Miércoles, 26.06.2019 - 10:44 h
La propuesta en España es de 622,5 euros

Países donde la renta básica universal va camino de convertirse en una realidad

Finlandia, Holanda, Canadá, Escocia, y ahora también Francia, experimentan con este modelo de reducción de la desigualdad.

Finlandeses disfrutan del sol en un parque de Helsinki.
Finlandeses disfrutan del sol en un parque de Helsinki. / Pixabay

Era una utopía pero distintas experiencias en el mundo van camino de convertirla en una realidad. Cuando parecía una fórmula solo del perfil de las prósperas sociedades escandinavas, donde el cuidado del bienestar es una prerrogativa sagrada, la renta básica universal llega a Francia, donde 13 regiones del país vecino planean aplicarla en 2019. La medida estrella del candidato a las primarias socialistas Benoît Hamon interesa a varios departamentos de izquierda, que van a consultar a sus habitantes antes de realizar una prueba a gran escala el año próximo.

Otro experimento más, porque de hecho este polémico modelo de protección social, que elogian organizaciones progresistas políticas y económicas mientras critican las entidades más conversadoras, jamás se ha aplicado de manera formal. Solo algunos países del mundo, entre los que destacan los del norte de Europa, han puesto en marcha programas piloto para testar a pequeña escala las consecuencias de transitar hacia la igualdad económica gracias un modelo que ofrece un sueldo de por vida.

Finlandia ha sido el último de los países de esta corta lista de avanzados en poner en marcha un ensayo del modelo. Hace más de un año que 2.000 desempleados finlandeses elegidos por sorteo reciben 560 mensuales libres de impuestos de forma incondicional. La prueba finalizará en enero de 2019. Hasta entonces, los beneficiarios, que no están sometidos a ningún tipo de control, seguirán recibiendo mensualmente esa cantidad, aunque encuentren trabajo.

La iniciativa ha sido ideada por el think tank Demos Helsinki para la Oficina del Primer Ministro. La política finlandesa busca ser experimental, subraya el instituto cuando explica por qué Finlandia sí está preparada para probar la renta básica. Productiva y experimental: ¿es todo lo que nos diferencia?

Dicen sus defensores que este sueldo sin condiciones es el paliativo ideal a la pérdida de empleos derivada de la robotización, reducirá los desequilibrios de género y la violencia doméstica por motivar la independencia de las mujeres, hará a los ciudadanos más libres, y menos pobres. Sus detractores, en cambio, consideran que cobrar sin trabajar desincetivará el empleo y ofrecer un suelo para toda la vida a cada ciudadano es un gasto inasumible para el Estado.

Pero Finlandia no es España. ¿Desincentivará el empleo? En un país con un salario medio de 3.651 euros al mes y un 8,5% de paro, 560 euros no es el oro de Moscú. La medida pretende que quienes no son capaces de adaptarse a los cambios tecnológicos en el mercado laboral no se queden descolgados.

Cuestionada y reclamada a partes iguales, la renta básica incondicional goza de mayor aceptación a medida que los pronósticos sobre la destrucción de puestos de trabajo en una economía automatizada son más concretos. La Universidad de Oxford calcula que el 57% de la fuerza de trabajo humana en los países de la OCDE está en riesgo de desaparecer por los avances tecnológicos.

El experimento del país nórdico es hasta la fecha la idea más evolucionada de una renta básica universal real, aunque existen ensayos previos en Canadá, Holanda, Escocia, incluso en Kenia gracias a la iniciativa privada y algunas experiencias no ortodoxas Cataluña. Suiza la rechazó en referéndum en junio pasado. Esta batería de experiencias muestra que un tema que lleva cuatro décadas en las cuartillas de los académicos tiene ya fuerte presencia en los despachos de los políticos.

En España las consecuencias pueden ser muy distintas a lo esperado en Finlandia. Los minuciosos cálculos del economista Daniel Raventós, promotor de la Red Renta Básica, le han llevado a liderar un lobby que defiende la medida como justa y, sobre todo, técnicamente viable. A su juicio, es solo un tema de redistribución de la riqueza, por lo que con una reformulación del Impuesto Sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) bastará para que toda la población disfrute de este complemento monetario incondicional.

Junto a Raventós, los economistas Jordi Arcarons y Lluís Torrens han echado números y creen que España está en disposición de establecer una renta básica para mayores de 18 años de 7.471 euros anuales (622,5 euros al mes). Para los menores de edad, la paga asumible por el Estado será un 20% inferior, hasta los 124,5 euros mensuales.

Esos 622,5 euros mensuales era el umbral de riesgo de pobreza en España para el año 2010, sin tener en cuenta Navarra y País Vasco. Los ricos ceden renta a los pobres y se consigue una profunda reducción de la desigualdad de rentasegún Raventós. "El índice de Gini disminuye más de 11 puntos, situándose en un nivel muy similar al de los paí­ses escandinavos", explica el economista catalán.

Esta redistribución de la renta ¿es excesiva y confiscatoria? Entre pobres y ricos se moverá un 3,4% del PIB, una cifra absolutamente razonable, muy por debajo de los siete u ocho puntos de menor presión fiscal de España frente a la media de la Unión Europea, explica Raventós, quien además pretende que el dinero a a repartir salga de las clases pudientes.

Los detractores de la renta básica incondicional la consideran el abono de sociedades vagas. El economista Juan Ramón Rallo ha dedicado todo un libro a deshacer el concepto: 'Contra la renta básica' (Deusto, 2015). "No es el fin el que justifica los medios, sino que son los medios los que permiten justificar los fines: también en el caso de la redistribución estatal de la renta", dice quien quizá es uno de los defensores más vehementes del liberalismo económico. "La solidaridad es un fin muy loable, pero no puede ser impuesta por la fuerza", zanja.

Esta es también la tesis del periodista económico Paul Mason, para quien la solución es empezar a desvincular el trabajo de los salarios. En su opinión, se necesitaría "una sabia combinación de renta básica pagada por los impuestos y una agresiva reducción de la jornada de trabajo, como predijo Keynes". El norte de Europa va por delante: Suecia ha reducido la jornada laboral a seis horas. Pero en el resto del gráfico europeo, incluida España, el fin del trabajo sigue siendo solo un concepto futurista.

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