Té a las cinco con el Príncipe Carlos

Madrid.- Fiel a la costumbre de los ingleses, el Príncipe Carlos ha hecho un paréntesis en la visita oficial a España que ha comenzado hoy para tomar té a las cinco de las tarde y mantener una distendida charla con paisanos venidos de distintas ciudades españolas.

El príncipe de Gales se reúne con Aguirre y con empresarios españoles

Madrid.- Fiel a la costumbre de los ingleses, el Príncipe Carlos ha hecho un paréntesis en la visita oficial a España que ha comenzado hoy para tomar té a las cinco de las tarde y mantener una distendida charla con paisanos venidos de distintas ciudades españolas.

Acompañado de su esposa, Camila, Duquesa de Cornualles, el Príncipe de Gales se ha reunido esta tarde con representantes de la colonia británica en la residencia del embajador del Reino Unido en España, Giles Paxman.

Este acto ha tenido lugar después de que el matrimonio se haya dado un pequeño 'baño de masas' en la Puerta del Sol y en la Plaza Mayor de Madrid, donde ha paseado entre turistas, ciudadanos ingleses y curiosos que han querido saludarles y fotografiarse con ellos.

Su paseo por el centro le ha llevado hasta el Mercado de San Miguel, una de las nuevas atracciones turísticas de la capital por sus puestos para tomar tapas.

En un ambiente más relajado, aguardaban en la residencia del embajador alrededor de doscientas personas, en su mayoría, representantes de organizaciones sociales que trabajan con la comunidad británica en España.

También había algunos cónsules británicos y reverendos de la Iglesia Anglicana en Madrid.

La esposa del embajador, Segolène Paxman, ha recibido al Príncipe Carlos y a Camila a la entrada de la elegante mansión, situada en uno de los barrios más lujosos de Madrid.

Después de estar unos minutos en el interior, Carlos de Inglaterra ha salido al jardín con una taza de té en la mano, mientras su esposa lo ha hecho con un vaso de agua.

Los invitados han esperado a la pareja real bajo una carpa blanca en previsión de que pudiera caer un chaparrón.

Durante una hora, han estado saludando por separado a cada uno de los presentes, con quienes han conversado de forma amistosa, pero sin sacarse fotos.

El hijo de Isabel II, con traje azul marino cruzado y pañuelo a juego, se ha mostrado sonriente en todo momento, haciendo algunas bromas e interesándose por la labor de los voluntarios británicos.

Igual de cordial ha estado Camila, ataviada con traje de chaqueta color crema y gargantilla de perlas.

Además de británicos, han sido invitados varios ciudadanos españoles, la mayor parte procedentes de la provincia de Alicante, donde se concentra la colonia inglesa más numerosa.

"Es muy simpático y cercano", ha dicho una de las representantes de la Diputación de Alicante tras charlar brevemente con el Príncipe Carlos.

Todos los asistentes han lucido en el pecho una etiqueta para facilitar su identificación al heredero de la Corona británica y a su esposa, quienes contrajeron matrimonio en abril de 2005.

En el jardín, junto a las teteras, había pastas y dulces, aunque ni el Príncipe de Gales ni la Duquesa de Cornualles las han probado.

Antes de abandonar la residencia, se han despedido de los familiares de los funcionarios de la embajada, que han hecho entrega a Camila de un ramo de flores.

Carlos de Inglaterra y su esposa se han desplazado a continuación al Palacio de El Pardo para descansar antes de la cena de gala que don Felipe y Doña Letizia les ofrecerán esta noche en el Palacio Real para completar la primera jornada de la visita.

El Príncipe Carlos se reunirá mañana con el jefe del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, recibirá la Llave de Oro del Ayuntamiento de Madrid y recorrerá junto a Don Felipe el Centro de Tecnología de Repsol en Móstoles, entre otros actos.

Camila, acompañada por Doña Letizia, acudirá a conocer el programa de perros-guía que desarrolla la Fundación Once en Boadilla del Monte.

El viernes, viajarán a Sevilla y pernoctarán en una finca granadina, antes de volar el sábado a Rabat para continuar la gira que iniciaron este lunes en Lisboa.

Por Carlos Pérez Gil

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