Lunes, 06.04.2020 - 20:03 h

El 'helicóptero de dinero', una inyección directa al bolsillo del ciudadano

El 'helicóptero de dinero' es una política monetaria que se basa en el envío directo de efectivo de los bancos centrales a los consumidores para aumentar la inflación.

Lo cierto es que un estudio realizado por ING demuestra que en caso de ponerse en marcha esta medida no funcionaría, ya que los consumidores no lo gastarían.

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Es difícil imaginar a un banquero enviando dinero directamente a las cuentas de los ciudadanos. Esta idea, que a priori parece irrealizable, tiene su propio nombre: helicóptero de dinero. El objetivo no es agasajar a la población por su labor, sino reflotar un sistema que se encuentre en deflación o en riesgo de que el dinero empiece a perder valor debido a la escasa demanda interna.

Los Gobiernos emitirían deuda que comprarían los bancos centrales, esos fondos los cederían a la economía 'real', ya sean ciudadanos o Estados. Enviar dinero a las cuentas de la población directamente supondría una política monetaria agresiva que busca aumentar el consumo para que eso repercuta en los precios. El término, que no es nuevo, fue acuñadado por Milton Friedman, Premio Nobel de Economía, en su libro 'The Optimum Quantity of Money' hace casi 50 años.

Supone, además, que los ciudadanos no necesiten endeudarse para aumentar su nivel de gasto. Guarda similitudes con los programas de estímulo que está poniendo en marcha el Banco central Europeo (BCE), conocidos como expansión cuantitativa, una herramienta poco ortodoxa que usan los bancos centrales cuando quieren que haya más oferta de dinero. Por eso concepto de Friedman es también denominado 'expansión cuantitativa para la gente', ya que la inversión no se haría mediante la compra de bonos al estado o deuda de las empresas, sino inyecciones de efectivo a los ciudadanos, que no deberían devolver esa cantidad.

El curioso término ha sido utilizado también por Ben Bernanke, ex presidente de la Reserva Federal estadounidense, asegurando en 2002 que para evitar la deflación se podría inyectar dinero en el sistema como si se lanzase dinero desde un helicóptero. "Mencioné una táctica extrema, un recorte fiscal amplio combinado con la creación del dinero por parte del banco central para financiar el recorte", aseguraba Bernanke en su libro 'The Courage to Act'.La inflación, estancada

Esta táctica se utilizaría para alcanzar una inflación en torno al 2%, cifra anhelada por los bancos centrales, y ha cogido algo de fuerza en los últimos meses debido a la ineficacia de las políticas actuales. Pero tanto el Banco Central Europeo como el Banco de Japón han denegado que se vaya a poner en práctica. Lo cierto es que Mario Draghi, presidente del BCE, aseguró que era una idea "interesante" pero difícil de poner en práctica.

El helicóptero de dinero podría ser la única alternativa para las economías desarrolladas, que tienen tipos de interés al cero o similares desde hace tiempo. Y ni con esas han conseguido que el fantasma de la deflación se aleje. Tampoco la expansión cuantitativa parece funcionar. Por ejemplo, Japón lleva desde comienzos de siglo utilizando tipos al cero y expansión cuantitativa, y la deflación está asentada en el país nipón. En cuanto a la eurozona, parece seguir los mismos pasos, ya que utiliza las mismas técnicas y no reflota la inflación. Draghi espera que se sitúe cerca del 2% en 2018, al final de su mandato.

Pero aunque parezca que dar dinero a la gente sería un escenario idílico, podría ser peor el remedio que la enfermedad. Si se colocan cantidades ingentes de billetes en el sistema puede acabar estallando la hiperinflación, como ocurrió en la Alemania de entreguerras, cuando el gobierno teutón decidió imprimir billetes para hacer frente a la mala situación económica y a las sanciones internacionales. Los billetes acabaron teniendo el mismo valor que el papel mojado.Los europeos no gastarían el dinero

Con la intención de averiguar si los europeos verían con buenos ojos estas medidas, ING ha realizado un estudio sobre la reacción de los ciudadanos en el caso de que se inyectase durante un año 200 en sus cuentas. El resultado parece tirar por tierra esta teoría, ya que solo el 26% lo destinaría para el fin que desean los bancos centrales: gastarlo en el sistema. Un 52% afirmó que lo dedicaría al ahorro, lo que significaría que el esfuerzo realizado por el BCE sería en balde. 

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