El plan 'Smena' tiene más de 45 años

Putin quiere autonomía alimentaria y recupera un programa de choque de 1972

Las compañías rusas gastaron cerca de 100 millones de dólares en 2017 en comprar 23 millones de pollos 'de tercera generación', más grandes.

Vladímir Putin
Vladímir Putin quiere autonomía económica / EFE

La imagen de Donald Trump y Vladimir Putin en la misma tribuna de invitados de los Campos Elíseos durante la celebración del aniversario del Armisticio de 1918, el pasado 11 de noviembre en París, no dejó de ser un paréntesis en un escenario de tensiones internacionales que recuerda a la política de bloques de la Guerra Fría.

En plena vigencia de la sanciones por la anexión de Crimea y su papel en el conflicto del Este de Ucrania, Rusia persigue lograr una mayor autonomía alimentaria en la misma línea con la que han logrado con respecto a la suficiencia energética. Para ello, el Kremlin ha apostado por resucitar proyectos como el 'super pollo',una iniciativa que data de la época soviética.

Vladimir Putin ha insuflado nueva vida al programa de producción avícola que alimentó a los ciudadanos de la URSS en los últimos días del comunismo. Con ello pretende por un lado hacer frente a potenciales sanciones estadounidenses y por otro poder abastecerse al margen de los dos grandes productores que tienen copado el mercado.

La agencia Bloomberg avanzaba esta semana que el programa de cría de pollos 'gigantes' está listo para entrar en el mercado, según declaraba Vladimir Fisinin, de 78 años, responsable de la unión de productores rusos.

En su obra 'La alternativa del diablo', Frederick Forsyth plantea un escenario ficticio en el que una dramática caída en la producción agrícola de los soviets está a punto de desatar un conflicto nuclear. Ahora el Kremlin parece querer adelantarse a un escenario similar, y quiere poder sobreponerse a cualquier interrupción del suministro de huevos y pollos desde Estados Unidos, que eventualmente podría ser la principal fuente de proteínas de la ciudadanía rusa.

A pesar de que Washington nunca ha amenazado de manera pública con incluir la comida en las sanciones impuestas en 2014, Fisinin -nacido en una granja colectiva de Siberia durante la Segunda Guerra Mundial- señala a Bloomberg que su país necesita prepararse para lo peor, sobre todo por el carácter impredecible del actual inquilino de la Casa Blanca. Finisin formó parte del equipo que logró rebajar la tensión de la URSS con Occidente gracias al desarrollo de una versión mayor y más sabrosa del 'Gallus gallus domesticus' en 1972, el mismo año en que Leonid Brezhnev recibió a Richard Nixon durante una semana en Moscú.

El programa del 'super pollo', bautizado como 'Smena', fue un alivio para el Politburó al disparar un récord en la producción de carne en la URSS en los años 90. El problema es que el bloque soviético cayó como un castillo de naipes, y el programa se desvaneció con la aparición de nuevas variantes avícolas desarrolladas en países occidentales, con mejores herramientas para los avances genéticos. De esta forma, la especie rusa estuvo a punto de desaparecer.

Otra de las consecuencias del final de la URSS fue la aparición de grandes compañías internacionales que dejaron la producción avícola en manos de Tyson Foods Inc, y de EW Group's Aviagen, desde sus respectivas sedes centrales en Arkansas y Alabama.

Para Putin, dejar demasiada parte de las necesidades alimentarias de la Federación Rusa a expensas de productores extranjeros es un inaceptable riesgo para la seguridad. Y el problema no se circunscribe al pollo o los huevos. Los productores locales de vacuno, cerdo, patatas e incluso de remolacha azucarera, dependen hoy día de los avances genéticos llegados desde Europa y Estados Unidos.

Dicho y hecho, el Ejecutivo ruso ha puesto en marcha un programa para la producción propia tanto de patatas como de remolachas, con idea de responder a las sanciones impuestas por la UE, que han obligado a los fabricantes locales a ingeniárselas para seguir proveyendo al mercado de especialidades como el parmesano o el jamón de york.

Las compañías rusas gastaron cerca de 100 millones de dólares el pasado año en comprar 23 millones de pollos de tercera generación a los centros de cría que Cobb-Vantres y Aviagen tienen dentro del país. Ahora, gracias al llamado 'Proyecto Smena', los rusos confían en que llegado 2025 puedan cubrir un 25% de sus necesidades domésticas con los 'super pollos' creados en la época soviética.

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