Lunes, 21.01.2019 - 19:43 h
Agencias de viajes, talleres, horchaterías o la famosa 'Bruixa dOr' 

Un año del 1-O en Cataluña: pymes que se fueron para no volver y la ley del silencio

Las pequeñas empresas tuvieron más difícil abandonar la comunidad por la cercanía con sus clientes y todavía hoy temen hablar por las represalias.

El turismo es uno de los puntos fuertes de Cataluña.
El turismo, que ha sido uno de los puntos fuertes de Cataluña, se ha resentido. / EP

“De momento estamos bien así. Las cosas se encuentran igual o peor que antes; no hay seguridad jurídica ni estabilidad política y no me planteo volver a volver. La actividad física la seguimos realizando aquí, pero el papeleo, bancos, pago de impuestos… todo lo tenemos ya fuera y no vamos a cambiar”. Natalia Seda Tatjé es socia propietaria y gerente de Bemsa 2010, una micropyme de cuatro trabajadores que fabrica piezas para transmisiones mecánicas. Es una firma familiar, con más de 50 años de trayectoria en el corazón de Cataluña y que se encuentra bajo el paraguas del grupo aragonés de rodamientos Huryza, lo que pudo ayudar en su decisión de ‘huir’ de Cataluña al municipio aragonés de Pina de Ebro.

Bemsa siempre tuvo su sede social en San Martín de Centelles, en la Cataluña ‘profunda’, allí donde el independentismo tiene más adeptos, en la comarca barcelonesa de la Ossona, apenas a 20 kilómetros de Vic. “Al principio tuvimos algunos problemas y nos señalaron con el dedo los independentistas”, cuenta Natalia. “Todo eso ya ha pasado. Nosotros vendemos a un montón de países, nuestro fuerte es la exportación, y estamos bien como estamos ahora; en Pina de Ebro nos han recibido fenomenal y no vamos a cambiar. Cataluña la han destrozado los políticos”, añade.

Sin embargo, no todos los pequeños y medianos empresarios que han ‘deslocalizado’ sus empresas se atreven a pregonar tan a las claras du decisión. Y es que “la presión, pública y privada, de la Generalitat, los independentistas, los CDR… hacia el pequeño y mediano empresario y sobre todos en general, y, más en particular hacia los que no estamos de acuerdo con ellos, es muy fuerte: te señalan, te hacen la vida imposible, intentan destruirte… Y hay que tener en cuenta que una cosa es llevarse el domicilio social y fiscal fuera de Cataluña, pero la actividad física de la empresa sigue aquí. Es imposible llevarte un pequeño taller, una cafetería o pequeños negocios. Hay quien cambia el domicilio por la inseguridad, los ‘papeles’ y el dinero bancario se pueden modificar, pero una peluquería no te la puedes llevar… Por eso encontrarás muy pocos empresarios pequeños que quieran hablar. Son empresarios, no héroes, y tienen que seguir viviendo”. Quien así habla es Josep Bou, empresario nacido en Vic y con una decena de panaderías y un centenar de trabajadores distribuidos por toda la provincia de Barcelona.

Bou es el presidente de Empresaris de Cataluña, organización que aglutina a 400 empresarios que se llaman constitucionalistas de Cataluña. Aunque ha amagado en diversas ocasiones con llevarse su cadena, sigue en la brecha en la tierra que le vio nacer porque “los clientes no te los puedes llevar, pero la sangría económica para Cataluña que ha supuesto el procés independentista es enorme”, avisa desde hace tiempo.

La cautela o el miedo a represalias que puedan repercutir en sus negocios entre quienes han deslocalizado sus negocios o incluso sobre los que continúan en Cataluña con todas las consecuencias obliga a la prudencia. “Es un tema delicado, hemos cambiado el domicilio social y fiscal, pero prefiero no hablar del tema”, es la respuesta más común entre las decenas de empresarios con los que ha contactado Lainformacion en los últimos días.

