Las teorías de la conspiración y el mar de sospechas en torno al Banco Popular

"Lo verdaderamente sospechoso es que el Banco Popular se vació de dinero en cuestión de días, debido al efecto pánico suscitado por las informaciones sobre su viabilidad".

"El fiscal anticorrupción tiene mucho trabajo por delante. Destapar las posibles manipulaciones del valor. Más difícil será demostrar de dónde salieron las fake news".

Las teorías de la conspiración y el mar de sospechas en torno al Banco Popular

En enero de 2010 un grupo de profesores de la Universidad de Columbia presentó un laborioso trabajo sobre la especulación en Bolsa. Una de sus conclusiones fue que “en los días de cotización, cuando hay un nivel anormalmente alto de venta en corto, hay un nivel elevado de noticias negativas sobre el emisor”.
No es que descubrieran América, pero por lo menos la vieja sospecha de que hay gente que calienta la bolsa y se beneficia de la caída o la subida de un valor, ya tiene un fundamento científico.

Si la fiscalía anticorrupción hubiera tenido este trabajo científico en la mano, seguro que lo habría añadido como soporte a las diligencias que acaba de abrir para esclarecer una reciente sospecha: que detrás de la venta del Banco Popular al Banco Santander hubo una mano negra que movió los hilos.

En este caso, según recoge el escrito del fiscal, algunos accionistas del Banco Popular denuncian “una campaña de desprestigio del Banco, con noticias que contienen datos o información falsa, para hacer caer el valor de la cotización de sus acciones”.

¿Quién estaba interesado en hacer caer el valor? Sencillo: alguien que, como se dice en la jerga bursátil, tenía posiciones cortas. Algunos como el propio Ángel Ron –ex presidente del Popular–, apuntaron al culpable: Antonio del Valle, un inversor mexicano que entró en el Popular en 2013 representando a más personas del país azteca, y que llegaron a tener más de 4% del banco.

El teórico mecanismo empleado por Del Valle fue el mismo que estudiaron en la Universidad de Columbia: sembrar un montón de noticias falsas para manipular el valor. Antes se llamaba a eso ‘calentar un valor’ o ‘difundir rumores’. Ahora se le llama ‘fake news’

Las teóricas noticias falsas giraban en torno a que el banco se había quedado sin recursos y necesitaba urgentes ampliaciones de capital, o que había varios grupos interesados en comprarlo. En unos casos la acción subía, y en otros bajaba.

El problema de las informaciones falsas es que es muy difícil pararlas. El tema funciona así: se acercan ciertas personas con información confidencial a los periodistas económicos, pero piden que respecten el anonimato. El periodista vuelve a su redacción con un manojo de rumores, y el redactor jefe aprueba la información porque eso es mejor que nada.

Aquí es donde falla el fact checking, que es la primera lección que los periodistas reciben en la facultad: hay que verificar la información. Ante estos casos, la prensa americana suele decir “si tu mamá te dice que te quiere, compruébalo con otra fuente”.

A ello se une el siempre adorable género periodístico de la conspiración. En las grandes operaciones bancarias de este país, especialmente las bancarias, siempre hay una conspiración oculta en las que al final siempre está el Santander. Diario16 creaba una conjura en la que estaban el ministro de Economía, Luis de Guindos, y la presidenta del Santander, Ana Patricia Botín, ante la pasividad del Banco de España. Lo llamó en ‘Popular-Gate’. Pues aquello “se convirtió en un concierto ilegal el concurso público en el que terminó ‘subastándose’ la entidad por 1 solo euro, con unos beneficios finales de 5.100 millones de euros para la adjudicataria”. Quizá tenga la imaginación calenturienta, pero vender un banco por un euro es algo, por lo menos, controvertido.

Lo verdaderamente sospechoso es que el Banco Popular se vació de dinero en cuestión de días, debido al efecto pánico suscitado por las informaciones sobre su viabilidad. En la última semana antes de ser vendido, se esfumaron más de 16.000 millones de euros en depósitos, según revelaba El Independiente.

El problema venía de lejos, porque en los dos últimos ejercicios el banco había perdido mucho dinero. Cuando el banco se quedó sin fondos, el Banco Central Europeo, apuntó al poderoso impacto de una "cobertura negativa en los medios”. La prensa, como decía Expansión, publicaba “constantes especulaciones sobre la dimisión de algunos de sus gestores, las pérdidas registradas por el banco en el ejercicio 2016 y el primer trimestre de 2017, así como los anuncios por parte del presidente del banco en aquel momento, Emilio Saracho, de su necesidad de realizar una ampliación de capital o acometer una operación corporativa”.

El fiscal anticorrupción tiene mucho trabajo por delante. Destapar las posibles manipulaciones del valor. Más difícil será demostrar de dónde salieron las fake news que dañaron tanto a la entidad, y no mezclarlas con las true news, las noticias verdaderas que señalaban una seria debilidad en el Banco Popular debido a la defectuosa gestión de sus directivos.

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