Viernes, 21.02.2020 - 17:43 h

Rumasa, 30 años después (I): los cinco días que conmovieron España

  • El 23 de febrero de 1983 el gobierno socialista expropió Rumasa.
  • Una pregunta realizada por un periodista desató el pánico.
  • Ruiz-Mateos trató de neutralizar los rumores con 'exclusivas' a la prensa.
Portada e información de ABC de febrero de 1983 sobre Rumasa

Miguel Boyer, superministro de Economía y Hacienda, se sentó delante de los periodistas aquel viernes 18 de febrero. Era un almuerzo en el Ministerio. Al llegar los postres, un informador levantó la mano. "Soy Mariano Guindal de la agencia Lid: Señor ministro, ¿puede decirnos qué pasa con la auditoría de Rumasa?".

"Cuando le hice la pregunta, a Boyer se le cayó el postre encima", recuerda Guindal. Luego, el ministro se ajustó las gafas y perdiendo su habitual tono pétreo respondió: "Si Rumasa no nos entrega las auditorías, le enviaré a los inspectores del Banco de España".

Los españoles no sabían aún muy bien qué era una auditoría, pero sí sabían qué era Rumasa. Este enorme grupo empresarial comprendía bancos, hoteles, bodegas y hasta Galerías Preciados. Más de 60.000 empleados en 400 empresas. La facturación: unos 350.000 millones de pesetas (más de 2.000 millones de euros en términos corrientes). El 1,8% del PIB nada menos.

Extra, extra

Desde hacía varios meses, los sabuesos de Arthur Andersen estaban tratando de hacer una radiografía de las tripas de Rumasa. Pero cuando llevaban tres cuartas partes de su trabajo, Ruiz-Mateos se negó a suministrarles más información. Eso desató los rumores.

Boyer sabía que la prensa quería más datos. Y aquella tarde, cuando le hicieron la pregunta clave en los postres, Boyer perdió la cautela de cualquier ministro de Economía adoptando el estilo de un semidiós enfurecido. Desaprobaba las últimas compras de Rumasa como la cadena Sears. La auditoría debía ser completada, y Rumasa seguía poniendo obstáculos. "La ruptura de este contrato sería gravísima".

La secretaria de Estado daba pataditas a Boyer para que se mantuviera callado. Los periodistas estaban desconcertados. Era más grave de lo que parecía.

La abeja volante

Mariano Guindal salió disparado hacia su agencia de noticias. Aquello era un bombazo. Rumasa, problemas, auditoría, Banco de España… Las portadas del día siguiente iban a ser jugosas. Pero ninguna como la de Abc. A toda página, el sábado 19 aparecía una abeja rozagante con el titular. "Remontará el vuelo".

El texto, no podía ser más optimista: "Madrid se llenó de rumores sobre la abeja. Algunos teléfonos no dejaron de sonar toda la tarde. A veces las abejas tienen dificultades, como ésta de nuestra imagen, para remontar el vuelo. Pero la tenacidad y la constancia de los cuidadores del panal pueden conseguir, en beneficio de todos, que la abeja mantenga su utilísima actividad".

Aquel texto tenía todas las trazas de haber sido escrito por el director, Luis María Ansón, que llevaba un mes al timón del periódico. En el interior, una gran exclusiva: declaraciones del gran patrón.

"Ruiz Mateos desmiente los rumores de problemas de Rumasa". Con todo detalle, José María Ruiz-Mateos, presidente del 'mayor holding privado de España', "desmentía personalmente ayer a este periódico que existiesen dificultades en el grupo".

Según el empresario, a su empresa se le entendía mal pues eran las empresas las que controlaban los bancos y no al revés, como sucede en la economía española. Los bancos no necesitaban ayuda y a las empresas les sobraba el dinero.

Sospechosos obstáculos

¿Y por qué había suspendido la auditoría? En primer lugar, decía Ruiz-Mateos, porque no había recibido un informe de Arthur Andersen llamado 'status report' y hasta que no lo recibiera, Rumasa paralizaba la auditoría. El problema era que los auditores se habían detenido justo en el borde del abismo. Lo que faltaba por auditar eran los bancos del grupo, el ojo del huracán: Noroeste, Alicantino, Albacete, Condal, Industrial del Sur, Toledo, Norte, Jerez… así hasta 17 entidades.

Toda esta división financiera ocupaba el octavo lugar en la clasificación de los bancos más importantes del país. Los activos eran de casi un billón de pesetas (unos 6.000 millones de euros en moneda corriente).

Lo que Rumasa esconde

¿Qué escondía Ruiz-Mateos para impedir a los auditores ver las cuentas de sus bancos? El gobierno sospechaba que todo era un inmenso montaje. El grupo había crecido con una voracidad irrefrenable a fuerza de obtener dinero de los ahorradores para financiar adquisiciones. Compraba empresas desahuciadas, mantenía los puestos de trabajo y engordaba cada vez más.

Pero en el mundo de las finanzas, eso significa 'deudas'. El Ministerio de Hacienda sabía que Rumasa debía 10.700 millones de pesetas a la Seguridad Social y 19.300 millones en impuestos a Hacienda (no había pagado 5.300 millones en el IRPF de sus trabajadores).

Si no se detenía esa maquinaria, un día iba a quebrar dejando a trabajadores sin pensiones, a accionistas sin valores y a una enorme lista de proveedores sin dinero. El impacto en una economía maltrecha como la española podría ser colosal pues estaba sumida en una profunda crisis. Era febrero de 1983.

Parte segunda: Las horas del pánico

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