Nin2Nin es una agencia especializada en viajes a la carta para empresas y grupos con sede en San Boi de Llobregat desde hace 25 años y regentada por los hermanos Jordi y Joan Albert Nin. En marzo pasado decidieron trasladarse a Canarias, donde disponen de un amplio número de clientes, a raíz de la situación política catalana, según explicaron entonces fuentes del sector. Nin2nin “ha abordado pros y contras del procés y considera que, dado que puede afectar la facturación del grupo, es mejor trasladarse a Santa Cruz de Tenerife”, según informaba la agencia Catalunya Press.

Joan Albert Nin nos responde este pasado jueves por la tarde desde París, donde se encuentra “con unos clientes”: “No queremos hablar de este tema porque luego se tergiversan nuestras palabras”, asegura. “Es un tema muy delicado y prefiero no decir nada ni posicionarme”. Aun así, reconoce en un primer momento que trasladaron su sede a Canarias” para luego apostillar: “En realidad tenemos dos sedes, una en Barcelona y otra en Tenerife… Y así va a seguir”.

Se cumple ahora un año del referéndum ilegal del 1-O en Cataluña y de la posterior declaración unilateral de independencia del Govern presidido por Carles Puigdemont. Aquel terremoto político desencadenó otro tsunami económico y suscitó una huida masiva de empresas. Hoy, un año después, y tras el encarcelamiento y huida de muchos de los líderes que comandaron el denominado ‘procés’, la aplicación del 155, las elecciones del 21 de diciembre, la gestación del nuevo gobierno presidido por Quim Torra… la mayoría de las empresas que se fueron, pese a algunas excepciones como Aguas de Barcelona (Agbar, no han vuelto ni se plantean hacerlo, “mientras no se aclare el panorama” en Cataluña. Y aquí están incluidas las grandes multinacionales, empresas del Ibex, cotizadas… y, por supuesto, las pequeñas y medianas empresas.

Y como se ha dicho siempre, España, y por extensión Cataluña, es un país de pymes. Hasta 4.500 empresas han huido de Cataluña desde el 1 de enero de 2017, según el Colegio de Registradores. La Generalitat, como explicó la consejera de Empresa, Ángels Chacón, el pasado 19 de septiembre, minimiza estos números y cifra en 3.700 las sociedades que han hecho las maletas. Sea un número u otro, todas ellas suman una facturación de unos 100.000 millones y son algunas de las más importantes en cuanto a empleo y facturación, como La Caixa, Banco Sabadell o Gas Natural, aunque, según el gobierno de Joaquín Torra, el impacto del éxodo sobre el empleo es nulo porque solo ha habido traslado de sedes sociales y fiscales: “El traslado no ha tenido incidencia en la pérdida de puestos de trabajo, en términos productivos ni empresariales”, sentenció Chacón, aunque, y esto no lo reconoce la Generalitat, sí en la recaudación, porque la mayoría de esas 4.500 empresas ya no tributan en Cataluña.

De hecho, la fuga de empresas ya no es masiva, como entre octubre y diciembre del pasado año, pero el goteo es incesante. Así, entre junio y agosto, más de 290 empresas, según el Boletín Oficial del Registro Mercantil, han movido su domicilio social fuera de Cataluña. 53 de ellas en agosto. Hay de todo: pequeñas, medianas y grandes. Y como viene repitiendo desde hace meses, el presidente de la Cámara de Comercio de España y de Freixenet, José Luis Bonet, “la mayoría de las empresas que se han marchado ya no volverán”.

