El mercado del arte se frena pero no pierde atractivo como inversión

En el caso español, las ventas de arte alcanzaron, según el informe 'El mercado español del arte en 2017' elaborado la Fundación laCaixa, los 385 millones, un 7% más que en 2016.

Pero pese a las cifras, lo cierto es que, según el informe TEFAF, el mercado se encuentra en una encrucijada ya que, en 2016 el valor de las ventas en subastas cayó más de un 18% 

Escribió Walter Benjamin que “la fascinación más profunda del coleccionista consiste en encerrar el objeto individual en un círculo mágico, congelándose éste mientras le atraviesa un último escalofrío”. El escalofrío de la posesión de lo único, que siempre es lo anhelado.

Esa fascinación cierta se ha ido sosteniendo y refinando con el paso del tiempo hasta generar no sólo escalofríos, sino también un mercado mundial con abultados valores anuales y una tupida red de profesionales que incluye desde artistas, hasta restauradores, pasando, claro, por galerías, marchantes y casas de subastas. Según el informe que anualmente publica la feria de Maastricht (TEFAF), en el año 2016 -el último del que se tienen cifras definitivas-, el valor global de este mercado ascendió hasta los 45.000 millones de dólares, una cifra que Art Basel y el banco UBS sitúan en los 56.000 millones. Y aunque esta diferencia se debe, en buena medida, a las distintas metodologías de estudio, lo cierto es que las dos reflejan una caída del valor global.

En el caso español, las ventas de arte alcanzaron, según el informe El mercado español del arte en 2017 elaborado la Fundación laCaixa, los 385 millones de euros, un 7% más que el año anterior, con lo que ha alcanzado, desde el 2009, un crecimiento del 42%. Si bien es cierto que nuestro país no es un mercado importante dentro del global, ya que apenas representa el 1% del mercado mundial y poco más del 2% del mercado europeo. En lo que sí representa nuestro país un punto destacado es en la venta de obras de precio menor a 5.000 dólares, que supuso el 63% en el 2016, frente al 36% que supuso en el índice global.

Pero pese a las cifras, lo cierto es que, según el informe TEFAF, el mercado se encuentra en una encrucijada ya que, en 2016 el valor de las ventas en subastas cayó más de un 18% hasta acumular 16.900 millones de dólares (cuatro mil millones menos que en el año anterior); lo que se traduce en un 21,5% menos de artículos vendidos. Contrastan estas cifras con las que ofrece el segmento de ventas privadas a través de galeristas, que representaron más del 60% de las mentas mundiales. El modelo, que tradicionalmente se ha establecido a partes iguales entre subastas y galerías, se encuentra pues, en un
momento de redefinición, a lo que también ha colaborador la entrada de las ventas on- line, que cada vez están cobrando más protagonismo.

Aurora Zubillaga, CEO de la casa de subastas Sotheby’s en España, define el del arte como "un mercado cíclico, con modas que le influyen y que no siempre está creciendo. Además, es muy sensible a los factores externos porque no se trata de objetos necesarios para la vida y en el que no hay dinámicas prefijadas".
En la misma línea, aunque desde la óptica de la inversión, Alejandro Martínezdirector de inversiones de EFE&ENE Multyfamili Office, considera que el del arte es "un mercado estrecho y especializado, con nichos muy distintos y cuyo principal driver es el ciclo económico, aunque haya sido bastante resistente" y que, aunque presenta ventajas como la "descorrelación con el mercado financiero", tiene también sus riesgos.

"Cada mercado tiene los suyos" apunta, y entre los del arte, por ejemplo, están "las modas que pueden derivar en burbujas", además de los riesgos que pesan sobre los activos (las piezas) como "la falsificación o los costes de almacenamiento y traslado". Por otro lado, Zubillaga añade que "es un mercado muy global, cada vez más abierto gracias a plataformas de internet y en el que se está rompiendo el estereotipo de los grandes patrimonios; hoy en cualquiera de nuestras subastas pueden comprarse obras que van desde los 500 euros hasta cifras millonarias".Un mercado complejo

Pero, ¿qué es exactamente este mercado? Como en muchos otros, no es homogéneo, ni muchísimo menos. El mercado del arte está conformado por dos segmentos bien diferenciados. Se le llama mercado primario al que está dedicado a la compra-venta de arte actual, de obras producidas en nuestro tiempo. El secundario, por el contrario, es en el que operan piezas no actuales, como las de los grandes maestros que recurrentemente alcanzan cifras astronómicas en subastas. Y dentro de estos dos escenarios, la
especialización y la segmentación puede darse hasta el infinito.

