negocios, aunque en otros sí. En los 90, aparte de llevar su 'hedge fund', escribió un libro titulado 'Soft currency economics' ('La economía de la moneda débil'), y además le dio por construir su propia línea de coches. La llamó The Consulier. La revista 'Time' la bautizó como uno de los "50 peores coches" de la historia. 

El libro de Mosler venía a decir que, desde que Nixon abolió el patrón oro a principios de los 70, el valor del dólar no se establecía en función de ese metal precioso sino en función de la confianza en la moneda, y entonces se podía echar mano del dólar de manera ilimitada. Eso es lo que ha pasado desde entonces. Razón por la cual EEUU tiene una deuda que crece sin parar (ahora de 25 billones de dólares), y un déficit fiscal que sigue aumentando (se prevé que sea de 3,7 billones de dólares al final de año). Y el mundo no se ha caído, dice Mosler.

Las teorías de Mosler quedaron aparcadas cuando el planeta se metió en la locura del dinero barato a principios del 2000. EEUU y España fueron buenos ejemplos, porque con ese dinero barato la gente incrementó su patrimonio, se compró pisos, coches y viajes y gozó de mucho empleo. En España casi hubo pleno empleo.

A partir de la crisis de 2008, se empezó a hacer más famoso Mosler. Los estados de todo el mundo tuvieron que intervenir para salvar bancos y empresas aplicando el rigor de las teorías keynesianas. Metiendo dinero. Keynes, el famoso economista inglés de la primera mitad del siglo XX proponía algo así en su libro 'Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero': si la economía se estancaba, entonces se podría recurrir a "to dig holes in the ground", es decir, cavar agujeros en el suelo, pagados con el capital (ahorros), lo cual incrementará no solo el empleo sino la rentabilidad nacional de bienes útiles y servicios (Capítulo 16). El Estado podría inyectar ese capital.

A raíz de la profunda y repentina crisis en Occidente causada por el coronavirus en 2020, muchos economistas están desempolvando las tesis keynesianas, y están prestando cada vez más atención a gente como Warren Mosler. De hecho, una columnista ‘The New York Times’ que había sido economista jefe de los demócratas en el Senado, contaba hace pocos días en esas páginas la revelación que tuvo cuando visitó a Mosler. Este hombre le explicó su teoría con la fábula de sus dos hijos.

Mosler deseaba que el césped estuviera cortado, las camas hechas, los platos lavados, los coches limpios… y que esas tareas las hicieran sus dos hijos. "Para alentarlos a ayudar en casa", cuenta la columnista, "Mosler prometió compensarles pagando su trabajo con sus tarjetas de visita".

"¿Por qué trabajaríamos para tener tus tarjetas de visita? ¡No valen nada!", dijeron los hijos sabiamente. Entonces Mosler cambió de táctica. En lugar de compensarles por ofrecerse como voluntarios para hacer tareas de casa, cada mes los jóvenes acumularían tarjetas de visita, si hacían tareas en casa. Si ellos no acumulaban esas tarjetas como fruto de su trabajo, perderían sus privilegios: no más televisión, no más piscina o no más viajes de compras al centro comercial.

Era un impuesto que solo podía pagarse con su propio papel moneda: las tarjetas de visita. "En poco tiempo, los niños estaban corriendo, arreglando sus habitaciones, la cocina y el patio, trabajando para mantener el estilo de vida que querían", afirma la columnista.

Muchos economistas están rescatando la idea de inyectar dinero a mansalva a la economía porque, si se puede imprimir, ¿por qué no se puede gastar para contener el shock? Aunque parezca increíble, algo parecido sostiene el gobernador de la Federal Reserve Board, el banco central de EEUU. En una entrevista televisada para la CBS, Jerome Powell dijo que la Fed quería que los norteamericanos siguieran con su actividad económica de comprar y vender, y así combatir la recesión del coronavirus.

Entrevistador: ¿Es decir que simplemente usted inundó el sistema con dinero?

Powell: Sí. Lo hicimos. Esa es otra forma de pensarlo. Lo hicimos.

Entrevistador: ¿De dónde viene? ¿Lo imprimen?

Powell: Lo imprimimos digitalmente. Como banco central tenemos la capacidad de crear dinero digitalmente. Y lo hacemos comprando Letras del Tesoro o bonos para otros valores garantizados por el Gobierno. Y eso en realidad aumenta la oferta de dinero. También imprimimos la moneda real y la distribuimos a través de los bancos de la Reserva Federal.

¿Y por qué no hace eso España? Eso es lo que proponen algunos economistas influidos por ideas keynesianas y por la idea de ese Estado protector que, como Dios, también es todopoderoso y puede hacer milagros. Uno de los partidarios es Juan Ignacio Crespo, que insiste en usar la deuda pública para fines productivos, desde pantanos, hasta escuelas u hospitales. De eso se beneficiarán las generaciones futuras.

El problema es que España no puede imprimir dinero porque su política monetaria depende de una institución como el Banco Central Europeo, que está influida por Alemania. Desde que Alemania sufrió una inflación que la puso al borde del desastre en los años 20 del siglo pasado, tiene un miedo biológico a la inflación. De hecho, en aquella época, el banco central llegó a imprimir billetes de hasta cien mil millones de marcos. Metió dinero en el mercado, pero no pudo solucionar nada. Es el riesgo de la teoría MMT de Mosler.

El ejemplo de Venezuela

Para los que busquen un ejemplo más reciente, la política monetaria de Venezuela en los últimos años ha consistido en imprimir billetes. Con ello ha logrado sufrir la mayor inflación del planeta: más de un millón por ciento al año, según el FMI. Para combatirla, Maduro ha quitado ceros a los billetes, los renombrado, vuelto a imprimir y los ha lanzado al mercado, con el resultado de más inflación y más devaluación del bolívar. Al final ha logrado que el dólar se convierta en la moneda estable de Venezuela.

¿Pasará lo mismo en Europa? Está por ver. La UE ha programado una lluvia de millones a los países afectados por el coronavirus, lluvia que caerá en buena parte sobre España e Italia. Es casi como "darle a la maquinita". Ahora la responsabilidad de los gobiernos es saber manejar ese dinero, invertirlo en propulsar las economías, y si el asunto sale bien, y se vuelve a crear empleo, entonces el señor Mosler y su Teoría Monetaria Moderna se pondrán de moda. Como dijo en una entrevista, "el desempleo es el resultado de políticas específicas, y no de la voluntad de Dios".

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