Hay excepciones. Pocas, pero las hay. Hace tres meses que la empresa de horchata, helados y turrones Tomás Sirvent Pla SL, decidió ‘exiliarse’ a Jijona (Alicante). El mismo lugar del que llegó hace 80 años a Barcelona el fundador, Tomás Sirvent Planelles, que en los años 40 del siglo XX fundó un local en la calle Parlament, en pleno centro de la Ciudad Condal y probablemente el establecimiento de este estilo más famoso y prestigioso de Barcelona. Ahora, el negocio ha sido ampliado con un moderno espacio gastronómico en el eixample barcelonés, está regentado por la nieta del fundador, Ivonne Sirvent, su marido, José Antonio Mullor, y su hijo Didac. “Habla con mi padre”, explica Didac, “que es quién tomó la decisión”, de llevarse el domicilio de la sociedad a Jijona, donde, por otro lado, fabrican el turrón que venden en Barcelona. La novedad está en que Sirvent apunta que “probablemente el año que viene” volverá a fijar su domicilio social en Cataluña. “Por el tema del procés un abogado amigo me recomendó trasladarme, pero es absurdo, y el año que viene posiblemente volveremos a estar domiciliados en Barcelona”.

Mullor, por cuyos establecimientos pasan miles de turistas y vecinos de Barcelona asegura “no haber tenido nunca ningún problema” ni presión añadida en sus negocios a cuenta de la deriva independentista. Pero advierte: “Es un tema delicado y no quiero hablar más de este tema ni de política. Nosotros a trabajar y la política para los políticos”. Otra vez la cautela y el silencio. ¿Teme represalias si habla? “Repito, jamás he tenido ningún problema”, zanja la conversación.

Sí los ha sufrido uno de los empresarios más emblemáticos de Cataluña. Xavier Gabriel no regenta precisamente una pyme. La suya es la mayor administración de lotería de España y Europa, factura más de 100 millones al año y ha repartido más de 600 millones de euros en premios, pero el propietario de la conocidísima ‘La Bruixa d’Or’, sita en el pequeño pueblo pirenaico de Sort (Lleida), decidió en octubre del pasado año fijar el domicilio social de su empresa en Navarra y el fiscal en Madrid, “harto de todo y porque no aguantaba más”.

Lo hizo tras recibir ataques primero de grupos ultras que pensaron que era familiar de la diputada de la CUP y hoy huida en Suiza, Anna Gabriel, y luego de los ‘indepes’, de quienes ha recibido y sigue recibiendo múltiples amenazas tras declararse “orgulloso de ser catalán y español”, como había hecho siempre. El dueño de La Bruixa d’Or, que hoy lucha contra el cáncer que le detectaron hace diez meses, y además se ha convertido en el ministro de Hacienda de esa peculiar república humorística denominada Tabarnia y presidida por el Albert Boadella, también deja claro que no volverá a llevar sus empresas a Cataluña. “Mientras me amenacen y siga habiendo una inseguridad jurídica enorme, una sociedad dividida… no volveré a llevar mis empresas a Sort. ¿Me van a enseñar a mí a ser catalán? ¿A mí que he creado empleo allí, he ayudado a familias con pocos recursos, he creado riqueza en Sort y en Cataluña? Es para llorar”, termina Gabriel, que se ha mostrado, igualmente, tremendamente crítico con la implantación de los lazos amarillos: “Solo crea división, que es lo que han logrado Mas, Puigdemot, Junqueras y compañía, una sociedad dividida. Esa es su hazaña. Una sociedad dividida y pobre porque las empresas nos vamos para no volver”.

Gasolinas y Gasoils low cost Barcelona SL, cuyo objeto social deja bien claro su propio nombre, no solo se marchó de Cataluña debido al procés rumbo a Baleares sino que incluso cambió de nombre la propia compañía y ahora se llama Gasolinas y Gasoils low cost Menorca SL. Otros ejemplos quizá no tan mediáticos son los de la editorial Calambur, especializada en poesía, a Castellón; o la plataforma de consultas médicas por internet Omnidoctor, que ha trasladado su sede a Madrid. Pero nadie quiere dar explicaciones. “Son decisiones empresariales”, aseguran, o “hemos cambiado nuestra cartera de clientes y por eso nos hemos movido a Madrid”, aseguran. De fondo, el mantra se repite una y otra vez: “Es un tema delicado, prefiero no decir nada de este tema. Decidimos cambiar el domicilio de la sociedad y ya está”. Un año después, hay heridas que parecen lejos de cerrarse.

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