Los operadores principales son las galerías y las casas de subastas. Las primeras desarrollan su actividad principalmente en el mercado primado, promocionando a sus artistas, generando una marca con su nombre y estilo, y colocando sus obras en las grandes citas internacionales. En el secundario, suelen ser representantes, asesores o, directamente, compradores y vendedores de arte. Con ellas, además están las casas de subastas, como Sotheby’s (una facturación anual que ronda los 3 mil millones de dólares), que, aunque empezaron actuando como intermediarios entre vendedores y compradores, han acabado por convertirse, además de en intermediarios, en empresas de servicios especializados que ofrecen desde estudios técnicos de obras o garantías de autenticidad hasta logística, almacenaje y conservación.

Uno de los factores más llamativos del mercado del arte es la determinación del precio. En el mercado primario, el coste de una pieza se calcula según dos factores: sus dimensiones y la reputación del artista, que será clave para adelantar su revalorización. Esto quiere decir que cada pieza de un artista tiene un mismo precio relativo, según su tamaño. No ocurre así en el mercado secundario, en el que cada obra se precia por separado según elementos tan diversos como el lugar que ocupa la obra dentro de la producción del autor o quién fue el dueño anterior.

“Hay muchos factores que influyen -señala la máxima ejecutiva de Sothebys en nuestro país- pero el principal es el propio mercado. Cuando se va a sacar una obra a la venta, se ve por cuánto se han vendido anteriormente obras similares y sobre esa cifra, luego influyen elementos como el estado de conservación, la procedencia o si ha estado antes en venta”La inversión en arte

El perfil del comprador de arte ha ido variando con los años, pero siguen siendo los grandes patrimonios y los grandes coleccionistas los que tienen el mayor protagonismo y que, en muchos casos, ven en el arte una oportunidad de inversión. Una inversión que para Alejandro Martínez “podría entrar dentro de la categoría de Passion Investments, caracterizada por la estrechez del mercado y el alto conocimiento específico que ha de tener el inversor (o su asesor)”. Sin embargo, Martínez puntualiza que “no hay que confundir estos activos con un capricho, en el que el precio no es un factor y la venta no es el objetivo”.

Por esto, a la hora de invertir en arte, lo primero es conocer las particularidades del mercado, conocer los detalles. Pero una vez conocidos, señala Martínez, “los principios no cambian: no invertir en lo que no se entiende y comprar a un precio razonable o ventajoso algo cuyo valor tienda a aumentar”.

En lo que respecta a España, la inversión en arte está destinada a ser una opción aún más minoritaria de lo que ya es de por sí a nivel global. A juicio de Guillermo Santos, socio de iCapital, esto es así, entre otras razones, por “la falta de cultura y desconocimiento general” sobre este mercado que hay en nuestro país, la necesaria “liquidez, al menos aparente” de estas inversiones y el “desfavorable tratamiento fiscal que tiene el arte”. Además, estas razones que Santos enumera, generan, según él, que “el asesoramiento profesional al que pueden acudir los interesados sea reducido, con pocos especialistas y consultores que transmitan confianza”.

Zubillaga, por su parte, desmonta esa idea de que el arte es un valor refugio: “Un picasso siempre va a ser un picasso, pero hasta este tipo de obras pueden reducir su valor”. Es por eso, entre otras razones, por lo que afirma que “invertir en arte no es invertir en Bolsa” y de hecho, no recomienda comprar arte como inversión. “Comprar porque una obra en cinco años vaya a aumentar su valor no es lo recomendable por cómo es el propio mercado; una obra hay que comprarla porque enamore”, por esa fascinación profunda, por ese escalofrío del que hablaba Benjamin.

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