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Yolanda Díaz: de ser 'la niña de Astano' a pilotar la peor crisis laboral de la historia

YOLANDA DÍAZ
YOLANDA DÍAZ

Cuentan los vecinos de San Valentín, en Fene (A Coruña), que Yolanda Díaz fue la primera niña del barrio. Allí nació el 6 de mayo de 1971, por cierto, al filo de un estado de excepción que supondría el principio del fin del régimen franquista. Se crió en una barriada obrera al pie de un astillero -el de Astano, que se convirtió en Navantia- en el contexto de la primera crisis del petróleo que daría lugar al proceso de reconversión industrial y en el seno de una familia de arraigada vinculación sindical. Nunca hubiera podido imaginar que le iba a tocar gestionar la peor crisis económica y laboral de la historia de España como ministra de Trabajo.

Son días difíciles para la ministra. Comentan en su entorno que apenas duerme y que no para de darle vueltas a la cabeza, pensando en nuevas medidas para ampliar el escudo social y amortiguar con más protección el golpe del coronavirus al mercado laboral. Su intención es que esta situación afecte al menor número de personas posible, pero las cifras son tozudas: de momento esta crisis ha mandado al paro a más de 300.000 personas y ha dejado sin empleo a casi 900.000 en solo 15 días. Ninguno de estos datos tiene parangón. El Covid-19 ha destruido más puestos de trabajo en dos semanas que la quiebra de Lehman Brothers en 100 días. 

Ella misma tuvo que comunicar el fatídico récord histórico el pasado jueves, en una rueda de prensa que ya le pesa, y no por el fondo sino por la forma. La oposición ha cargado en su contra por titubear y sonreír mientras les explicaba a los españoles el mayor 'crack' jamás sufrido en el mercado laboral. Sus allegados la defienden: aseguran que la ministra se toma muy en serio lo que está sucediendo, que acusa el cansancio de la intensidad de trabajo pero que se esfuerza por explicar la situación a todo el mundo, desde las comparecencias de prensa hasta sus conocidos, incluso a la gente que se acerca a preguntarle en el supermercado.

"No voy a permitir que se ponga en tela de juicio su profesionalidad, porque lo que hizo fue explicar las cifras con naturalidad y pedagogía, desde su carácter alegre y jovial. Los trabajadores tenemos mucha suerte de que sea Yolanda quien está al frente del Ministerio". Es la defensa acérrima de Víctor Ledo, secretario General de la Federación de Industria de CCOO de Galicia y amigo de Díaz desde la infancia. Por cierto, ambos protagonizaron un altercado con la policía en una manifestación de los trabajadores de Alcoa frente al Congreso de los Diputados en marzo de 2019. La juez archivó la causa.

Al otro lado del teléfono, desde Ferrol, recuerda el ambiente en el que ambos crecieron: "Vivíamos en el centro neurálgico de la lucha obrera, al pie de un astillero en plena reconversión industrial y en un entorno sindicalista que nos marcó a todos". Especialmente a la ahora ministra. Su padre, Suso Díaz, fue secretario general de Comisiones Obreras en Galicia y su tío Xosé (hermano gemelo de Suso) llegó a ocupar un escaño por el BNG en el Parlamento gallego. En alguna ocasión ha rememorado el momento en el que Santiago Carrillo le besó la mano, a los cuatro años.

Recuerda bien esa época el exsecretario general de CCOO Ignacio Fernández Toxo, quien llegó a conocer las cárceles franquistas con Suso Díaz. El también ferrolano habla de los años 70 en Galicia como un momento de gran agitación social que dio origen a un potentísimo movimiento obrero. "Todo aquello impregnó la vida de la chavalería, que vivía en barriadas obreras muy politizadas", comenta. Aquel ambiente reivindicativo de lucha obrera es el que marcó toda la trayectoria personal y profesional de la actual ministra de Unidas Podemos. Su padre, que acudió a la toma de posesión en Madrid, estuvo aquel día especialmente emocionado. Si hubiera un colmo del orgullo sería el que siente un sindicalista viendo a su hija convertida en ministra de Trabajo. 

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Con mi señor padre 💜 Foto: @garasantana, un amor 😍

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Dos gestiones: "La noche y el día"

Toxo pilotó CCOO de 2008 a 2017 y desde allí vio cómo la Gran Recesión se llevaba por delante los derechos de la clase trabajadora. En su opinión, no se puede comparar la gestión de aquella crisis con la que está capitaneando ahora Yolanda Díaz porque son "la noche y el día". "Ojalá se hubiera puesto en marcha entonces un paquete de medidas sociales como el que se ha aprobado ahora y así no se hubiera dejado a tanta gente en la estacada", evoca entre el enfado y la decepción. En un tono muy crítico, denuncia que esta crisis "nos ha pillado con las defensas bajas tras los brutales recortes que llevó a cabo el PP en todos los ámbitos, incluida la sanidad, la dependencia y las residencias de ancianos". 

El exsecretario general de CCOO valora las medidas impulsadas por Yolanda Díaz en las últimas semanas: desde la flexibilización de los ajustes temporales de plantilla para evitar despidos definitivos hasta la suavización en los periodos de cotización exigidos para el acceso a prestaciones de paro, los nuevos subsidios creados para trabajadores temporales y empleadas del hogar... Son, dice, "medidas inéditas en las historia laboral de España" y el Gobierno ha estado "muy ágil" introduciendo estos elementos en el ordenamiento jurídico porque sin ellos, afirma, "muchas más empresas tendrían que echar la persiana".

Cierto es que la rapidez en la adopción de todas estas normas, sobre todo en el ámbito económico y laboral, ha llevado al Ejecutivo a tener que aclarar a posteriori algunas de las cuestiones incluidas en los reales decretos leyes. También han generado incertidumbre e inseguridad jurídica en muchos casos, sobre todo en el ámbito del derecho del trabajo. Los laboralistas bromean en Twitter con que nunca se habían sentido tan necesarios. Desde CCOO, Ledo justifica cualquier error en la gestión de Díaz: "Es una situación complejísima en la que no caben soluciones simples ante esta urgencia extrema". 

Quien conoce a Yolanda Díaz asegura que tiene una capacidad abrumadora para aguantar la presión y que se crece ante la adversidad. Que si ya era de dormir poco, ahora no pega ojo. Y que lo único que le obsesiona es la defensa de la clase trabajadora. Hay una expresión que utiliza mucho la ministra y es el "sentido común". No oculta sus orígenes y se enorgullece del apellido "comunista" que muchos, sobre todo desde las fuerzas políticas de la derecha, le colocan como un insulto. Ha defendido a su vicepresidente Pablo Iglesias cuando ha hablado de subordinar la riqueza del país al interés general y ha asegurado que no va a ceder a ningún tipo de presión en esta crisis.

Las presiones le llegan sobre todo desde el flanco empresarial. Díaz llegó al Gobierno con el objetivo de recuperar y poner en valor el diálogo social y en estos tres meses ha fraguado una intensa relación tanto con los sindicatos como con la patronal. Pero los empresarios han criticado algunas de las medidas adoptadas durante esta crisis porque no les han sido consultadas, sino impuestas, especialmente las relacionadas con la hibernación de la economía. El otro punto de fricción con la CEOE es la derogación de la reforma laboral del PP, que por cierto incorporó mecanismos de flexibilidad interna que ahora están siendo muy útiles para evitar la destrucción de empleo. De momento, la reforma no se toca. La prioridad ahora es frenar la curva, la de contagios y la de parados.

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